Reproducimos este memorable artículo de nuestro querido Alfonso Murriagui, quien nos dejó físicamente, un 19 de enero de 2017.

Una sola palabra y una sola vida! Si miro hacia adelante solo veo una pared blanca que no tiene fecha. Y si miro hacia atrás, ahí está la vida. ¡TODA LA VIDA! Gozada y sufrida día a día, sin que haya podido saltarme uno solo. Todos los días, siempre en la brecha, sin descuidar un minuto, sin olvidar un instante, viviéndola poco a poco, pero plenamente, sin darme tiempo para arrepentirme de nada. Seguro de que todo lo que he vivido ha sido bueno, inclusive los días malos y los malos pensamientos, que han durado muy poco…

OCHENTAÑOS que no he vivido solo. Siempre alguien estuvo a mi lado, y de muy buena gana, sin que les pida y sin que les obligue. Estuvieron mi padre y mi madre; mis hermanos, mi bella compañera de ojos color de cielo y mis dos hijos, la parejita que planeamos: Rubén y Lolita; mis abuelos, mis hermanos, mis primos, mis sobrinos, mis nietos, mis bisnietos; igualmente estuvieron todos mis compañeros y todos mis amigos.

OCHENTAÑOS que se han ido en múltiples oficios de los que nunca me he avergonzado ni arrepentido: aprendí a escribir en máquina en el bufete profesional de un abogado socialista que, a pesar de que yo solamente tenía doce años, me trataba como esclavo. Fui pintor de brocha gorda, pintando las fachadas de las mansiones del centro histórico de Quito, colgado de una soga de media pulgada o subido sobre una larga escalera de eucalipto. Fui empleado de una famosa editorial, en donde empecé barriendo, luego aprendí a contar papel y me pasaron al almacén, tras de un mostrador, para vender cuadernos. Fui soldado: en lugar de conscripto me alisté como “voluntario”, y ocupé vacantes hasta de sargento, pero por mi “mala conducta”, nunca me ascendieron ni a Cabo. Fueron maravillosos mis años de soldado: conocí las provincias de Guayas, Los Ríos, Manabí, El Oro y Esmeraldas a lomo de mula, puesto que, “por protestón y por rebelde”, mi tarea cuando estaba “de Comisión”, era cuidar las mulas que se utilizaban para cargar el equipaje en los cerros y montañas en los que se realizaban los trabajos de levantamiento topográfico y aerofotográfico. Sin embargo de mi “familiaridad” con las mulas, en el “equipo”, además de cocinero, ocupé uno de los cargos más envidiados del equipo de trabajo: “anotador” del subteniente que leía las distancias a través del teodolito.

En mi afán de “superarme”, estudié bachillerato en el Colegio Nocturno “Mejía” y Periodismo en la Universidad Central. Mi carrera universitaria la financió el Diario “El Comercio”, puesto que me hice acreedor a una de las cinco becas que dicho diario ponía a disposición de la Escuela de Periodismo, para los alumnos “más distinguidos”. Ya con mi título de licenciado en la carpeta, fui a trabajar en “El Telégrafo”, como cronista parlamentario, gracias a la invitación de mi maestro Fernando Mera, jefe de la oficina de dicho periódico en Quito.

Debuté como profesor universitario en la Universidad Técnica “Luis Vargas Torres” de Esmeraldas, en donde me contrataron como Director de Relaciones Públicas y, posteriormente, también como profesor de literatura. Pero mi carrera como profesor universitario, que duró veintisiete años, la inicié luego de ganar un concurso de merecimientos, convocado por la “Escuela de Periodismo” de la Universidad Central, convertida pocos años después en Facultad. Tuve la suerte de ser profesor de cientos de jóvenes estudiantes, muchos de los cuales se convirtieron en brillantes comunicadores sociales y que ahora son mis colegas y entrañables amigos.

A pesar de que, como relacionador público, tuve la oportunidad de hacer periodismo permanentemente, es en estos últimos diez años en los que he ejercido mi profesión a cabalidad, pues tuve la suerte de ser invitado para trabajar en la sección cultural del Periódico Alternativo “OPCION”, un periódico totalmente identificado con las luchas populares. En dicho periódico he mantenido dos secciones dedicadas al acontecer cultural: la una, DESDE LAS HUELLAS, en la que pongo toda mi capacidad y empeño, para rescatar los hechos culturales que se desarrollan en nuestro país en el campo del arte y la literatura; y, la otra, PERFILES EN EL ARTE Y LA LITERATURA, que tiene la finalidad de dialogar con aquellas personas que se dedican a la actividad cultural en sus diversos campos, para conocer su pensamiento y sus proyectos y realizaciones frente a la creación artística y literaria.

OCHENTAÑOS y estoy feliz, junto a una hermosa familia que me cuida y que me mima. Una familia que me ama y que hace todo lo posible para que estos años, que pasarán frente a la pared blanca, sean los más hermosos de mi vida.