El pueblo y la juventud de Nicaragua, volvieron a estremecer el Caribe con las masivas movilizaciones producidas en las últimas semanas.  El detonante fue el rechazo a las reformas del sistema de seguridad social, que establecían la elevación del aporte patronal y de los trabajadores, aumento de la edad para la jubilación, impuesto a las actuales pensiones y la rebaja de las que vienen. Sin embargo, las demandas y consignas han crecido hasta exigir ahora la renuncia del gobierno del presidente Daniel Ortega y su esposa.

Como en las peores épocas de la dictadura somocista, el resultado de ejercer el derecho a la protesta de los pueblos suma cerca de 40 muertos, entre ellos un periodista que cubría las acciones asesinado por un francotirador, además de cientos de heridos, torturados y apresados por un régimen con índices de rechazo popular muy amplios.

El descontento se ha acumulado por más de una década, contra un gobierno al servicio de los capitalistas, de las transnacionales, de su propia familia, que ha entrado en contradicciones con el pueblo, porque ha afectado los derechos al trabajo, a la educación, la salud, a las libertades y derechos sindicales, de organización. El levantamiento popular nicaragüense hoy reclama la salida de Daniel Ortega del gobierno.

Maltrecho como está, el gobierno nicaragüense, como otros gobiernos “progresistas”, cuando han perdido respaldo popular y se sienten acorralados por el pueblo recurren a la mañosa explicación de que los jóvenes y el pueblo movilizados son parte de “una conspiración de la CIA, de la derecha, del imperio”. Ortega, el 21 de abril, calificó a los jóvenes de ser “pequeños grupos de la ultraderecha” que quieren “destruir la paz de que goza Nicaragua”. Así, un gobierno que aplica el terror de estado, que manda asesinar al pueblo, busca aparecer como víctima de una conspiración. Este absurdo libreto lo conocemos bien en Ecuador y ha sido contundentemente rechazado.

Vale decir que las medidas (nada progresistas) que pretendió adoptar Ortega para la seguridad social y por las cuales reprimió al pueblo son “recomendaciones” o exigencias del FMI.

Hay también quienes desde posiciones de derecha y anticomunistas, recurren al simplismo de calificar al gobierno de Ortega como de izquierda o socialista. Pero gobiernos como el de Ortega han favorecido los intereses de los capitalistas, de las transnacionales y al grupo con el que gobiernan, y eso solo se puede hacer con corrupción, sosteniendo la explotación y la pobreza de las mayorías populares, entregando el país a las potencias imperialistas. Eso no es ser socialista ni de izquierda.

Es un gobierno signado con el lastre de la corrupción, que incluye a la pareja presidencial que acumulado recursos y ejerce el poder de forma dictatorial.

El desgaste del gobierno de Ortega es mayor de lo que parece. El empresariado nicaragüense – al menos una parte- que tuvo relación y ha recibido buenas ganancias durante una década, duda de continuar con el gobierno de Ortega. Donald Trump hizo aprobar el año pasado la Ley Nica- Act con la que se aplica sanciones a funcionarios nicaragüenses, desde entonces se guardan temores de perder los favores del gobierno de USA.

En Nicaragua se pagan los salarios más bajos de Centroamérica, por lo que las maquilas o empresas maquiladoras migran mucho a este país.  Se ha buscado grandes inversiones. Está aprobada la construcción del canal interoceánico por una empresa china a un costo económico y social elevadísimo (US$ 50 mil millones), que implica destruir muchas comunidades rurales y ceder la soberanía territorial a dicha empresa por un siglo. El movimiento campesino y popular está opuesto, de manera que es reprimido y vilipendiado por el gobierno. Se ha duplicado la superficie concedida a empresas mineras en este período (del 12 % al 22%) generando fuertes conflictos en el área rural y con los movimientos ambientalistas, también reprimidos. La principalización de monocultivos industriales como la palma africana y el azúcar, así como el gran incremento de la actividad ganadera, dejan menos tierras disponibles para los campesinos.

Las movilizaciones sociales al parecer continuarán, nuevos sectores como la iglesia católica han entrado en acción y han convocado a una nueva movilización para pedir la salida de Ortega.