Engels, el revolucionario infatigable VII

Edgar Isch L.

La revolución socialista es, ante todo, la revolución por la plena emancipación humana. Marx escribió la introducción del programa del Partido Francés de los Trabajadores en 1880 señalando firmemente que “la emancipación de las clases productoras implica a todos los seres humanos sin distinción de sexo o raza”.

Cuatro años más tarde se publicó el libro de Engels “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado”, que es considerado como un trabajo pionero que es frecuentemente mencionado por antropólogos e historiadores modernos. Un basamento estuvo en Morgan, el más avanzado antropólogo de su época, pero lógicamente desde la publicación se han realizado muchos descubrimientos hasta hoy. Pero en lo central, Engels en el libro aborda la temática desde el punto de vista del materialismo histórico y demuestra que el patriarcado tiene un origen histórico y que de la misma manera deberá terminar; demostró además que la opresión de las mujeres surge en conexión con la aparición de las clases sociales y de la familia nuclear.

En esta obra Engels dedica especial atención también a los aspectos personales de la opresión de las mujeres dentro de la familia y frente a los hombres. En esa relación, junto con Marx, no dudarían en considerar que hay una condición que podría equipararse con la del proletariado en la relación productiva general. ¿Dónde inició esto? La “derrota histórica de las mujeres”, dice Engels, se presenta con el surgimiento de la familia nuclear en la que la mujer perdió la línea de herencia y autonomía económica. Ello acabó con las condiciones de igualdad entre los sexos, que no habían sido rotas por la división sexual del trabajo.

El matrimonio en las sociedades de clase, incluyendo el capitalismo, solo es una relación de producción de los hijos, basada en reducir a las mujeres a la servidumbre. El hombre tiene más derechos, incluyendo el matar a su mujer en casos de infidelidad, como forma de asegurar la paternidad de sus hijos. En el Manifiesto Comunista es muy fuerte la crítica a la familia burguesa, la prostitución simulada en ella, el trato a los hijos como propiedad y la ubicación de la mujer como medio de producción. 

Cuando escribe “La situación de los obreros en Inglaterra”, Engels dedica mucha atención a la situación de las mujeres trabajadoras. Denuncia la diferencia de leyes para garantizar su mayor explotación, la carga doméstica como una servidumbre adicional, la condición de las obreras de las fábricas textiles, la manera en la que los hijos eran arrebatados de sus madres, el yugo humano y sexual ante el patrón. No existe análisis previo de tanto vigor sobre la condición de las obreras y la necesidad de su plena integración en el movimiento obrero en condiciones de igualdad real con sus compañeros varones.

En El Capital, Marx seguiría esta línea de trabajo, estudiando la manera en la que los campesinos fueron obligados a vender a sus hijos, la enorme mortalidad infantil en las familias obreras generada en las condiciones de trabajo, las condiciones de vida que hacían imposible una sexualidad sana, la explotación de la mujer. Dato tras dato, hecho tras hecho, se refuerza la demostración que la situación de la mujer está ligada a la explotación de clase y que no es igual ser obrera que burguesa.

Citando lo expresado por un industrial, Marx narra: “me ha hecho saber que él emplea exclusivamente a mujeres en sus puestos mecánicos; da preferencia a las mujeres casadas, sobre todo a aquéllas que tienen familia numerosa; son más atentas y más disciplinables que las mujeres solteras, y además están obligadas a trabajar hasta la extenuación para procurarse los medios de subsistencia necesarios. Es así como las virtudes que caracterizan mejor a la mujer se convierten en perjuicio. Lo que hay de cariñoso y de moral en su naturaleza se vuelve el instrumento de su esclavización y de su miseria». (El Capital, Libro I, capítulo XIII).

Muchas serán las mujeres revolucionarias que estuvieron en la lucha por el socialismo aportando a la construcción de la teoría marxista sobre la emancipación de la mujer. Los bolcheviques, en la primera experiencia mundial de construcción del socialismo tomaron en cuenta estos principios y transformaron, en los hechos, la vida de las mujeres y las familias. Una clara conclusión fue que la lucha por la emancipación de la mujer es indispensable si se piensa en la emancipación de toda la humanidad, que una y otra van atadas y que los revolucionarios deben comprometerse sinceramente con ella.

En un sentido más amplio inclusive, Lenin señala que: “La conciencia de clase de los trabajadores no puede ser verdadera conciencia política si los obreros no están capacitados para responder a todo tipo de tiranía, opresión, violencia o abuso…”, lo que recuerda que la lucha de las nacionalidades y pertenencias étnicas, de pueblos de determinadas regiones, de las llamadas minorías sexuales o de otro tipo o los oprimidos por el color de su piel, todos deben tener su lugar y su victoria en la revolución de la emancipación humana.