Por Francisco Escandón Guevara

Concluyó la campaña electoral, en pocas horas los ecuatorianos sufragarán con sinsabores por la cuestionada transparencia de los escrutinios anteriores y hastiados de insultos, noticias falsas y demagogia que saturó la segunda vuelta electoral.

La incertidumbre es generalizada debido a la exacerbación de la propaganda negativa, a esta altura los electores conocen más de los defectos de cada candidato antes que sus propuestas o virtudes. A esa estrategia del “menos malo” yale dio las espaldas alrededor del 55% de ecuatorianos en la primera vuelta, la mayoría votó por una opción diferente a Arauz y Lasso, al insistir en esa forma de proselitismo violento no suman electores conscientes, sino odiadores tribales.

La inercia del balotaje también tuvo como epicentro la suma de respaldos que de cada lado se publicitaron como influyentes para lograr una ventaja decisiva, lo cierto es que el peso de esos coyunturales padrinazgos es insuficiente por la desgastada autoridad política de dichas personalidades y porque socialmente estos apoyos son vistos como un reparto de espacios de poder.

Estas formas distractivas de campaña evidencian contradicciones de forma, pero disimulan las coincidencias de los candidatos que apuestan a mantener el modelo de acumulación vigente que permite el enriquecimiento de las élites. Ese es el balance histórico de los gobiernos, incluidos aquellos en los que participaron Lasso y Arauz, los beneficiaros siempre fueron poderosas familias que amasaron más riquezas, así también lo testimonia la gestión del gobierno de Moreno que nació de las entrañas del correísmo y es hijo adoptivo de los banqueros.

En tanto, el voto nulo se convirtió en un protagonista electoral posicionado como un ejercicio de dignidad e independencia que acumulará importante adhesión. Por eso, neoliberales y progresistas lo califican de irracional, irresponsable y hasta antipatriota; detrás de los insultos, las élites dejan entrever el temor de que el próximo gobierno adolezca de legitimidad democrática y gobernabilidad. El voto nulo es una objeción de conciencia con el pasado, es la tercera opción que inaugura una nueva etapa de oposición popular.

Los antecedentes proyectan que será una elección con polémicas, ni siquiera inician los comicios y ya se especulan fraudes. ¿Será que otra vez le meterán la mano a los resultados?