Por Rosita Guamá

El gobierno de Lasso está pagando piso por sus constantes desaciertos,  durante estos  5 meses de gestión no ha dado soluciones a los problemas que demandan el país y la mayoría de los ecuatorianos.

Una de sus más importantes promesas de campaña electoral  fue la generación de  empleo; se suma la ineptitud frente a la débil política de seguridad que  ha sido incapaz de enfrentar, la delincuencia crece conforme aumenta la desocupación y la pobreza. Las cárceles se le va de las manos, bandas delincuenciales y del narcotráfico al parecer controlan los distintos  centros de rehabilitación. ¿Cuál era su política de gobierno para resolver estos problemas que ya eran conocidos? Llegar al gobierno sin un programa tiene su costo.

La nueva factura que el pueblo le pasa en estos momentos es  por la famosísima «Ley de oportunidades»  la misma que  demostró  una profunda falta de respeto a los  trabajadores,  desconsideración frente a un pueblo que ya venía golpeado por el gobierno anterior en la pandemia. Hoy  gobierna sin  la Asamblea  a su favor; el pueblo  jamás olvidará  que  por sus ambiciones de poder al no permitir el reconteo de votos le dejaron ver como  que entró  a Carondelet por la “ventana”. Y para cerrar, no atinan a justificar las filtraciones y  el escándalo de los PANDORA PAPERS, pues tendrán que explicar de dónde provino el dinero que escondía en paraísos fiscales  o por qué  lo escondía para no pagar impuestos.

Esta situación los tiene asustados  por que los índices de credibilidad  a la baja son rotundos. Según la encuestadora Perfiles de Opinión se encuentra en 34.01 % de credibilidad.  Su acción gubernamental   va en picada de forma drástica; hasta aquí, la respuesta es amenazas a los trabajadores y organizaciones sociales, se hace de la vista gorda frente a la escalada brutal del precio de los combustibles que encarecen el costo de la vida. ¿Será que le quedó grande el traje de presidente o son sus ambiciones neoliberales las que le causan ceguera aguda? 

Una cosa es gobernar con el pueblo y otra es gobernar contra el pueblo. Una vez más queda claro que ningún rico resolverá el hambre de los pobres, sino su propia lucha,  porque » Solo el Pueblo Salva al Pueblo».