Por Francisco Escandón Guevara

Cada año, los días finales de noviembre, las aspiraciones de mejorar el salario básico unificado, que tienen los trabajadores, son truncadas por las decisiones burocráticas de los gobiernos que priorizan los intereses de un puñado de patronos.

De nada sirve que exista representación sindical en el Consejo de Salarios, pues es el régimen  el que dirime con decretos que reflejan la postura original miserable de los grandes empresarios. Esa acción mancomunada de las élites está reduciendo el consumo y el crecimiento económico, está propagando el hambre, pues los sueldos de quienes tienen trabajo estable compran cada vez menos.

Particularmente desde el año 2014, el ritmo de crecimiento de la masa salarial se desaceleró hasta el punto del congelamiento decidido para el próximo 2021. De esa manera, antes Correa y ahora Moreno, abonan al propósito de reducir el costo de la fuerza de trabajo ecuatoriana para competir con sus pares de Colombia y Perú, argumento que es risible si se considera la disparidad entre una economía dolarizada y otras con monedas propias, además de los desniveles en los precios de la canasta familiar o la canasta vital en cada país.

La precarización salarial, junto al régimen de contratación sin estabilidad y a las inhumanas reglas de jubilación, es la antesala de la desregularización del trabajo y la vigencia del neoliberalismo que aconseja el Fondo Monetario Internacional. Moreno miente cuando dice que el salario básico unificado seguirá siendo $400 por culpa de la pandemia, la verdad es que congeló el salario para cumplir con las órdenes del FMI y de paso congraciarse con las oligarquías representadas en las Cámaras de la Producción.

La miseria laboral no concluye allí, apenas es su continuación. Las élites apuestan a prolongar la confiscación de los sueldos del magisterio, a masificar los despidos en el sector público a finales de este año y a sacarle el jugo a Ley de Apoyo Humanitario, aprobada con los votos del partido del banquero, para recortar jornadas de trabajo y su proporcional en los salarios.

Las relaciones sociales de producción ponen de un lado a los trabajadores y de otro a la burguesía, al afectar los derechos de los primeros se enriquecen las élites. ¿Queda claro a quién sirve Moreno? Es hora de un gobierno popular.