Por Raúl Marco / España

 

 

El 19 de agosto de 1936, fue asesinado por los fascistas en Granada Federico García Lorca. La orden la dio el siniestro general Queipo de Llano, « ¡Darle café, mucho café!1» gritó cuando el gobernador civil le preguntó qué hacer con el poeta. Junto a él fueron fusilados un maestro de escuela, Dióscoro Galindo, y dos torerillos, Francisco Galadí y Joaquín Arcollar, su terrible crimen: eran republicanos.

Veinte años antes en un texto que se puede decir premonitorio, escribía García Lorca:

« ¡Ay, desdichada España! ¡País de negruras, de fuego y horror! ¡Apoteosis de imbecilidad dirigida por curas lujuriosos, toreros, chulos, prostitutas sin alma, ladrones de frac e ignorantes de fe! […] ¡Tierra mártir de unos cuantos espectros del mal que maman en tus ricos senos de pureza y tu hermosura! ¡Ay, desierto en donde mueren las ideas grandes! ¡Ay, pueblo débil y durmiente que has asesinado a Alonso Quijano el Bueno! […] ¡Ay, moribunda España! ¡Hombres sin sangre y sin bríos, amordazados por los vampiros de la noche de la razón…! ¡Desdichado país cubierto de cipreses de muerte…! Estabas hundido en los ponzoñosos lagos de los crímenes políticos y unos caballeros andantes del bien te quisieron salvar. ¡Ay, y no pudieron porque tu corazón no se despertó del todo y volcaron sobre él la fuerza eternamente injusta! ¡Ay, mártires de las ideas de la fraternidad, calumniados por los eternos comediantes del mal! ¡Nubes de apasionamiento y romanticismo que os disolvieron antes de que escanciarais vuestros perfumes! ¡Hombres todo corazón que pasasteis un calvario de dolor entre los que se llaman patriotas!¡Espíritu de amistad que os cortaron las alas en el primer vuelo gigante! ¡Caballeros pregoneros del humilde que quisisteis escribir la salvación sobre el cadáver de España!¡Amaneceres de juventud que cubrió con su manto ignominioso la vejez desastrosa! ¡Sacrificados de vuestros sentimientos que abandonasteis vuestro bienestar del hogar por amor a vuestro pueblo! ¡Admirables valientes de la verdad! Ya lo veis, los que ordenan las cosas de vuestro país os arrojan tonsurados y disfrazados con el traje afrentoso sobre un lago de horror para toda vuestra vida. […] Vuestro pueblo rugirá. Aún es león. ¿Dónde están los poetas para que lloren? ¿Dónde se ocultan las liras del dolor? ¿Por qué senda se perdieron los ecos del español toda pasión? … ¡Admirables caballeros de la igualdad! ¡El divino poeta Hugo está llorando por vosotros en el infinito!2»

Hasta ahora no se ha encontrado el lugar donde fue enterrado, quizá sea uno más de los miles arrojados a una fosa común…

El deleznable general que ordenó que le dieran «Café» está venerado como un santo, con honores de Estado, en la Basílica de Sevilla, al igual que su conmilitón, Francisco Franco Bahamonde, está en el llamado Valle de los Caídos, en espera de ser desalojado del lugar, si el Sr. Sánchez cumple su palabra y atiende el clamor popular. Ya advirtió García Lorca:

«Tienen, por eso no lloran,

de plomo las calaveras.

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El viento, vuelve desnudo

 la esquina de la sorpresa,

 en la noche platinoche

 noche, que noche nochera.»

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1 En la jerga falangista de la época, significaba “matar, rematar”.

2 Texto inédito, cedido por la Fundación García Lorca. “La memoria y la sangre» Ed. Vanguardia Obrera, 1986