El pasado jueves 12 de abril, cientos de comerciantes minoristas y trabajadores autónomos del Distrito Metropolitano de Quito se movilizaron por las principales calles de la ciudad, en busca de una reunión con el alcalde Mauricio Rodas.

¿Cuál fue el pedido?

  • Ejecución de un Plan Maestro de Comercialización armonizado a la realidad económica que vive el país.
  • Capacitación para todos los comerciantes minoristas y trabajadores autónomos.
  • Reactivación económica de mercados, centros comerciales del ahorro y ferias.
  • Fecha de entrega del centro comercial FEDECOMIP.
  • Aprobación del reglamento de la Ordenanza 0280.
  • Entrega del Permiso Único de Comerciante Autónomo (PUCA) a los vendedores regularizados.

Iván Prado, presidente de la Confederación Unitaria de Comerciantes Minoristas y Trabajadores Autónomos del Ecuador (CUCOMITAE), indicó que los comerciantes se han visto en la obligación de hacerse escuchar  en las calles, porque si bien es cierto están de acuerdo con la regularización y control, no comparten con tanta persecución, confiscación y maltrato por parte de las autoridades.

“De las migajas que nos dan hemos podido acceder a capacitaciones, pero no a permisos, chalecos ni credenciales que nos identifiquen; razones por las cuales continuaremos en pie de lucha, hasta conseguir un adecuado proceso de regularización que signifique mejores condiciones para el trabajo autónomo”, sostuvo Prado.

Mónica Tenén, quien labora en el playón de La Marín, mencionó que los comerciantes ya están cansados de realizar tantas peticiones al Municipio de Quito y que siempre se haga caso omiso: “Gran parte de los compañeros tienen toda la documentación necesaria para obtener el permiso y no lo consiguen porque el trámite se estanca. Hemos realizado un sinnúmero de mesas de trabajo, pero de nada sirve porque todo se ha quedado solo en papeles”, comentó indignada.

Por otra parte, los dirigentes hicieron extensiva la invitación a los comerciantes a nivel nacional a participar en el Séptimo Congreso de la CUCOMITAE, previsto para el próximo 24 de abril en el Salón de la Ciudad, para analizar nuevas acciones y elegir a su nueva directiva.

TESTIMONIOS

Ana Guzmán, perteneciente a la Asociación Santa Clara, pidió ya no ser perseguida, ya que si vende en las calles es porque no cuenta con un trabajo estable: “Así es como nos buscamos la vida miles de personas, porque tenemos hijos a los que educar, vestir, alimentar y, en mi caso, con mayor razón porque soy viuda”.

“En mi caso, camino todo el día vendiendo galletas de promoción en El Tejar y me resulta muy difícil, ya que con el pasar de los años las enfermedades no esperan, y más en mi caso. Si hubiera trabajo fijo no estuviera en las calles, es por eso que a mis hijas les aconsejo que estudien, para que no sufran de esta forma”, dice Luz Sánchez, que posee una discapacidad en la pierna.

Angelita Criollo vende golosinas en espectáculos públicos, a pesar de sus 64 años, en el día asiste a la venta con el último de sus nietos, que nació hace poco, mientras que cuando los eventos son en la noche su hora de regreso a casa sobrepasa la una de la mañana, en medio de la inclemencia del frío. Para esta mujer, son 14 años que ha luchado para conseguir un permiso.

“Si salimos a las calles es para mantener a nuestros hogares, no hacemos daño a nadie. Al día gano un promedio de 15 dólares, razón por la cual me veo obligado a trabajar de domingo a domingo, es decir, no cuento con días libres ni feriados, ni seguro social, y pasó alejado de mi familia”, dice Jefferson Espinosa, quien vende en el mercado de Carcelén.

Norma Cajamarca, de la Asociación Quito Metropolitano, vende cevichochos en El Ejido, acompañada de su hijo que acabó de cumplir dos años; para ella cada día es un reto, porque al no contar con un puesto seguro tiene que exponer a su hijo a un ambiente peligroso para su salud, pues en ocasiones cuando la venta está regular esperan hasta la tarde para regresar a su casa a almorzar.