Por Francisco Escandón Guevara

El Ecuador está siendo usado como territorio para la exportación de drogas y para el lavado de dinero, pero aquella relación condicional que vincula seguridad con presencia de los Estados Unidos de Norteamérica es una falacia.

Esa conexión no es inocente. Detrás del discurso de combatir al narcotráfico está la intencionalidad de profundizar las relaciones con la superpotencia y también reposicionar los intereses geopolíticos amenazados por las inversiones del imperialismo chino en el continente.

Así la administración Trump reedita la doctrina Monroe, “América para los americanos”, y exige que los países se subordinen a sus planes de seguridad.

El gobierno de Moreno dócilmente, luego del asesinato de los periodistas de diario El Comercio, formalizó la presencia de la Oficina de Cooperación de Seguridad, adscrita al Departamento de Estado norteamericano, y ahora anuncia que se les permitirá el uso del aeropuerto en la Isla de San Cristóbal para tareas de permanencia, reabastecimiento y facilidades de interceptación de sus aviones.

Aunque el régimen diga que no se instalará una nueva base militar, es evidente la cesión de soberanía nacional que se junta a otros factores (especies animales introducidas, turismo no sustentable, flora y fauna amenazada por el calentamiento global, pesca de especies prohibidas por flotas depredadoras internacionales, vías marítimas para el tránsito de estupefacientes gracias a la aprobación de la CONVEMAR en el correísmo, etc.) que amenazan el frágil ecosistema de las Islas Encantadas.

El archipiélago es clave para los propósitos estratégicos del imperialismo norteamericano. Antes ya trataron de adueñárselo, más lo que lograron fue instalar una base militar en Baltra, durante la Segunda Guerra Mundial, en la que aún existe abundante basura.

Con el nuevo portaviones se afirma la dependencia del Ecuador y su colaboración con los afanes de neocolonización de la superpotencia. Moreno será el responsable de la inestabilidad política-ambiental de la región e incluso de que las Galápagos puedan perder el estatus de Patrimonio Natural de la Humanidad.

Este es otro tropiezo del gobierno y una nueva razón para luchar.