Elegía final del melodrama “el Príncipe Cacha” de Filemón Proaño

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Filemon Proaño

Por Gustavo Báez Tobar

El análisis del último cuadro del melodrama “El Príncipe Cacha” merece un capítulo aparte, por lo cual me permito remitirme a la historia por breves momentos antes del relato, como recordación necesaria para los estimados lectores.

El Emperador Huaina Cápac, vil usurpador de tierras Imbayas, en pleno apogeo de su mandato se dio modos para, en forma furtiva, conocer a la bellísima Pacha e intentar esta ambiciosa conquista  sentimental, allá en el palacio real ubicado en la fortaleza de Atuntaqui. Este intento no prosperó, porque recibió un rotundo rechazo de la Reina, que a poco levantó a sus guardias para que lo pongan en fuga. ¡Cómo iba a consentir que tan aleve invasor pretenda su preciosa mano, y además, traicionando así la paternal disposición, esto es, del difunto Príncipe Cacha, para desposarse con el valiente Píntag, hombre de confianza de su ejército!

Pero el conquistador no se dio por vencido. Envió diplomáticos embajadores incluida la sapiente Llira, Virgen del sol y hechicera, quienes lograron arrancar del corazón de la Reina Pacha el ansiado SÍ para que se uniera en matrimonio con el  poderoso dueño del Tahuantinsuyo. El alma magnánima de Pacha prefirió sacrificar sus íntimos sentimientos, con el fin de lograr la paz y unidad entre  los pueblos.- ¡Denodada como impresionante decisión! Al fin y al cabo mejor le resultaba ser Reina y Emperatriz  del Tahuantinsuyo antes que compartir el tálamo en calidad de deshonrada concubina.

LA BODA IMPERIAL

Se dio en el templo de Caranqui en medio del tradicional boato. Todos bebieron espirituosa chicha. Los flamantes novios bailaron un alegre sanjuanito, como signo  de unión   en este histórico compromiso.

No obstante, no todo fue senda de rosas. El cielo de la felicidad de pronto se pintó de plomizos nubarrones. Píntag -el cóndor herido por la traición de su prometida a quien la había soñado  entre sus brazos-, en la misma noche nupcial pretendió rescatarla de su aposento real o acabar con la vida del  usurpador Huainacápac quien  entró en ira,  entendió que el pacto se había roto y se encendieron los fuegos contra el pueblo Imbaya que, sorprendido, no pudo defenderse. Fue cuando se dio el masivo degüelle y feroz matanza de inocentes, cuyos cuerpos fueron arrojados al Lago, que se tiñó de sangre; pues, desde ese acontecimiento se lo conoce como YAHUARCOCHA, a donde también se arrojó, impotente, el desconsolado Píntag. Por otros motivos de despecho y desesperación, el pundonoroso régulo Cotacachi: tomó el mismo fatal destino.

ANÁLISIS DE LA ELEGÍA

Esta cruenta tragedia  es contada con agilidad y maestría por Filemón Proaño, autor del melodrama, que culmina con espléndida elegía de 146 versos de arte mayor, en estrofas irregulares; lacerantes versos declamados o cantados por la adolorida Pacha. Un cúmulo de imprecaciones contra sus dioses al pie del Imbabura saben  a desconsuelo y amargura. Infinito dolor y arrepentimiento. O autoinculpación…   Con  voz enternecida de Reina y Emperatriz -la heroína Pacha-  aparece en escena para denotar sus crueles sufrimientos. Saboreemos, pues, las lastimeras expresiones vertidas y unámonos a esta náyade herida… acompañémosla en su dolor con estos hermosos versos tomados de la extensa y sangrante elegía:

PACHA (Entra paso a paso, desgreñada, pálida y enlutada. Declama esta elegía con suma ternura y acompañada de flauta y piano)

“/Este lago, ¡ay dolor! Que tinto en sangre,/ retrata en su cristal oscuras sombras,/ que vagan rumorosas y dolientes/por entre la movible superficie/compendia en cuadro aterrador, siniestra/ una historia de horror, espeluznante!/ como que encierra, en síntesis luctuosa,/ trágico agonizar de heroica raza,/ epílogo fatal de una hecatombe!/ Doquiera dirijo mis miradas/ tan sólo encuentro tétricos espectros;/ imágenes terribles de tristeza,/ pavor…y soledad…ruinas y escombros…!/

Si bien esta es la primera estrofa de 12 endecasílabos cuajados de acertadísimos sustantivos y cinéticas adjetivaciones, rezuman  cuadros de tristeza de una desoladora  vivencia, única…en nuestra historia prehispánica, acompañados de rítmica melancolía. Así se refiere al horizonte nefasto, al cruel destino de su pueblo en la hora malhadada. Es realmente una serie de cuadros dantescos solo dignos de la excelsa pluma  de Filemón Proaño.

Esto lo comprobamos con toda claridad si leemos detenidamente los dos sextetos iniciales integrantes de un total de 38 versos, distribuidos, además en cuartetos y octavas,  cantados en la parte final de tan brillante elegía:

¡Oh Padre Imbaburac, cano y eterno

que te mostraste dulce, afable y tierno

con las fieras famélicas, tiranas,

que excecrables, sin freno e inhumanas,

vinieron- Desde el Cuzco- aquí a tu tierra

trayéndonos desastres y cruel guerra…!

En cambio a tus pimpollos miras hosco…

¡Oh Padre Imbaburac, ya te conozco!

los miras tú, satánico y umbrío:

por esto te dirijo, Padre impío,

candentes y rabiosas maldiciones,

con inauditas, hondas conmociones…!

Cada término poéticamente seleccionado tiene la triple connotación aconsejada por los más exigentes códigos, esto es: conceptual, fantástico y sentimental, que de por sí nos transportan a la comprensión cabal de su contenido y a la emoción estética. Mas, si nos adentramos en la estructura métrica y literaria, podemos sacar las siguientes conclusiones:

 1) Los versos de 11 sílabas son matemáticamente identificables;

 2) El acento  constitutivo, se encuentra justo en la 6ª sílaba, mitad del verso;

 3) La palabra resaltada en negrita, la que lleva el acento constituyente, es el vocablo de  mayor significación en cada verso y robustece al contenido general, ejemplos: Imbaburac, dulce, famélicas, freno, Cuzco, desastres; y,

 4)La rima es consonante o perfecta, en versos pareados, que contribuyen a la musicalidad de los cadenciosos versos.

RETRATO DEL ALMA ADOLORIDA

Analicemos los dos elocuentes cuartetos:

“¡Malayas! Antropófago protervo!/ ¡Ante ti en iras infernales hiervo!/Pues permitiste tantos sufrimientos,/lágrimas, ruinas y martirios cruentos./

/Devorador de aquellos que engendrase/ y a tu abrigo – amoroso- los criaste…/ para después brindarles grandes daños/ y el ajenjo de amargos desengaños…!

Al atento lector no se le escapa la imprecación  inicial, dirigida al padre Imbaburac, y enseguida la determinante metáfora “antropófago”, que de por sí denota el monstruo frente al cual se encuentra, acompañado del rotundo epíteto  “protervo”  que complementa este tremendo cuadro de coraje que se vierte en el furibundo sintagma: “Ante ti en iras infernales hiervo”.  Esto es: sustantivo-adjetivo-verbo… en conjunción perfecta, para denotar la eclosión explicable del atormentado espíritu de la frustrada soberana.

Concentrémonos en la nostalgia de esta lastimera décima que inicia con justificables imprecaciones y en la cual son patentes los íntimos deseos  de la heroína de volar en alas de misteriosos designios:

“¡Oh verdugo! Mil veces te maldigo,/ porque del bien común fuiste enemigo…!/Y para despedirme te conjura/mi ronca voz de débil criatura:/ ¡¡Concluye tu obra, no la dejes trunca!!!/ O tritúrame Tú, para yo nunca/volver a verte en tu feral estrago;/ o ahógame en las aguas de tu Lago,/o  déjame subir a las estrellas/con mi carga infinita de querellas”.

SE AQUIETAN LAS AGUAS

En la octava final son patentes unas suaves invocaciones con las que se apacigua el alma e inclusive se disculpa por los improperios vertidos y clama hacia lo alto para en el cielo encontrar paz para su alma adolorida:

“ ¡Oh cielo, que conoces mi quebranto, /mira; me desespero, cielo santo:/ Perdóname, si audaz he ofendido/ con mis palabras duras, consecuencia/ de una aflicción eterna, duradera/ por edades y siglos de congoja…/ Y, para ir yo a ti, que me iluminas,/ ábreme ya tus puertas diamantinas!”

Sin exageración, creo yo, estos versos y la elegía completa con que culmina la actuación de la increíble PACHA, nos recuerda a la desesperada YOCASTA en Edipo Rey, de Sófocles; o, ANTÍGONA, o, IFIGENIA, de entre los clásicos  de las famosas tragedias griegas, esta última, del célebre Eurípides.

De las entrañas de esta  Reina y Emperatriz,  heroína y legendaria: PACHA  nacería en tierra Caranquí, hecho de barro y sol  imbabureños: ATAHUALPA el Padre de nuestra Nacionalidad.

PRIMERA PRESEA DORADA PARA UN ECUATORIANO

  La figura de Pacha, está engrandecida por la excelente pluma  de Filemón Proaño, cotacacheño, autor  del melodrama El Príncipe Cacha, quien el 27 de junio de 1930, casi  90 años atrás, obtuviera en Sevilla, España, la Medalla de Oro en  un Certamen Internacional.

Este gran maestro de las letras y la música nunca se casó, pero algún amor tuvo en Manabí, quizá a ella la dedicó el pasillo inédito “Amor Ignoto”. Hay un testimonio del Ing. Román Galindo, propietario del Hotel EL ARBOLITO, quien asegura que hace  un  tiempo llegó como huésped una señora que dijo ser pariente de la enamorada que fuera de Filemón Proaño, y le pidió la llevara a conocer la efigie del artista que luce en la calle Bolívar de Cotacachi, integrando  la galería denominada “Ruta de la Música”, como homenaje a una pléyade de compositores, etnomusicólogos e intérpretes, que han dado lustre y prestigio de Cotacachi “Pueblo Mágico”.

TRISTE FIN DEL ARTISTA

Ya hemos comentado en detalle los últimos descoloridos años del brillante dramaturgo, melodramático, de perfil indigenista. En 1977 murió pobre, solo y olvidado, quizá nunca recibió el homenaje que la Patria le quedó debiendo. Él, solo, asumió la crucifixión de su soledad, dejando una valiosa estela artístico – cultural que aspiramos se la reconozca.

Cotacachi, enero 2020.

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