Por: Xavier Andocilla Rojas

 

El viernes 30 de noviembre se realizarán las elecciones en la Universidad Central del Ecuador para escoger al nuevo Rector y a los tres vicerrectores (académico, de investigación y administrativo), como también a los representantes al Honorable Consejo Universitario (H.C.U.) de docentes, estudiantes y trabajadores.

 

Los distintos candidatos han buscado diferentes formas para difundir sus propuestas e ideas. Para cumplir con este objetivo, utilizan desde los elementos tradicionales como la hoja volante, el afiche y la visita de cursos, hasta llegar a la utilización de las redes sociales, los videos y otros instrumentos y medios para informar a la comunidad universitaria.

 

Pero, en los últimos días, se han desempolvado viejos criterios e ideas, con el único objetivo de desprestigiar a los rivales y no desarrollar sus conceptos o propuestas, sino generar el odio y la discriminación bajo el maquillaje de la despolitización y de un academicismo absoluto. En momentos llegan a señalar opiniones contradictorias a su práctica social, e inclusive equivocadas científicamente, por lo que los universitarios tenemos el deber y el derecho de debatir, discutir y proponer ideas.

 

Una de esas ideas que se han difundido con mucha fuerza es la creencia de que “en la universidad solo se llega a estudiar o a hacer academia y no hacer política”. Lo curioso de esta idea es que las personas que las plantean no se destacan por ser brillantes académicos ni tampoco por ser consecuentes políticos. Si nos atrevemos y analizamos esta frase, diríamos que a los centros de educación superior la juventud asiste a un proceso de formación integral, en donde se difunde conocimiento, se recibe, procesa, reflexiona y evalúa.

 

Pero el objetivo del proceso educativo universitario no es solo impartir conocimientos, sino impulsar un proceso de formación integral en el que se promuevan valores e ideas. Es por eso que elegir al rector, a los vicerrectores y los representantes al cogobierno universitario, es un momento en el proceso de formación que enseña a los estudiantes acerca de la importancia que tiene la democracia en la vida y el futuro de la universidad, la sociedad y el país.

 

Otra de las falacias expuesta con gran intensidad es lo concerniente a “ser militante o tener vínculos con alguna organización o movimiento político” y que se debe “votar por los académicos y no por los políticos”. Como dato curioso, muchas de las personas que señalan esta idea son militantes o tienen vínculos con partidos u organizaciones políticas, pero sienten vergüenza por lo que representan y, dado que se vieron obligados a pertenecer a dichas organizaciones, muchos de ellos se han vinculado a determinadas tendencias por pagar favores políticos o económicos.

 

Al escuchar que solamente “los académicos deben gobernar la universidad”, se recuerda la frase: “la polis solo debe ser dirigida por los filósofos”, enunciado dicho por Aristóteles en un momento en que se debía remachar las cadenas de dominación a los esclavos. Hoy, se actualiza esta frase con el objetivo de mantener sumiso y enajenado al movimiento estudiantil.

 

El tener una militancia o ser parte de una organización es un derecho universal y constitucional que tenemos los ecuatorianos. Es decir, no es un delito ser parte de una de estas organizaciones, al contrario, lo que sí es penalizado es promover el odio y la discriminación. Lo que se realiza en la actualidad al estigmatizar o motejar a las personas que tienen militancia política, puede ser penalizado como un delito de odio y como actividad que limita la libertad de organización y de expresión. Si ustedes son observadores, se darán cuenta que las personas que promueven este criterio son individuos antidemocráticos, sectarios y divisionistas, que al no tener propuestas e ideas impulsan este argumento como principal estandarte de batalla.

 

Otras de las ideas que se ha promovido en estos últimos días es “que no podemos volver al pasado”. Que votando por A o B personaje al rectorado o al HCU se “regresará a la universidad del pasado”. Este criterio es uno de los más anticientíficos que se ha escuchado en este proceso, ya que nunca se podrá vivir de las glorias que ya sucedieron o de sobrevivir de las derrotas producidas. Tal afirmación niega el avance y el desarrollo, es un juicio de valor con tintes conservadores, tan antiguo que Heráclito lo desarmó cuando dijo que “nadie se baña dos veces en el mismo río”, eso quiere decir que todo avanza, todo camina, todo cambia, nada se queda estático ni tampoco regresa al pasado.

 

Todos estos criterios, tan superficialmente llamativos, demuestran en la práctica que son conceptos desenfocados de la realidad, son ideas alucinadas producidas por mentes enajenadas. Las personas que establecen estas ideas, como lo diría Gabriel García Márquez: “no son heraldos del progreso sino mercachifles de la diversión”.

 

A pesar de esta situación, los anhelos de cambios aparecen y se desarrollan día a día, obtienen fuerza y se vigorizan mientras transcurre la campaña electoral. El proyecto de construir una universidad del tamaño de nuestros sueños se va debatiendo en cada curso. La esperanza se fortifica con la idea de una universidad de investigación y docencia, en la que se desarrolle la cultura y el arte, que tenga compromiso social. Ese concepto de universidad fue la que unió a diferentes sectores para construir lo que hoy es Consenso Universitario y la candidatura del Dr. Washington Benítez.