Por Jairo Gusqui /Galápagos

“Sueñan las pulgas con comprarse un perro
Y sueñan los nadies con salir de pobres
Que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte;
Pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznitas cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba

Los nadies, los hijos de nadie, los dueños de nada
Que no son, aunque sean
Que no hablan idiomas, sino dialectos
Que no profesan religiones, sino supersticiones
Que no hacen arte, sino artesanía
Que no practican cultura, sino folklore
Que no son seres humanos, sino recursos humanos
Que no tiene cara, sino brazos
Que no tienen nombre, sino número
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata”

Eduardo Galeano

Entre volcanes escudos y grietas de agua salobre. Entre roca volcánica y azufre se levantan puertos de agua turquesa, con arena blanca y arena roja. Lobos marinos y tortugas gigantes, caminan por las calles de adoquín y asfalto en estas mini ciudades, intentando alcanzar armonía entre la naturaleza y el humano, impensables en esta época cuando el hombre parece haber construido su realidad en grises ciudades, sintiéndose dueño y señor de la existencia.

Galápagos ha sido considerado desde hace siglos como el “último paraíso”. Eso se explica, tal vez, porque desde 1535 las visitas a las islas han sido motivadas desde el  concepto de“islas encantadas” y hasta el casi infantil reencuentro con “lo natural”.

¿Lo natural significa olvidar que los humanos y su cultura existen en el Archipiélago?

Esta invisibilidad de los grupos humanos no es fortuita, es creada, es a propósito, es de esas acciones que se planifican y se organizan desde afuera; con la finalidad de mantener más atractivo el “producto turístico”. Por ejemplo, el centro de crianza de tortugas gigantes, que se llama Centro de Crianza de Tortugas Gigantes Fausto Llerena desde 1999, muchos guías y operadores turísticos le llaman “Estación Darwin” No obstante, el nombre oficial está dado en honor a uno de los más antiguos guardaparques de la provincia; es más “cool y nice” decir Darwin que Llerena.

Pero esta invisibilidad de los galapagueños en el paraíso lo puede notar cualquiera que, por ejemplo, haga un pequeño recorrido por el barrio Miraflores, en la isla Santa Cruz, ahí hay lugares en el “PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD”; donde viven varias familias en cuartos pequeños y todos ellos comparten un baño. Sumado a esto; los pequeñísimos espacios en los que se construyen casas como en el barrio La Cascada donde los callejones apenas dejan circular una camioneta que son los taxis de la localidad.

Así pues, la pobreza, violencia, corrupción, consumo de drogas, alcohol y otros “vicios” que no se mencionan en alta voz porque “afecta al turismo” han permeado en la sociedad de Galápagos que se pierde entre el VIH y el tráfico de drogas, de combustibles, de la vida silvestre y la pesca ilegal extranjera. Todo esto en un lugar donde todos se conocen y nadie hace nada porque los vínculos son de sangre y de afinidad.

Las calles de Galápagos se rompen, las rocas volcánicas se fracturan por el grito profundo de la madre y el padre que ya no tiene pan en la mesa para sus hijos y de aquellos que sus hijos no tienen educación digna a falta de internet y los que seguimos bebiendo agua con coliformes fecales. Hoy vivimos en carne propia las negligencias de los caciques de las islas, en sus haciendas se han perdido años de nuestro esfuerzo.

El despertar de los galapagueños

Pero esta indiferencia llegó al límite en el 2020. Desde siempre hasta nuestros días, los pueblos del mundo han visto en la movilización social y “el paro” las mejores herramientas para llamar la atención de los gobernantes. Así lo reseñan los pescadores, los profesores, sindicatos, las Juntas Ciudadanas entre otros. Este año, armados de esperanza vieron en la “justa lucha social” su fortaleza e hicieron al poder, volver la mirada, hacia los olvidados habitantes de las islas.

Este despertar logró que el estado ecuatoriano en el Pleno del Consejo de Gobierno se siente en “la silla de los acusados” y empiece a debatir la propuesta de los ciudadanos quienes, luego de una semana de lucha y solidaridad frente al edificio de Consejo de Gobierno, trabajando día y noche en alternativas a los problemas que enfrentamos en las islas hicimos que nuestras aspiraciones se discutan.

Luego de cuatro meses del inicio de la pandemia parece que la estrategia del estado es el “Sálvense quien pueda” porque “ya no hay razones” para preocuparse; están abiertos los aeropuertos y los turistas nacionales ya pueden visitar Galápagos.

Que no nos sorprenda que luego de varios meses de abandono provocado nos digan una vez más que el estado no tiene plata y que no le pidamos nada porque solo para eso servimos, para “pedir y pedir”. Que no nos sorprenda que nuevamente el estado cierre las puertas a las justas luchas y abra los brazos a la inversión extranjera de sus amigos.

Hay quienes creen que el dios mercado debe gobernar el mundo. Mas, al toparse con lugares como Galápagos caen en una gran contradicción. “Libertad para el dios mercado” cuando les conviene, la “competitividad” para los trabajadores y pequeños negocios, pero a los grandes capitales, por razones de “conservación” no los suben al carro de “la libre competencia”.

Mientras algunos responden a la crisis, desde sus balcones y tomando té, los trabajadores vemos como nuestros amigos y familiares en el continente se mueren sin el más mínimo respeto a sus vidas y sus historias. Desaparecen. Mientras, en las islas, estamos tejiendo redes de apoyo y solidaridad, de comida y amistad.

Cuando esto se acabe debemos recordar quienes han sido los que mostraron “su verdadera cara” y quienes solo ven desde la escotilla, especialmente aquellos que criminalizan la pobreza y la desesperación. De aquellos honorables que se reparten los hospitales, de los empresarios exitosos que venden las fundas para los muertos con sobreprecio. Para los que más importante es pagar la deuda externa que a los médicos y maestros.

En los próximos meses nos esperan decisiones muy importantes, no volvamos a cometer los mismos errores. De esta salimos juntos como comunidad para construir un país nuevo y diferente.