Por: Sandra Peñaherrera

A lo largo de la historia, las mujeres han sido sometidas al cumplimiento de “las funciones naturales” de dar placer, reproducir, criar hijos y cumplir con las tareas domésticas y este pensamiento de sometimiento se fundamenta en la lógica del poder, creado sobre intereses históricos a partir de la división sexual del trabajo y fortalecidos luego por la Iglesia y el Estado, creando un sentido de rechazo social hacia las mujeres e impidiendo que ocupen espacios de poder, públicos y decisorios que han definido el modo en que las mujeres ocupan su lugar en la producción.

Las mujeres perciben de la misma manera la desigualdad y la discriminación en el ámbito de las artes al igual que en todas las áreas de trabajo; la lucha impulsada por las mujeres en la producción artística trata de lograr una resignificación de sus cuerpos y de los roles femeninos, otorgarle a través del arte un sentido diferente al que han tenido a través de la historia, la intención de deconstruir las estructuras que imponen patrones binarios entre  hombres y mujeres traducidas en una disputa desleal por el poder, dicha deconstrucción debe necesariamente abatir, desmontar y demoler la situación de desigualdad de las mujeres en relación a la de los hombres demostrada a través de la historia de las artes, partiendo desde una comprensión clara del modo en el que esto se ha edificado, para así garantizar la  igualdad de oportunidades para hombres y mujeres.

Desde la deconstrucción cultural las mujeres abandonan el papel de objeto musa, de aquella cosa inspiradora basada en sus cuerpos desnudos que proyecta una imagen de posesión, en especial de consumo y se convierten en sujetos,  en creadoras, en productoras de arte, como una forma notoria de reconstrucción de los patrones de feminidad socialmente predeterminados. El cuerpo femenino en la historia, ha sido utilizado en función de otros, para el goce, placer y satisfacción  de otros; mediante patrones de belleza irreales y preservados hasta la actualidad; el cuerpo femenino como arte deja de ser objeto de deseo y se convierte en soporte de temas importantes no tratados, se transforman en actos de resistencia mediante la creación de  lenguajes impensados y con gran profundidad.

La cultura patriarcal como cultura dominante, hace referencia a una construcción masculina que impone una imagen de la mujer imposibilitada de descubrir sus propios rasgos distintivos; al ser el arte considerado como un espacio público, fundamentado como parte de la identidad colonial que ha marcado a las mujeres al uso de papeles secundarios y  que las ha  obligado a tener identidades fraudulentas en una relación de estado, de patriarcado e incluso de explotación, relaciones inequitativas que no admite la figura protagónica de mujeres y que han generado condiciones para controlar su presencia e invisibilizar su real aporte y contribución, han levantado en el imaginario colectivo, estereotipos peyorativos, degenerativos e incluso siniestros sobre las mujeres artistas, sobre sus ideas y sobre sus cuerpos.

Las relaciones entre arte y poder ratifican la existencia de una cultura dominante, este poder es ejercido en las sociedades a través de métodos simbólicos como el lenguaje, discursos, instrumentos visuales, auditivos, procesos sociales, leyes, costumbres, tradiciones y demás, actuando sobre la subjetividad de las personas y afirmando hechos significantes del privilegio del poder de clase, etnia y género.

Las mujeres han encontrado en el arte una forma de emancipación, han asumido consciencia y han definido su posición sobre la concepción del mundo y sobre el destino que van a forjar a través de sus propuestas y producciones artísticas, son consecuentes con la contribución a importantes cambios estructurales, sociales y económicos.

En el Ecuador contamos con valiosas Mujeres Artistas, productoras artísticas destacadas que han hecho del arte su vida, han superado los límites impuestos y se han constituido en referentes, comparten sus testimonios y transmiten experiencias, muchas de ellas luchan por medio del arte en contra del sistema patriarcal, la violencia, las inequidades y en especial contra el status quo; todas ellas trabajan arduamente en la construcción de una cultura alternativa, con el deseo ferviente de lograr trasformaciones sociales, políticas, culturales y ambientales.

cdeEntre ellas tenemos a Luisa Pita y Ruth Montenegro quienes le cantan a la vida y a la memoria; Julia Mayorga, Irina Verdesoto, Sara Utreras, Noemi Laines, Delia Pin Lavayen encarnan los personajes en cada obra de teatro y nos trasladan hacia espacios llenos de magia y emoción; Laura Soto e Ibeth Olmos bailan con pasión el tus tus tas en la Mashca Danza; Tatiana Alpala y Victoria Tobar declaman los versos poéticos y enternecen el alma; Carmen Sol Cevallos y María Eduarda Sevilla impactan y sensibilizan con su baile clásico; ellas y muchas más mujeres hacen del cine, la pintura, la escultura, el grabado, la fotografía, los perfomances, sus espacios de sororidad entre mujeres, de rebeldía, resistencia y de propuesta reivindicativa.