Por Gustavo Báez Tobar

Para quienes hemos transitado  más de tres décadas en las  gratificantes actividades culturales al cobijo del respetable Núcleo de la Casa de la Cultura sentimos especial beneplácito al conocer que esta ilustre Casona cumplió el sexagésimo sexto aniversario de fructífera existencia. Se podría decir que nuestra querida Institución se encuentra en mayoría de edad por sus magníficos  logros intelectuales,  artísticos y materiales; por su solvencia y respetabilidad ganadas en el ámbito nacional, con sobra de merecimientos.

Quedaron para el recuerdo cariñoso nombres de destacados intelectuales y hombres de cultura que escribieron a partir de marzo de 1953 la primera página de la historia de  la cultura imbabureña; grupo brillante, conformado por lo más granado de la provincia; hombres espiritualmente grandes y soñadores que atisbaron la grandeza de Imbabura con el apoyo de las letras, las artes, para exaltar a sus cultores y su vivificante obra plasmada en libros, en obras pictóricas y otras manifestaciones artístico  musicales.

Los fundadores

¡Cómo no mencionar nombres ilustres que pusieron las simientes de tan magnificente tarea!  Juan Francisco Leoro Vásquez,  Francisco H. Moncayo, Hugo Guzmán Lara, Modesto A. Carcelén, Carlos Suárez Veintimilla, Elías Liborio Madera, Joaquín Sandoval Monge, Juan Francisco Cevallos, Luis Enrique Cisneros, Pedro Pablo Pérez Torres, José Miguel Leoro Vásquez, Alfredo Albuja Galindo, Reginaldo M. Arízaga, Roberto Morales Almeida y Miguel Ángel Gomezjurdo. Como secretario-tesorero, el Sr. Miguel Ángel Rosales. Nuestro homenaje de gratitud y admiración para todos ellos que, con el patricio lojano Manuel Benjamín Carrión, prestigioso escritor, maestro de la lengua y de civismo, soñaron en una Patria intelectualmente grande y próspera, no obstante su  relativa pequeñez territorial.

Nuestra gratitud y admiración a los destacados colegas que en años recientes  emprendieron proyectos visionarios, robustecieron ideas creadoras, desbrozaron el camino para tener la espléndida Casa que ahora enorgullece a Imbabura. Cómo no agradecer y recordar nombres señeros de Pedro Manuel Zumárraga Dávila, Luis Andrade Galindo, Marcelo Valdospinos Rubio, Hernán Jaramillo Cisneros que sirvieron horada y eficazmente al Núcleo, en sus períodos de presidencia. Hoy se encuentra cumpliendo su segundo período en calidad de Director Luis Fernando Revelo, castizo escritor,  dinámico e inteligente gestor de cultura. Cada uno y en su turno ha magnificado su trabajo, con una profunda misión y visión del desarrollo cultural, sin exclusiones, más bien procurando cubrir al máximo el espectro social.

Síntesis de la obra de la “Casa Imbabureña”

Ha sido filosofía incontrastable del Núcleo, concomitantemente con el hacer cultural, escribir la historia provincial y nacional, consignando los hechos sobresalientes, los anhelos y aspiraciones, sueños y ensueños  de nuestros conglomerados. La producción literaria es gigante, admirada y reconocida en otras provincias: sus revistas anuales, a más de las extraordinarias, que prácticamente son verdaderos libros escritos con rigor estilístico y pasión por nuestros miembros de número y más colaboradores; a esto se suma la riqueza informativa y cultural del periódico Letras de Imbabura, publicación trimestral; qué decir de sus variadas  colecciones: Tahuando, Pilanquí, Carangue, Pichaví, José Ignacio Burbano, y otras  dedicadas a exaltar el pensamiento de la Mujer,  de la juventud y niñez a través de la Colección Colibrí.  Qué decir  de la labor que cumple nuestra Biblioteca, la sala de cine, las salas de exposición permanente de pintura, las conferencias, presentaciones de obras en los Jueves Académicos; y, los ya famosos Martes Culturales, esperados con ansias por cientos de habitúes, que concurren cada semana a enriquecerse espiritualmente y gozar con las obras teatrales, dancísticas que marcan la alegría  de vivir nuestra música o la música internacional interpretada por artistas de reconocida categoría y trayectoria.

Homenaje al poeta Jorge Carrera Andrade

Jorge Carrera Andrade y su poesía de hueso,tierra y tiempo. Libro escrito por Marco Antonio Rodríguez

Un número sobresaliente de la celebración del sexagésimo sexto aniversario del Núcleo fue el homenaje  rendido al gigante de la poesía americana y universal, como fue Jorge Carrera Andrade, acto en el cual el ilustre académico y prestigioso escritor Marco Antonio Rodríguez presentó un trabajo analítico de la prolífica obra del “Poeta universal” como fuera signado en América y Europa. Esta obra auspiciada por el Núcleo, lleva el sugerente título: JORGE CARRERA ANDRADE y su poesía de hueso, tierra y tiempo.

Digno homenaje a ese compatriota y diplomático que se autodenominaba a sí mismo “Juan sin cielo”, “Juan de todos”, “Habitante de la tierra”, y que dejó de ser “Sombra vestida”, “Polvo caminando”, para convertirse en eterno “Hombre planetario”. Marco Antonio Rodríguez, con su sobresaliente autoridad moral se muestra indignado contra quienes han tenido la culpa para ahondar los olvidos de personajes ilustres como Carrera Andrade, así afirma: “nuestro irredimible complejo de inferioridad, más la pauperización de nuestros sistemas educacionales y culturales, conducidos a extremos por los tecnócratas de la “revolución ciudadana” son responsables de su olvido”

En el prólogo del mencionado opúsculo Fernando Revelo, director del Núcleo, remarca: “Carrera Andrade vivió en permanente olor a poesía, jamás abandonó su mansedumbre y su poética ternura por lo rural. Cantó a los pájaros que otean nuevos horizontes, a los humildes jumentos, que tras el tráfago cotidiano pacen tranquilos su doble ración de heno, a las cigarras, a los colibríes, a los caracoles a las golondrinas…”

De nuestra parte, digo personalmente, nos encantaba cuando con nuestros maestros leíamos la hermosa poesía de Jorge Carrera Andrade, disfrutábamos de sus lumínicas metáforas; nos emocionaba e inspiraba la lectura de sus microgramas, como la referente al caracol: “cinta métrica con la que Dios mide el Universo”, o la nuez: “sabiduría comprimida”, “cerebro de duende”… Qué decir de sus elocuentes poemas de “Un ecuatoriano bajo la Torre Eiffel” o la Canción de la Manzana “de seno duro”, “en tu torno un ángel de olor está volando” entre otros cientos y cientos de poemas.

Carrera Andrade: “Poeta de vocación terrestre” se confiesa en estos versos:

“No he venido a burlarme de este mundo/ Sino a amar con pasión a todos los seres/ No he venido a burlarme de los hombres/ Sino a vivir con ellos la aventura terrestre”.

“He venido a mirar el mundo hasta la entraña/ y acariciar las cosas simplemente/ único patrimonio de los hombres/ No he venido a burlarme de la muerte.”

Así Jorge Carrera vivió su vivificante existencia amando todas las cosas y respetando a la muerte, por eso sigue viviendo en un lugar privilegiado del Parnaso, compartiendo un sitial honroso con “San Miguel de Unamuno” y “Santa Gabriela Mistral”.

¡Loor a la Casa de la Cultura “Benjamín Carrión”, Núcleo de Imbabura en sus 66 años de fructífera existencia!