El secuestro de cuatro trabajadores de la comunicación ejecutado en la provincia de Esmeraldas  coloca al Ecuador en la peligrosa lista de países donde los narcos persiguen a la prensa con el doble objeto de amedrentar a los periodistas y de enviar mensajes terroristas a la comunidad.

¿Cuáles son los elementos del contexto de este hecho inédito en el Ecuador?

El estado de guerra-paz en la frontera colombo-ecuatoriana, motivado por el desbande desordenado de las FARC, que dejó un saldo de no menos de mil alzados en armas que se rehusaron a incorporarse a los procesos de paz y, según se sabe, asumieron el control del tránsito  de la droga proveniente del centro de Colombia con rumbo al sur-oriente con el objeto de embarcarla a Centro América, México y los Estados Unidos.

La ancestral pobreza y abandono de la población de la zona norte de la provincia de Esmeraldas se  constituyó en campo fértil para el mercadeo de la droga en el marco de violencia, amenaza y continuo ir y venir de las fuerzas alzadas de Colombia desde hace varios años. Una especie de oportunidad de dinero fácil aunque peligroso.  La presencia de guerrilleros y narcos era frecuente en esta zona, y a veces se extendía a la provincia de Manabí, donde se han encontrado muchos depósitos de droga para ser transportada vía marítima a los  destinos antes señalados, siempre dentro del campo de influencia del cartel de Sinaloa.  El corredor por el que iban y venían guerrilleros enfermos, o necesitados de víveres era ya muy utilizado, especialmente por la vía marítima.

Nunca fue significativa la presencia de los efectivos de la marina, del ejército o de la policía del Ecuador. Incluso hubo un tiempo que las Fuerzas Armadas del Ecuador se hallaban enfrascadas en controversias con Rafael Correa ya que intentaba convertirlas en contingentes de bomberos, auxiliares de defensa civil  o guardias forestales.  El gobierno de Colombia deja la zona casi sin control militar y aquello ha suscitado más de un reclamo de las autoridades ecuatorianas.

En el 2012 el abogado Wellington Alcívar denunció ante el presidente de entonces, Rafael Correa, los contactos entre los jueces de Esmeraldas con el Cartel de Sinaloa. Incluso se anticipó en decir que por esta denuncia lo asesinarán. Así fue y el 7 de febrero, dos sicarios subieron hasta el piso de su oficina y lo mataron. Sería como el inicio de una etapa sangrienta y de gran intensidad de tráfico, aumentada en el 2018 con la presencia de alias Guacho y no menos de once bandas que se dedican al transporte o al cobro de peaje a los comerciantes de la droga. Con la consecuente secuela de violencia.

Alias Guacho salió el 26 de marzo del 2018 a “pescar” alguna presa de gran vuelo para chantajear a las autoridades y conseguir la libertad de tres cabecillas de la banda que están detenidos, y se encontró con los tres comunicadores que habían salido a buscar información luego de que un comando no identificado voló un cuartel policial y de que otro grupo policial fuera víctima de una bomba que causó cuatro muertos.

El comando narco-terrorista hizo saber de inmediato que deseaba la libertad de sus comandantes, detenidos en la cárcel de Esmeraldas, y la reforma de la legislación que permite la persecución y encierro de este tipo de delincuentes. El gobierno ha dicho que no negociará y con ello se desarrolla una tensa espera que ha motivado la movilización y solidaridad de periodistas, familiares y ciudadanía en general en todo el país.

Al momento no cabe  insistir sobre la probable falta de precaución de los periodistas ni la inobservancia de los protocolos internacionales para la cobertura informativa de estos casos, sino más bien recordar la recurrente actividad delincuencial de valerse de la libertad, la vida, la honra de los periodistas para intimidar a la sociedad y hacer continuos llamados de atención, tal como se proponen Guacho y sus seguidores. Pero el acoso y la persecución a la prensa se producen en México, Siria, Honduras, Brasil, donde asesinan y torturan a los periodistas, y en un sinfín de países donde se los persigue, amenaza, intimida. No estuvimos lejos de ese trato vil en el Ecuador.

La situación de la libertad para informar nunca será la misma en el Ecuador después de este secuestro y debemos esperar que no se multipliquen estos atentados.

Los acontecimientos violentos en Esmeraldas tienen el mismo aspecto de los atentados contra las construcciones civiles o población civil ejecutadas en Colombia en tiempos de la guerra civil. Una especie de imitación de las tácticas político-militares, por ejemplo la detonación de una bomba debajo de una torre transmisora de alta tensión en Quinindé. Días antes otro explosivo accionado por control remoto dio muerte a tres infantes de Marina. Son acciones no propias de los narcos, sino que dejan ver técnicas de guerra. Esto da paso a ciertos rumores propalados después del atentado al cuartel policial en el sentido de que una agrupación político-militar denominada Ejército Bolivariano, en coincidencia con la campaña de  alias Guacho, habría resuelto tomar las armas. Nada se ha informado al respecto y es posible que luego de los interrogatorios a los detenidos en el atentado a la torre eléctrica arrojen alguna luz al respecto.

Ecuador está a las puertas de una etapa que puede resultar sangrienta, larga, y de enorme repercusión socioeconómica. Por lo pronto la frontera Esmeraldas-Colombia, Carchi-Colombia, Sucumbíos-Colombia, han dejado de ser seguras.