Por Ing. Mariano Santos.

El FMI ya está en casa…, la salida más fácil que toma Lenin Moreno frente a la calamitosa situación económica que encontró, en donde por el servicio de la deuda (amortización e intereses, se paga anualmente lo que el Ecuador tenía como deuda total a inicios del gobierno de Correa, alrededor de $10.000 millones; y, por “insinuación” de éste, sube el precio del combustible, por ahora la gasolina súper, que afectan al bolsillo popular.

Sin embargo, hay otras alternativas, muy viables que se pueden implementar, sin afectar a la gran masa de ciudadanos ecuatorianos que se debaten entre la pobreza y extrema pobreza, como es la que presentaremos en estas líneas.

Actualmente los combustibles fósiles (hidrocarburíferos) son consumidos por la industria y el transporte (público y privado), pero la capacidad instalada de nuestras 3 refinerías (Esmeraldas, Santa Elena y Shushufindi) no abastece la demanda nacional, por lo que se importa una cantidad importante de derivados, con costos onerosos para el erario nacional. Esto ha dado lugar a que se piense en construir otra refinería, la de Manabí, que antes de su existencia ya está plagada de actos de corrupción y que no sería conveniente para el Ecuador [1].

Por otro lado, en Ecuador, el transporte es el mayor generador de gases de efecto invernadero, según la Tercera Comunicación Nacional de Cambio Climático del país, este sector representa el 45% de las emisiones del sector energético, seguido por la generación de energía para industrias.

La idea central es ir a un cambio agresivo, pero al mismo tiempo paulatino de la energía que se consume en nuestro país. Debemos ir a un reemplazo progresivo en la industria, en donde se consume diésel o fuel oil, realizando las acometidas correspondientes en transmisión y distribución eléctricas respectivas, de igual manera al cambio de los vehículos a gasolina o diésel por los vehículos eléctricos livianos, pesados (buses y camiones), motocicletas, para las lanchas y en general para las flotas de pesca (en donde se podría combinar con energía solar fotovoltaica). A propósito de las motos, en Pekín, una de las ciudades más contaminadas del planeta, la casi totalidad de las motos son eléctricas, las cuales ayudan no solamente en la lucha contra la emisión de partículas contaminantes, sino que también ayuda en la lucha contra la contaminación acústica, a más de su bajo precio: $200 las básicas, hasta $600 o más, las más completas [2].

El precio de los autos, buses y camiones eléctricos cuestan entre un 25 y 100% por sobre los de combustión, pero se estima que entre el 2019 y el 2023 los mismos estarán a la par de los a gasolina y diésel, luego bajarán. Pese a esta diferencia en los precios, en Guayaquil, Quito y Loja se han adquirido ya vehículos eléctricos; así, actualmente existe en Guayaquil una línea de buses (la 89), que luego de las pruebas correspondientes en las que uno de estos buses circuló durante 3 meses, adquirió 20 de estos buses eléctricos, de 12 metros de largo y con capacidad para 80 pasajeros entre sentados y parados,  que entrarán en funcionamiento regular a partir de octubre del presente año; sus propietarios asumen que la diferencia en el precio es compensada por los menores costos en mantenimiento y combustibles. Según reseña diario Expreso “Durante 90 días, Saucinc transportó en el bus eléctrico a 41.690 pasajeros. Recorrió 16.676 kilómetros, lo que equivale a 2.570 galones de diésel. Aporte: Con la unidad se evitó 25 toneladas de CO2. Lo que un bus dejó de emitir en ese período en Guayaquil equivale a 3,5 canchas del estadio Modelo. Se necesitaría reforestar con árboles adultos ese espacio para recuperar lo contaminado”.

A modo de ejemplo vale decir que en Europa, El Instituto Europeo del Cobre calcula que recorrer cien kilómetros en carro eléctrico cuesta en España menos de un Euro [4], es decir el costo de recargar la batería con la energía eléctrica.

En Quito, el Municipio acaba de adquirir, luego de las pruebas correspondientes, 70 buses eléctricos, de los cuales 50 son articulados, que entrarán en funcionamiento a fines de año.

Los camiones eléctricos, por iniciativa de algunas cooperativas, también están a prueba en el Ecuador y, en Loja existen desde el año anterior 50 taxis eléctricos.

¿Cuál es el plazo para que estos cambios se den al 100%?, proponemos que sea 10 años, un plazo que se lo debe discutir en todo el País.

Si esta propuesta es acordada, significa que las actuales importadoras de vehículos tienen que terminar su stock de carros a combustibles fósiles, para dedicarse inmediatamente a la importación de los eléctricos; igual para los que importan motos y los motores fuera de borda para las lanchas, pangas, para los de las flotas pesqueras, etc.

Es decir, un viraje de 180 grados en la matriz energética, el verdadero cambio de la matriz energética que requiere el Ecuador.

Países como Noruega, Holanda se han puesto como límite el 2025 para eliminar los vehículos a gasolina o diésel; otros como Escocia hablan del 2032; Francia y Gran Bretaña ya decidieron hasta el 2040; China decidirá en los próximos meses. Hoy en día existe en EE.UU. una “viralización” de talleres electro-mecánicos que ofertan el cambio de su vehículo “normal”(diésel o gasolina) a eléctrico a precios muy interesantes.

Sin embargo, paralelamente deberían implementarse otras acciones que vayan en la misma dirección; así, debería realizarse una licitación internacional para que la empresa ganadora haga el ensamblaje de autos, buses y camiones eléctricos en el Ecuador, la cual debe obligatoriamente hacer la transferencia de tecnología con la intervención de ciertas universidades y politécnicas ecuatorianas, con el propósito de que más tarde el Ecuador exporte tecnología.

Igual, otras fábricas realizarían algo parecido para las embarcaciones marinas.

No hay que olvidar que estas tecnologías se conocen desde hace décadas, pero las mismas fueron reprimidas y obstaculizadas por las transnacionales petroleras y por los mismas fabricantes de vehículos como la General Motors [1] porque no les convenía.

Igualmente se podrían instalar en el Ecuador una fábrica de baterías de litio u otro metal que debe ser investigado, ya que las baterías juegan un rol fundamental en la eficiencia de los vehículos: hasta hace un par de años la recarga de la batería demoraba entre 6 y 8 horas; en la actualidad demoran solo minutos, el mismo tiempo que tanquear con diésel o gasolina; las recargas hasta hace un par de años apenas duraban para un recorrido de 100km, en la actualidad están por encima de los 300km.  Justamente hoy en día existe una carrera feroz por ponerse a la cabeza de este elemento esencial de los vehículos en mención; así, transnacionales como British Petroleum (petrolera) o Toyota (vehículos) están en este proceso. Pero, igualmente, debemos exigir a la(s) empresa (s) fabricante la transferencia de tecnología.

Se debe aprovechar la cercanía con Bolivia, país que tiene las mayores reservas de litio del planeta y, con quien se puede establecer convenios en esta materia.

Además nuestro País debe involucrarse en la investigación de otras tecnologías que tienen que ver con la movilidad; un ejemplo es la de los vehículos a hidrógeno, que parecía iba a tener un desarrollo más rápido, pues hace algunos años se hablaba de construir un pequeño dispositivo que realice la electrólisis del agua, es decir separar el hidrógeno (H) del oxígeno (O): el vehículo en vez de tanquear gasolina o diésel, tanquea simplemente agua (H2O), el dispositivo separa el O para enviarlo a la atmósfera y, el H queda en el automotor como combustible, 100% limpio y ecológico. Esta tecnología fue boicoteada por las grandes transnacionales, principalmente las petroleras.

Actualmente la separación del O del H se realiza en grandes fábricas, que a su vez se encargan de cargar las baterías con el hidrógeno, tecnología que están desarrollando a pasos agigantados en Japón principalmente. Vale sin embargo precisar que los carros a hidrógeno son también eléctricos, pues su motor es un motor eléctrico, ambas energías son almacenadas en una batería, de allí la importancia de las baterías.

Igualmente deberíamos involucrarnos en la investigación de otras renovables, como por ejemplo la de extraer combustibles de algas marinas y otras que pueden ser programadas por nuestras universidades y escuelas politécnicas.

Existe una energía ociosa en el Ecuador. Según reseña El Universo el 8 de abril, 2018[5]”…Ecuador cuenta con una capacidad instalada para generar 8.036,34 MW –denominada potencia nominal por incluir el potencial de diseño de las centrales–, según el informe de rendición de cuentas del Ministerio de Electricidad y Energía Renovable (MEER). Pero la demanda máxima cubre el 47% de eso, al requerir 3.746 MW…”

La nota continúa…”El mismo Plan Maestro de Electricidad 2016-2025 determina que la demanda proyectada de aquí a cinco años es de 5.579 MW. Esto tomando en cuenta el cambio en los hogares de las cocinas, más lo que requerirán el Metro de Quito, el tranvía de Cuenca, las empresas mineras y petroleras. La proyección incluye, por ejemplo, el uso de electricidad en las camaroneras que hoy utilizan motores a diésel…”

Es decir, de acuerdo a esas proyecciones, en el 2.023 todavía tendríamos excedentes.

Vale sin embargo precisar que ese total de 8.036MW incluye también a las centrales todavía no terminadas como son las Delsitanisagua, Mazar Dudas, Minas San Francisco, Quijos y Toachi-Pilatón.

Otra precisión que hay que hacer es que alrededor de 2.100 MW corresponden a centrales térmicas, principalmente a Fuel oíl y diésel (este último que todavía se utiliza en los campos petroleros de la Amazonia, pero que están siendo reemplazados por el gas que todavía se quema en esos campos y por la conexión al sistema nacional interconectado). Evidentemente estas centrales que utilizan derivados hidrocarburíferos tendrán que ser reemplazadas progresivamente por las de energías alternativas.

Esa capacidad no utilizada es la que se pensaba exportar a Colombia, Perú, inclusive se hablaba de exportarla a Chile; es decir esta es la energía que utilizaríamos para cubrir la demanda del futuro inmediato y mediato, con el ingreso masivo de los vehículos eléctricos, pero cuya tarifa, por lo menos en una etapa inicial debe tener un precio menor al que se oferta hoy en día; por ejemplo la tarifa reducida que se oferta al sector industrial en horas de la madrugada.

Las diferentes empresas eléctricas, tienen una tarifa que va en un rango de entre 7 y 10 centavos el kilowati-hora.

¿Acaso, con esta energía ahora no utilizada esos MW excedentarios que hoy generan 0 dólares de ingresos al Estado, al precio propuesto generarían varios centenares de millones de dólares al Ecuador?, que incluso ayudaría a financiar otras energías alternativas; se podría cobrar una tarifa que cubra los costos de operación y comercialización, más una pequeña utilidad para el fisco, una tarifa que estaría por unos 4 centavos el kW.

Pero, ese precio deberá subir progresivamente, hasta alcanzar los precios “normales” de hoy en día, en función de la reducción paulatina de los precios de los vehículos eléctricos, que incluso y muy seguramente en algún momento tendrán precios inferiores a los vehículos a gasolina o diésel.

Es indudable que se debe hacer un inventario de esa energía excedentaria que se va a utilizar, con el propósito de conocer si es suficiente para la demanda futura, ya que si se requiere en mayores cantidades, habrá que construir otras centrales que ya tienen estudios como por ej. la Santiago  con una capacidad de 3.000 MW, sin descartar en otras alternativas no hidroeléctricas, pues hay que tomar en cuenta la diversificación de la oferta, pues la hidroeléctrica es un recurso semirenovable, ya que con los cambios generados por el calentamiento global, que degeneran en sequías (entre otros fenómenos), las represas que guardan el agua podrían secarse; entonces hay que ir pensando en otras renovables como la fotovoltaica eléctrica y eólica, que hoy en día en la mayor parte de Europa son más baratas que las que se producen con los combustibles fósiles.

Si las cosas se dan como se piensa en esta propuesta, de aquí a 10 años el Ecuador no importará un solo barril de derivados del petróleo y, ese rubro se sumará a lo del actual consumo interno (que irá disminuyendo progresivamente); todos estos derivados podrán ser exportados; la contaminación será reducida en niveles muy significativos, tanto la atmosférica como la acústica.

Otro derivado del crudo, del cual el Ecuador es deficitario es el gas licuado de petróleo GLP o gas de uso doméstico; que se estima en alrededor de $900 millones anuales el subsidio.

Si una familia en situación de pobreza consume mensualmente entre 3 y 4 cilindros de gas, para la alimentación y para el agua caliente (en la sierra, pues en las otras regiones del País su consumo es menor), su presupuesto en gas bordearía los $10,0 mensuales. Esas familias, principalmente las que reciben el bono de la pobreza, progresivamente, en el lapso de 10 años deben ir migrando al consumo eléctrico, con las cocinas de inducción, en un verdadero plan integral, para lo cual las empresas eléctricas le deben cobrar los $10 señalados, independientemente del consumo en kilovatios-hora, es decir a precios equivalentes al gasto mensual de gas.

Esta es una propuesta que se la presenta para que sea debatida en todo el país, son alternativas que tienen en cuenta los intereses de los trabajadores y los pueblos que no afectaran la economía de las grandes mayorías populares.

Notas:

[1]. LA REFINERÍA DEL PACÍFICO O DE MANABÍ: ¿UNA NECESIDAD?. Mariano Santos.

http://periodicoopcion.com/la-refineria-del-pacifico-o-de-manabi-una-necesidad/

[2]. China, el paraíso (y el caos) de la moto eléctrica. 18 febrero 2017.

https://elpais.com/economia/2017/02/17/actualidad/1487327869_238684.html

[3]. Guayaquil da el primer paso hacia la movilidad eléctrica. Diario Expreso, 14 marzo 2018.

[4]. El Instituto Europeo del Cobre calcula que recorrer cien kilómetros en coche eléctrico cuesta en España menos de un euro. 09 de mayo de 2018.

https://www.energias-renovables.com/movilidad/el-instituto-europeo-del-cobre-calcula-que-20180509

[5]. Ecuador usa solo 47% de su capacidad energética. El Universo, 8 de abril, 2018.