Por: Remo Cornejo Luque

En medio de una serie de irregularidades y anomalías en las elecciones del 24M, detectadas en varias provincias, principalmente en Los Ríos, y denunciadas por varios actores políticos, los resultados electorales configuran un nuevo tablero político.

Primero, la votación en general expresa un deseo de cambio de los pueblos del Ecuador. Solo 16 alcaldes se reeligieron mientras que 205 son nuevos, la gente dijo no a los mismos de siempre. La tónica de las alianzas fue un factor fundamental en muchos territorios.

Segundo, es evidente la fragmentación de las fuerzas políticas que impidió la visualización de una fuerza hegemónica, tal como ocurría en el pasado con AP. Hoy los morenistas y correístas están disminuidos y muy difícil será que haya pronta recuperación, pues el peso de la demagogia y las denuncias de corrupción conspiran contra su credibilidad… ese vacío de fuerza hegemónica, hoy no ha sido llenado por ninguna fuerza, pese a que el PSC haya alcanzado el mayor número de prefecturas y pueda erigirse, en votos, en primera fuerza política.

Tercero, pese a toda la campaña contra la izquierda, impulsada desde Correa hasta los personajes más conspicuos de la derecha, los resultados electorales expresan un avance de la izquierda. Entre UP y PK hay siete prefecturas, más de 40 alcaldías y esto les brinda perspectivas unitarias para convertirse en una alternativa para el 2021.

Cuarto, es indudable que las elecciones distrajeron la atención de los problemas más sentidos. Sigue la crisis política y con ello se siguen sacando los cueros al sol, entre AP y RC; la narcopolítica hace su aparición en el terreno de la refinería del Pacífico; la receta del FMI, que implica despidos, elevación de combustibles, privatización y concesiones, reducción de derechos laborales, reformas al IESS, etc., sigue avanzando.

El debate sobre estos temas ha sido retomado y se avecinan, en medio del nuevo tablero político, nuevos niveles de resistencia popular, por mejores días.