Por: Henry Izurieta y Viviana Mero

Los sectores vulnerables han visto magnificarse su vulnerabilidad con la aplicación de la cuarentena, mientras el gobierno ofrece, pero no resuelve ninguno de los problemas que afectan a ese enorme grupo social. Tan grave es la situación para los sectores más desposeídos que les llevará a la disyuntiva de morir de hambre o contagiados.

Los sueños son perseguidos por aquellos que no creen en lo imposible, que no se asustan si deben caminar descalzos o deben morir en el intento por alcanzar una estrella, esta idea impulsó a Don Segundo, un hombre luchador, oriundo de Chimborazo, orgulloso de sus raíces indígenas. Hace unos años decidió ir en busca de la felicidad, de aquel sueño de un nuevo futuro para su familia y fue así que decidió mudarse a Quito con la esperanza de conseguir una vida digna, que para él significaba tener un buen sueldo, una casita, un hogar confortable para sus hijos.

Pero al llegar a Quito, a esta gran ciudad desconocida aún para él, no logró encaminarse en el sendero que se había planteado.  No encontró trabajo, los pocos dólares que trajo tuvo que gastarlos casi enseguida.

Una tarde, en medio de la tristeza y preocupación de su situación actual, alguien le dijo que lustrar zapatos podría ser una alternativa para obtener unos cuantos dólares, siguiendo aquel consejo buscó los aperos necesarios y con fe comenzó con su nueva labor. Día a día  con sacrificio y empeño aprendió la profesión y ahora es un lustrabotas de los mejores.  Cada mañana sale de su casa y recorre las calles del centro histórico de Quito, ofreciendo sus servicios.  Con lo que le pagan por cada lustrada logra ahorrar y arrendar un cuartito de cuarenta dólares mensuales, quizás muchos pensarán y dirán que es un cuchitril porque están enseñados a los lujos y riquezas, pero para él y su familia es su palacio. Una pequeña cocina, unos pocos platos, cucharas, un colchón de media plaza, donde duerme con su familia, una tele viejita que trajo desde su tierra y una mesita son sus enseres. Cada tarde, mientras cae la noche, llora en silencio mientras sus sueños comienzan a desvanecerse con el peso de su realidad, pues no está viviendo su sueño.

De repente, sin pensarlo, un mañana todo cambió, las calles parecían desierto, los parques perdieron su alegría y ahora los hospitales eran los lugares más concurridos. Fue aquí que su situación se le puso cuesta arriba y no sabía que hacer frente a la posibilidad de contagiarse del “Corona virus”.  Pese a tener poca educación formal, estuvo de acuerdo en el “aislamiento social” para evitar el contagio de esta nueva enfermedad y como pudo logró conseguir algo extra de alimentos para algunos días, no mucho ni lo suficiente, pues sus recursos no se lo permitieron. En ese momento no era consciente que sus ingresos diarios, automáticamente, desde aquel el lunes 16 de marzo, hasta el fin de la cuarentena, serían cero  ¿Y ahora? Es la pregunta que con frecuencia ronda su cabeza.

Una tarde su preocupación aumentó ya que vio y escuchó en las noticias que la ministra, María Paula Romo, abrió la posibilidad de acceder a pruebas para conocer si está contagiado del Covid19, que lo podrá hacer en varios laboratorios, a precios de entre $80 y $200. ¿De dónde? Otra pregunta más que rondaba en su cabeza, ya que sus ingresos mensuales no llegan ni a la mitad del básico y ahora son cero. No tiene ninguna posibilidad de hacérselos y tampoco la otra prueba que dicen que se ha desarrollado en China que es más barata, de $10. No tiene muchas veces ni para comprar una libra de arroz para alimentar a sus hijos, peor para pagar aquella prueba!

Pasan los días en aquella incertidumbre angustiante y la situación se complica cada vez más.

Los vecinos comentan y le dicen que no se preocupe tanto ya que Otto Sonnenholzner, el vicepresidente, dice que todo está controlado y que la gente de bajos recursos recibirá ayuda. Pero él les responde con una profunda preocupación! Aún no hay nada en concreto ni siquiera dijo de qué manera nos van a ayudar!

A Don Segundo, al cuarto día de cuarentena, ya casi se le agotan los alimentos, pero racionándolos, sin importarle llegar a la noche con hambre, logrará que le duren un par de días más, sólo le importa que sus hijos se alimenten, pero este sacrificio lo vuelve susceptible y vulnerable a cualquier enfermedad. Más todavía sabiendo que de por sí, normalmente, su dieta no es suficiente ni en proteínas ni en calorías.

El gobierno anuncia que el pago de los aportes al IESS se pueden posponer para empresas y voluntarios, pero Don Segundo no es afiliado. Ese anuncio, a él no le sirve.

El hambre presiona más cuando no hay qué comer. En la tele dicen que los mercados están abastecidos, pero tampoco le sirve esa noticia pues ya no tiene los ingresos diarios y solo se podrá llevara la boca un mendrugo de pan si tiene dinero. Y no lo tiene.

Llega la tarde siguiente y en una cadena televisiva el presidente de la República anuncia nuevas medidas pero, por desgracia, hasta el momento ninguna llega a los sectores más vulnerables del país, aquellos que obtienen ingresos diariamente en el contacto con sus clientes, como es el caso de  Don Segundo, los pequeños comerciantes, bazares, papelerías, cybers, boutiques, los comerciantes del Ipiales en Quito, de la Bahía en Guayaquil, artesanos, etc. Buena parte de ellos deben cumplir con el pago de deudas en el sector financiero, lo que se ha vuelto su pesadilla ya que el refinanciamiento ofrecido en realidad solo es una ventaja para el banco, no para el deudor. En general son personas que no tienen posibilidades de acceder a un control médico sino es a costa de comprarlo. Acudir al sistema público de salud, que se presenta como gratuito, no es la mejor alternativa para estas familias pues ya está saturado, mal administrado, al punto que acudir allá podría significar contagiarse por este virus.

Para todos, especialmente para quienes no tienen los recursos económicos mínimos, como Don Segundo, un problema grave es la provisión de alimentos.  El presidente Lenin Moreno promueve la alternativa de entrega a domicilio de alimentos, lo cual suena bien, pero solo para personas de cierto nivel socioeconómico para arriba.  ¿Y para quienes no tienen posibilidad de comprar alimentos? ¿Qué se puede hacer en estos días!!!? El gobierno, que es quien debería esbozar una repuesta ante esta interrogante, no la tiene.

Con todo lo mal que le va a Don Segundo, no está entre los que peor les va.  Tiene casa, por lo menos hasta que el mes termine y, al no tener cómo pagar el arriendo, tenga que descender al grupo de quienes viven aquel infierno de pasar frío y hambre en el pavimento, que ahora, con la presencia de ciudadanos venezolanos, se ha incrementado mucho.  Cuando las autoridades dicen #QuédateEnCasa, ellos, los que no tienen vivienda, ¿A dónde van? Lastimosamente solo esperan a que su fe sea tan fuerte que una fuerza superior los ampare, pues quien tiene la responsabilidad de hacerlo, no lo hace. El gobierno envía a la policía a que los reprima, no envía a burócratas para que les guíen a algún refugio permitido, solo aparecen pequeñas iniciativas que se espera se generalicen.

Como en general ocurre, son las clases sociales trabajadoras, los sectores populares los que reciben el golpe y ahora, lo cierto es que no tienen capacidad económica para enfrentar el impacto de esta decisión de la cuarentena que, siendo correcta, los deja en situación crítica.

Las personas que reciben el “bono solidario” están en ese grupo vulnerable.  Para ellas el gobierno no ha planteado ninguna salida, pero, por lo menos, debería ampliar el bono a montos semanales de igual valor al que reciben mensualmente para que puedan adquirir alimentos.  Si ellos tienen algún documento que los acredite como beneficiarios de ese bono entonces el gobierno debería disponer que las cadenas de comercialización de alimentos les vendan con descuentos especiales a cargo de la empresa, como una contribución del sector empresarial, para paliar la crisis por el corona virus. Las donaciones que se anuncian de algunas de ellas sirven, pero se debe disponer su contribución suficiente.

Situación que en estos casos se denota como importante es la organización de esos sectores vulnerables para que puedan acceder, vía esa organización, a paliativos para enfrentar esta crisis.  Millones de personas en el Ecuador son parte del 60% de la PEA que no tienen acceso a la seguridad social, tienen trabajos precarios, ingresos mínimos, muy pocos están organizados.  La consecuencia de ello es que la ayuda no les llega, tampoco están en posibilidad real de ejercer presión para recibirla.  Situación muy conveniente para el poder, pues, es un conglomerado humano fácil de manipular políticamente, difícil de organizar, pero son una mayoría de millones a los que no debemos dejar de lado.

A menos que la solución llegue desde el gobierno, a Don Segundo no le quedará otra alternativa que salir a buscar algo de alimento para sobrevivir con su familia. O muere de hambre o muere por contagio.