Por Arturo Quizhpe Peralta*

Niños y niñas. Ciudadanos de la Esperanza en el contexto de la pandemia

Suspensión de la asistencia a las escuelas, colegios y universidades; cierre de parques, restaurantes y tiendas; aislamiento domiciliario, limitación de la movilidad, prohibición de reuniones públicas y privadas; fumigaciones de plazas, vehículos, emergencia sanitaria; son entre otras las medidas urgentes y necesarias en la carrera de todos y todas por contener la propagación de la enfermedad y sus secuelas producida por el coranavirus.

Simultáneamente, un nuevo lenguaje, símbolos y terminología empiezan a ser parte cotidiana de nuestra vida: epidemia, pandemia, endemia, brote, letalidad, índice dispersión, periodo de incubación, asintomática, portador, infección, cuarentena, cerco epidemiológico.

Entre tanto todos unidos, al menos en los deseos, queremos aplicar los consejos: ¡Quédate en casa! No salgas a la calle solo si es estrictamente necesario, saluda a la distancia, cuidado con los besos y abrazos, lávate las manos con agua y con jabón.  Empezamos rápidamente adoptando una nueva conducta sanitaria y comportamiento social en busca de la seguridad de todos y todas.

Solicitamos cuidar a los viejitos, identificar a las personas que viven solas, cuidar que sus necesidades básicas estén satisfechas, queremos despertar la solidaridad adormecida por la competencia, la codicia y el individualismo. Está bien, ojalá, todos despertemos mañana sintiendo que somos parte de la misma especie, que tenemos que dar parte de lo que somos, para que también los otros y otras, esté protegidos, porque en realidad lo que hago por el otro estoy haciendo por mí también, esto sobre todo entendible en tiempos de pandemia.

Los niños y niñas, primero

Las pandemias producen un estado de incertidumbre, de miedo colectivo, de inseguridad y hasta desesperanza en todos y cada uno de nosotros. Podemos racionalizar, dosificar el miedo, reflexionar pero también transmitir nuestros temores y ansiedades sobre nuestros hijos e hijas. Según el grupo dE edad, el grado de madurez y desarrollo emocional, cognitivo y mental se podrá sentir el impacto más adelante. No podemos admitir nuestra negligencia en este sentido. Los niños y niñas necesitan toda nuestra atención, ellos tienen derecho a conocer, entender y participar.

Esta no es la hora para repasar, hacer tareas, ni deberes. Esta es la hora en la que el sistema educativo en su conjunto tiene que involucrarse directamente en un proceso de motivación, de apoyo a la compresión de la situación, causas y significado de la pandemia. Es una oportunidad para el aprendizaje significativo para la vida de todos y todas, para abrir un espacio de reflexión sobre la trascendencia de la solidaridad, la ayuda mutua, el estudio del mundo de los microbios y su rol en la preservación de la vida, y en la producción de la enfermedad. Los niños y niñas tienen derecho también a ser partícipes de nuestros temores, pero también nosotros tenemos la obligación de escuchar sus percepciones y sueños de amaneceres de alegría, y esperanza.

Durante muchos años, hemos venido presentando propuestas, experiencias, resultados de investigaciones y vivencia, sobre la trascendencia de la educación sanitaria para las presentes y futuras generaciones. Los niños y niñas tienen además una extraordinaria capacidad como promotores de salud, vida y esperanza.

*Médico Pediatra. Consultor en Salud y Educación Infantil.