Por: Mateo Rodríguez

El levantamiento popular que duró 11 días y que fue protagonizado por el movimiento indígena, jóvenes, mujeres, trabajadores, pobladores de los barrios populares, trabajadores autónomos entre otros, alcanzó un triunfo al conseguir la derogatoria del decreto 883, mediante el cual el gobierno liberalizó los precios de los combustibles y eliminó el subsidio a la gasolina extra y el diésel.

Los pueblos con su lucha derrotaron al gobierno, que con su brutal represión intentó acallar el reclamo popular; la derecha y el imperialismo, que cerraron filas tras Moreno; y, el correísmo que intentó aprovechar el movimiento para dar un golpe de Estado.  Los temores del gobierno y la burguesía de que caiga Moreno hicieron que la Asamblea Nacional no se reúna, quede postrada voluntariamente, lo que acrecienta su desprestigio.

El gobierno lanzó el paquete económico creyendo que la respuesta popular iba ser pequeña o nula. Apostaron a llegar al feriado para que la insatisfacción decaiga. Todos estos cálculos fracasaron, Moreno subestimó al pueblo y se equivocó. Frente a esto, el gobierno apostó a la represión, puso a María Paula Romo y Oswaldo Jarrín como los principales alfiles para perseguir al pueblo; se dictó estado de excepción en todo el territorio y se ordenó desatar una gran represión a la manifestación lo que causó 8 muertos, 1192 detenidos, 1340 heridos.

La burguesía cerró filas tras Moreno, la confrontación con el levantamiento hizo que se muestren sus actitudes racistas y prepotentes. Las declaraciones de Nebot y de la alcaldesa de Guayaquil Cinthya Viteri que llamaron a que los “indígenas se queden en el páramo” y de que “no permitirán que vengan a Guayaquil” son muestra de ello. El sentido de identidad de las clases dominantes unificó a las distintas facciones y grupos monopólicos, el pedido de represión y cárcel se generalizó entre la burguesía, sea esta socialcristiana o socialdemócrata. La acción de la oligarquía trató de ser llevada a las calles, pero la intención que quisieron hacer con sus marchas blancas (Nutela boy´s) fracasó. Una vez derrotados se atrincheraron en las redes sociales donde afloraron sus expresiones racistas y de desprecio a los luchadores populares.

Esta acción de lucha fue generalizada en todo el país, las grandes movilizaciones populares se combinaron con las distintas formas del combate callejero. La represión no pudo con el pueblo levantado, decenas de militares y policías se entregaron o fueron retenidos por los pobladores, varias tanquetas del ejército quedaron inutilizadas. Los luchadores aprendieron cada día a defenderse, la lucha directa contra el Estado se convirtió en una escuela de resistencia y solidaridad. Cabe destacar la combatividad, el arrojo de la juventud que cumplió el papel de fuerza de choque en estos combates, y la acción de la mujer indígena que, una vez más, muestra su valentía. La orientación del movimiento indígena de concentrar fuerzas en Quito manteniendo también la lucha en sus territorios, es un comportamiento nuevo en relación a los levantamientos anteriores, ellos conjuntamente con el accionar de los sectores urbanos terminaron sitiando  la Capital.

Los resultados de esta lucha fueron posibles por la magnitud de la protesta que tuvo como eje principal la unidad en la acción de las distintas organizaciones sociales y populares. La constitución del Colectivo de Dirección (instancia de unidad y coordinación entre la Conaie, el Fut y el Frente Popular) jugó un papel importante. En las provincias se realizaron asambleas que permitió preparar la lucha. Esta coordinación hizo posible que actúen en conjunto los distintos sectores haciendo que muchas capitales provinciales se paralicen. La Huelga Nacional convocada para el 9 de octubre, y que fuera empujada desde meses atrás, se convirtió en un punto importante en esta jornada fue un salto importante en el desarrollo de la lucha, misma que llegó a sus niveles más altos el 12 de octubre, días en los cuales, pese al toque de queda, los pueblos de Quito y del país siguieron combatiendo y enfrentando al ejército y la policía.

Las organizaciones políticas de izquierda jugaron un papel importante, combatieron junto a los pueblos que se tomaron las calles y plazas de las ciudades del país. Las distintas estructuras políticas fueron dando aliento y dirección a la pelea, permitiendo de esta manera que los pueblos en lucha pisoteen y sobrepasaron el estado de excepción, el toque de queda, la desinformación de los medios de la burguesía.

Cabe reconocer la solidaridad internacional, el accionar de los partidos hermanos, así como de los ecuatorianos residentes en el exterior. En varios países se desarrollaron plantones y mítines frente a las embajadas.

Este levantamiento pone en una nueva situación ideológica y política al movimiento popular. Permite que su organización se desarrolle y crezca.