Por Carola A. Pinchulef C.

Periodista, Maestra en Género y Desarrollo, y

Doctoranda en Ciencias Antropológicas por la UAM-I, México.

Es increíble como muchos hombres –no es bueno generalizar porque hay algunos sujetos que cuestionan sus privilegios y entre ellos hay unos cuantos que no están de acuerdo con la idea colectiva e impuesta sobre la construcción de la categoría social “hombre”– se atreven a tildar a la primera y con toda la percha y naturalidad del mundo que las mujeres somos unas exageradas, unas paranoicas y unas locas cuando señalamos que muchas de sus actitudes están salpicadas de machismo. Con ello, no estoy afirmando ni mucho menos presumiendo que el machismo es solo cuestión de hombres y que nosotras las mujeres carecemos del mismo.

Es sabido –si no lo saben se los comento– que ni los hombres ni las mujeres nacemos machistas. Sin embargo, el machismo al ser una construcción social inevitablemente nuestras experiencias sociales se ven supeditadas, nos guste o no, a comportamientos machistas. Por lo tanto, ni hombres ni mujeres estamos libres de reproducir prácticas de este tipo hacia los otros.

Claro, y es también lógico que cuando los hombres no perciben la violencia a través de nuestras propias vivencias y en primera persona les cueste asimilarlo y más aún se sientan agredidos frente a tal afirmación, pero deben entender -si no lo han hecho aún– que los comportamientos machistas transitan en dos dimensiones paralelas. Es decir, hay un grupo de mujeres y hombres que no se dan por enterados de su existencia y, a la vez, existe otro grupo de mujeres y hombres que cuestionamos las prácticas machistas cada vez que se asoman. En otras palabras, mujeres/hombres, mujeres/mujeres y hombres/hombres no coincidiremos por ahora respecto a las conductas consideradas machistas, porque hay quienes no las ven y hay quienes las identificamos a distancia. Esto es porque la visión del mundo que tiene cada hombre y que tenemos cada mujer puede ser significativamente diferente y muchas veces contradictoria.

Me explico, el que no logres percibir tus comportamientos machistas o el de tus amigos no significa que para algunas mujeres y algunos hombres estos no resulten evidentes. Una aclaración, no se necesita ser feminista para detectarlo ya que muchxs dirán que esto es culpa del feminismo en auge. Si es tu caso, permíteme señalar que es muy probable que tus privilegios de hombre te están cegando. Es sabido que el machismo resulta invisible por estar interiorizado, lo que no quiere decir que pueda ser imposible detectarlo como anormal sobre todo cuando el machismo mata a diario a mujeres en el mundo.

¡¡Señores y señoras!! déjenme decirles que el machismo hoy está más visible y presente que ayer, que con el machismo también se visibilizan los micromachismos; estos existen y se les llama así y se habla de ellos hoy no porque se intenta lograr que la violencia hacia las mujeres sea menor con el correr de los años. Más bien, lo que los micromachismos nos están enrostrando es que la violencia hacia las mujeres es tan sutil, es tan delicada y es tan cotidiana que ni cuenta nos habíamos dado de su existencia y que la hemos replicado en más de algún momento a lo largo de nuestras experiencias.

Si no me creen basta con que pongan atención a muchas frases hechas o situaciones comunes que se generan en el día a día y que menoscaban a hombres y mujeres. En este punto, creo que es importante compartir la experiencia machista que viví hace varias semanas en un conocido supermercado del sur de la Ciudad de México, Superama. Les relato, fui con un amigo a comprar a este supermercado y al momento de pagar en la caja nos encontramos con una mujer y un hombre, ambos al parecer ambos estaban encargados del cobro, antes de realizar el pago por la compra mi amigo pide una cajetilla de cigarrillos, fue entonces cuando la cajera (mujer) amablemente se dirigió al mostrador en busca de los cigarrillos, pero para mala suerte de mi amigo no había los cigarros que buscaba.

Hasta ahí todo parecía normal, por lo que procedo a pagar la compra y le entrego al cajero (hombre) un billete de 500 pesos (equivalente a unos USD 30), mientras yo esperaba mi cambio se me ocurre pedirle a mi amigo que estaba atrás mío que fuera a recoger las bolsas que la señora del empaque dejó listas. En tanto que mi amigo va por las bolsas, observo al cajero (hombre) que ya tenía mi cambio en sus manos, mientras esperaba que él se acercara a dármelo fue que me doy cuenta que el cajero comienza a caminar en dirección a mi amigo, quien ya cargaba las dos bolsas de nuestras compras. Cuando vi la escena lo primero que pensé fue: ¿Está haciendo lo que pienso que va a hacer? Y en ese mismo momento reacciono y camino en dirección a mi amigo y le exclamo al cajero: ¡Por qué tú le estás dando mi dinero a él sí la que te pago fui yo!

El cajero un tanto desorientado lo único que atinó a hacer, en ese momento, fue a darme el cambio sin decir nada. Mi sensación posterior fue de incomodidad porque me vi siendo la bruja de la película, es decir, pasé de ser afectada por una conducta machista de un hombre a ser la clienta agresora, al reclamarle al cajero por su acción machista que no logró concluir. Por esa razón, sentí la necesidad de justificarme frente a todos los que presenciaron el episodio, y fue así que antes de alejarme de la caja le dije a mi amigo: ¡Esa fue una actitud machista! ¿Te diste cuenta? Concluida mi intervención lo único que recuerdo, es la imagen de la señora del empaque sonriendo tímidamente mientras nos marchábamos.

Es increíble como de un segundo a otro los papeles se invierten drásticamente no. Cada vez que recuerdo la escena que les acabo de narrar, ya se la comenté a varias amigas, me detengo a pensar en lo que más me choqueó de la situación. Una y otra vez concluyo que fue darme cuenta que este hombre (cajero) no entendió nada de lo que pasó. Hasta podría asegurar de que él dio por hecho dos cosas erradamente al ver a una pareja frente a su caja. Por un lado, estaba convencido de que éramos una pareja en términos de relación amorosa y, por otro lado, independientemente de que fue una mujer quien le pagó, lo correcto para él es darle siempre el cambio al hombre.

Lo que les acabo de comentar tal vez lo han presenciado, tal vez no e incluso puede que si les haya pasado, pero no les generó la misma incomodidad que a mí. En esta ocasión me sucedió a mi como mujer, pero también puede suceder a la inversa dejémoslo claro. Del mismo modo, que hay algunas mujeres también hay algunos hombres que nos cuestionamos y hacemos el ejercicio de detectar estos micromachismos y, a la vez, buscamos autoeducarnos para que este tipo de prácticas se repitan lo menos posible, aunque resulte muy cansón para el resto.

Sin embargo, no es menos cierto que cuando algunas mujeres nos enfrentamos a una situación como la señalada e intentamos reparar sobre ello, es decir, cuando ponemos en evidencia la conducta machista de ese hombre o esa mujer que nos ha violentado con su acción, inmediatamente es otro hombre quien a capa y espada y al más estilo superhéroe ha salido en defensa de quien cometió el acto no solo para justificar dicha práctica, sino que además ha tenido el atrevimiento de señalar que nuestra apreciación es errada y no solo eso, además agrega: “no es para tanto…” o mejor aún “bájale dos rayitas, estas siendo muy exagerada”.

En casos como este, me pregunto, ¿cómo se le explica a ese hombre con la mejor sonrisa y con el afán de no incomodarlo que el equivocado es él?, que sería bueno que revise su comportamiento porque su macho alfa está aflorando. Además de recordarle que no basta con que repita cuando se siente interpelado que no es machista, porque los hechos están señalando lo contrario.

Si me permiten un consejo hombres y mujeres, y aunque no me lo pidan se los daré de igual manera. Si eres hombre y las conductas machistas no son parte de su realidad cotidiana, por favor no te atrevas a negar la percepción del mundo del círculo femenino que te rodea ni mucho menos justifiques estas prácticas de tus amigos o pares hombres. Si eres mujer y no te afectan en absoluto las conductas machistas ni mucho menos te importa ponerle un alto, hazme el favor de no minimizar las experiencias de otras mujeres y tampoco intentes buscarle el lado amable a la situación cuando son tus amigos quienes están ejerciendo prácticas machistas, porque sería lo mismo que justificarla. “Si algo puedes cambiar frente al machismo, es tu actitud: deja de justificarlo, por favor”.

Si bien, las conductas machistas nos aquejan y las replicamos tanto mujeres como hombres quiero remarcar que la violencia explícita que afecta a los hombres es mínima en comparación a la violencia que experimentamos las mujeres a diario. Tanto es así, que el machismo que nos menoscaba a las mujeres no tiene ni tendrá parecido alguno a lo que quizás llegará algún día a experimentar un hombre. Si no te parecen suficientes mis argumentos intentaré ponerme en tus zapatos para comprender tus razones, porque como señalé en un inicio los hombres no son machistas por naturaleza ni las mujeres nos abstenemos de serlo por la misma causa al ser el machismo consecuencia de una construcción social y, como tal, puede ser reproducido por mujeres y hombres.

Es por ello, me atrevo a pedirte de favor me acompañes en la reflexión sobre la responsabilidad que nos cabe tanto a hombres como mujeres en desaprender para volver aprender sobre lo dañino de las prácticas machistas. Asimismo, que no te restes de los cuestionamientos que existen sobre la posición privilegiada y no cuestionada que muchos hombres desarrollan desde su lugar de “machos incuestionados”.

El ejercicio puede resultar simple y enriquecedor si existe la voluntad. Lo ideal sería que cuando te veas en medio de una conversación o una conducta machista intentes enfrentarla y no la ignores y sí algunos de los participantes se incomoda, pregúntale ¿qué es lo que le molesta en concreto de la situación? Sí te sirve de comodín les puedes plantear la siguiente idea, el que no percibas las actitudes machistas no equivale a que no existan, ni mucho menos significa que los demás no se puedan sentir violentados con estas conductas. El cambio que podemos generar marcará la diferencia, y a la larga puede permitir una mejor convivencia entre todos. Por último, te pregunto ¿Mantienes tu postura de continuar ignorando el machismo que te rodea?