Por Jorge Villarroel I.

Para quienes cultivamos el pensamiento crítico, estamos hartos de leer y escuchar que el culpable de todos los males del mundo es el “HOMBRE”, tomado en sentido genérico. Otras veces, se afirma que la responsabilidad recae en la HUMANIDAD, asimismo  de modo universal. Esta acusación se extiende también a las personas mayores, según la expresión de la jovencita sueca Greta  Thumberg: “Los adultos nos fallaron”.

De tal forma que el causante de la devastación medioambiental, la corrupción, la violencia, la injusticia, la pobreza, las migraciones… que abaten a los pueblos y al planeta,  es el HOMBRE, aquel ser  originario de la Tierra que llegó  a poblarla y a dominarla. No faltan los antropólogos, sociólogos, psicólogos y políticos, quienes aseguran que estos estigmas son propios de la naturaleza humana, es decir constituyen  atavismos genéticos, de los cuales el homo sapiens no puede librarse.

¿Qué se consigue con identificar como culpable global al Hombre (Mujer)?

Primero, al ser todos igualmente responsables, nadie es culpado. En tal sentido, los habitantes que pueblan la Tierra no pueden ser  castigados por los delitos, atentados u omisiones, contra ellos mismos y contra el planeta. A pesar que vivimos soportando gravísimas crueldades y penurias, a lo sumo, nos asalta algún cargo de conciencia, pero nada más. Si yo, usted, nosotros y todos los ciudadanos, somos causantes por las  numerosas crueldades contra nuestros semejantes y los terribles daños a la naturaleza, todos deberíamos purgar en una gigantesca prisión. De hecho, quizás la mejor expiación sea vivir en un mundo que nos causa tanta indignación y  sufrimiento. “No puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados”, decía Adam Smith.

Pero, vemos que, salvo algunos sentenciados, la enorme mayoría gozamos de libertad y hasta nos solazamos de haber burlado a la justicia, la cual debía habernos  encausado por el mundo que hemos construido o por el silencio cómplice que ha permitido tanta atrocidad.

En segundo lugar, el dedo acusador al HOMBRE tiene un oculto objetivo ideológico: exculpar a los principales reos de las calamidades que sobrelleva la población mundial. Al decir “Hombre”, el poder económico neoliberal, con sus múltiples tentáculos las transnacionales, no son identificados como autores de la barbarie civilizatoria. Pero la verdad es que quienes atentan contra la Madre Tierra, contra los seres humanos, contra los pueblos, tienen nombre y apellido, como puede descubrirse si dedicamos suficiente tiempo a consultar la enorme cantidad de información sobre los crímenes que irrogan las multinacionales. Así también diversas fundaciones,  múltiples expertos, intelectuales y ambientalistas, han expuesto innumerable artículos develando a los ejecutores de la crisis mundial.

Ciertamente, la tarea de desenmascarar a las transnacionales o multinacionales, que son los nefastos apéndices de la economía de mercado, es una empresa que requeriría volúmenes enteros.  Ante esta dificultad, en el presente artículo apenas se mencionan sucintos datos que exponen, con amplitud, diferentes organismos internacionales y Fundaciones como PNUMA, FAO, SIPRI, OXFAM, Amigos de la Tierra, Movimiento Mundial por la Naturaleza (WWF), Movimiento Mundial por los Bosques Tropicales, GREEMPEACE… De igual modo, artículos y obras de especialistas como Noami Klein, Chomsky, Stigliz, Estulin, Galeano, Acosta, entre otros, pueden se fácilmente consultados por los lectores.

Estas referencias permiten identificar a las grandes empresas responsables de la polución del aire, el calentamiento global, la depredación de bosques, la extinción de plantas y animales, la proliferación de agroquímicos, la suciedad plástica, la contaminación de ríos, mares y fuentes de agua…

Pues bien, según los expertos mencionados 450 multinacionales prácticamente dominan la extracción minera, la producción industria y el comercio de productos, en el mundo. De esta lista, solo se mencionan a unas pocas corporaciones, acusadas de ser las más contaminantes en el orbe, a saber: petroleras (Exxon, Bristich Petroleum, Petro China, Saudí Amaco, Chevron, Katar Pretoleum), Vale, Nestlé, Coca Cola, McDonald, Monsanto, Unilever, BRF, Pfizer, Zara, Amazon, Samsung,  Toyota, General Motors Estas compañías son controladas por poderosos grupos financieros, bancarios y familias multimillonarias, la mayoría de ellos sionistas.

Entonces, el gran error de Greta es demandar en la ONU a los representantes de los países y de paso a sus Gobernantes para tomar acciones de protección ambiental, sin percatarse que estos Presidentes y Ministros son rehenes de las fuerzas mercantilistas. En definitiva, quien manda en el mundo son las gigantescas compañías, empeñadas en agotar los recursos del bien común de la humanidad y diseminar globalmente todos desechos industriales que producen sus fábricas.  Son éstas las últimas responsables de la hecatombe planetaria que apenas si son mencionadas en los grandes foros mundiales.

Alguien puede decirnos que si Greta y los millones de jóvenes ambientalistas se proponen denunciar a las multinacionales, su lucha apenas si podrá oponerse al poder político, militar y mediático que sustentan su dominio. De hecho, la voracidad  de los dueños del mundo es tal que no les importa asolar el planeta, con tal de obtener enormes ganancias. La ONU anuncia que para el año 2 050 la Tierra será invivible. Esta insania es retratada por el pensador inglés Kenneth Boulding: “El que crea que un mundo finito, el crecimiento puede ser infinito o es un loco o es un economista”.

A pesar del peso de esa argumentación, algunas personas pueden seguir sosteniendo el criterio que los hombres y mujeres de a pie, también somos responsables de la destrucción ecológica por nuestros hábitos de consumo. Es verdad, pero la suma de estas acciones es insignificante comparada con la devastación producida por las multinacionales. Tampoco puede olvidarse que el consumismo es la nefasta conducta internalizada por el mercado, en cada uno de los ciudadanos del mundo. De ahí que una de las luchas que podrían emprender la joven sueca y los millones de seguidores, sería eliminar sus hábitos consumistas. Si esto se lograse, el mercado se vendría abajo y con él los amos del mundo. Un líder boliviano ya les anunció: “Cuando acaben con el planeta, vamos a ver si comen billetes”.      

Febrero 14 2020