Por Gustavo Báez Tobar*

Hablar de Nelson Mandela es referirse a una de las figuras socio políticas más notables del Siglo XX, en todo el Mundo. Había nacido el l6 de julio de 18 de julio de 1918 “hijo adoptivo de un jefe thembu, fue educado en la cultura tradicional y tribal de sus antepasados.  A temprana edad adquirió conciencia de la ineludible realidad de algo que acabaría llamándose APARTHEID.”.

Aprovechando el confinamiento obligado al que hemos tenido que sumirnos, para defendernos individual y colectivamente, en esta devastadora pandemia de coronavirus, me he fijado entre mis tareas habituales de familia, un horario especial para leer con la comodidad del caso el voluminoso libro: El largo camino hacia la libertad (1) que contiene la autobiografía de Nelson Mandela, admirable héroe de las libertades y derechos ciudadanos de la humanidad. Este apasionante libro me inyectó una dosis de fuerza espiritual en esta cuarentena.

LA OBRA

Consta de once partes, cada una debidamente nominada, está repartida en 115 capítulos de efusiva lectura, de un estilo elegante y de un creciente interés; es imposible en cortas líneas hacer un resumen, pero voy a intentarlo. Mi intención con la presente nota es rendir homenaje de admiración a este Tata, pues así lo trataban: PADRE DE LA NACIÓN SUDAFRICANA.

Admirable este héroe de las libertades. Había nacido con ese ADN en su sangre: convertirse en liberador de su pueblo,  de sus compañeros negros, esclavizados cientos de años por los blancos con la célebre ley del APARTHEID, que los constriñó a una vida infrahumana, ya que sobre ellos pesaba la dura Constitución  que los reprimía cruelmente, con la persecución, la tortura, la cárcel, el exilio… cuando no con la muerte, sin derecho a ninguna defensa.

La obra cuenta admirables hechos de heroicidad en los que prevalece su fortaleza física, espiritual y moral. Desde muy joven se sumó al CNA, Congreso Nacional Africano, partido radical que tenía como supremo ideal promover la lucha antisegregacionista y la implementación de un gobierno democrático para una Sudáfrica digna y libre que trate por igual a negros, mestizos, blancos y otros grupos raciales, luchar contra el colonialismo que se había ensañado  como sistema de  gobierno liderado por los blancos: explotadores, criminales, que habían  acabado con la vida de cientos de miles de trabajadores, hombres,  mujeres y niños.

EL JUICIO DE RIVONIA

El movimiento anticolonialista CNA se había agrandado tanto que empezó a tener mucha fuerza. Nelson Mandela comenzaba a ser considerado como un brillante líder y por ello el grupo se robusteció con solventes profesionales del derecho, de la vida pública y privada;  así fue sumando la colaboración de otros grupos afines, algunos de los cuales -saliéndose de la línea pacifista-, se convirtieron en violentos y terroristas. Había pasado la primera mitad del siglo XX y los anhelos de una Sudáfrica libre crecían considerablemente. Mandela se había convertido en la cabeza visible de este revolucionario movimiento que fue perseguido; tuvo que combatir desde la clandestinidad en su propia tierra o fuera de ella. Como incógnito viajó a otros países de África para concientizar a los gobernantes acerca de la filosofía pacifista de su lucha y obtener de ellos respaldo y ayuda.

Antes se había casado, en segundas nupcias, con WINNIE MADIKIZALA,  hermosa mujer con la que procreó dos hijos y una hija, bella como su madre. Wennie se convirtió en la mujer de su vida. Dos vidas paralelas en el amor y en los grandes ideales, fiel y leal a la causa, no le importó ausencias de su esposo, ni persecuciones y apresamientos injustos, ni allanamientos contra su propiedad, en Johanesburgo. Mientras se lo permitían, de vez en cuando lo visitaba en la cárcel, no le importaba  el  vía crucis que para ello tenía que soportar; como viajar largas distancias y verse a través del vidrio, y entrevistarse apenas 30 minutos,  con su amado Nelson. Ella lo acompañaba en las audiencias y para él era un soporte espiritual para no decaer en sus convicciones liberacionistas.

Mientras tanto en Sudáfrica la lucha crecía y cuando regresó a su país fue encarcelado y sometido a juicio que duró algunos meses. En las salas de RIVONIA se realizaron las audiencias, contra Nelson  Mandela y una treintena más de valientes líderes, ante un Tribunal integrado totalmente por blancos. Se lo conoció como el JUICIO DEL SIGLO. Era el JUICIO DEL ESTADO CONTRA EL CNA, pero más propio era llamarlo EL ESTADO CONTRA NELSON MANDELA, figura visible de  esta desigual confrontación que había concitado la atención mundial.

Mandela, para entonces era ABOGADO, se había graduado en la Universidad de Johanesburgo  y había compartido un set de destacados jurisconsultos,  muy  conocidos y  alineados con el movimiento. De esta forma se inició como un gran polemista, y en el juicio tuvo la oportunidad de asumir su propia defensa. Aunque otros abogados  de la defensa que le acompañaron en la última audiencia en la que se “discutirían” dos alternativas: la pena de muerte o prisión perpetua,  le aconsejaron que pidiera clemencia al Tribunal para que aminoraran la pena. Pero este héroe de las libertades, Nelson Mandela, se las jugó enteras, no consintió ceder ni un milímetro a sus ideales, y en un discurso pleno de sabiduría y coraje, con  una pieza oratoria de gran calidad jurídica mantuvo su indeclinable decisión.

Para conocimiento de los pacientes lectores, quiero compartir solo un fragmento, el último párrafo de este histórico discurso digno de enmarcarlo en un cuadro de oro en la historia de la humanidad:

“HE DEDICADO TODA MI VIDA A LA LUCHA DEL PUEBLO AFRICANO. HE COMBATIDO LA DOMINACIÓN BLANCA Y HE COMBATIDO LA DOMINACIÓN NEGRA. HE ACARICIADO EL IDEAL DE UNA SOCIEDAD DEMOCRÁTICA Y LIBRE, EN LA QUE TODAS LAS PERSONAS CONVIVAN JUNTAS CON ARMONÍA Y CON IGUALDAD DE OPORTUNIDADES. ES UN IDEAL PARA EL QUE ESPERO VIVIR Y QUE ASPIRO ALCANZAR. PERO, SI ES NECESARIO, ES UN IDEAL POR EL QUE ESTOY DISPUESTO A MORIR”. Era el 29 de febrero de 1954.

LA DURA CONDENA

Los jueces se tomaron unos meses más hasta dictar la sentencia. Al final se dio el 12 de junio. Los jueces, todos blancos, totalmente parcializados a favor del gobierno, el con el pobre argumento: “de alta traición a la patria”,  condenaron a Nelson Mandela y otros dos principales combatientes de la libertad, a cadena perpetua; sentencia que la recibieron  con ligera sonrisa y el brazo derecho en alto, porque, al fin y al cabo estaban VIVOS. El pedido unánime de la ONU y otros Parlamentos de los principales países del Mundo, para que se los liberara, no logró cambiar la injusta sentencia. Dentro de la sala y fuera de ella una multitud proclamaba, en su idioma, con el brazo derecho en alto y el pulgar extendido: ¡LIBERTAD, LIBERTAD!  

LA ISLA DE ROBBEN

Poco tiempo estuvo en la cárcel de Pretoria, la capital de Sudáfrica, para luego ser conducido  con los demás condenados al centro penitenciario de la isla Robeen, al suroccidente de la nación. Allí pasó l8 de los 27 años de confinamiento. Esta cárcel se había convertido en el centro de reclusión política, en él se iban incluyéndo de tiempo en tiempo más y más revolucionarios sentenciados, unos de la misma línea de Mandela, otros, los más jóvenes, de posiciones aún  más radicales.

Fueron sometidos a trabajos  forzados, con pico y pala, los llevaban a una cantera de calizas situada a varios kilómetros de distancias. A veces iban en furgones, otras, a pies, lo cual les convenía más, porque, según Mandela, les ayudaba a conservar su estado físico, e iban conversando para  planificar – sigilosamente- nuevas estrategias  a fin de  ir conquistando de a poco mejoras en el trato, en la alimentación…, pedían igualdad de condiciones, o el uso de pantalón largo en lugar de cortos; los tenían en diferentes pabellones y los cambiaban con frecuencia; casi todos se conocían entre sí, o al menos los principales. Cuando de enfrentar a los jefes se trataba, Mandela era el portavoz; él, como conocedor del Derecho, iba conminándoles a cambios sustanciales en la  prisión; pues, eran presos, pero seres humanos al fin, que requerían un trato humanitario y digno.

Unas conquistas llegaban pronto, otras tenían que esperar meses hasta que den el visto bueno las autoridades superiores. Por ejemplo consiguieron el préstamo de libros y la continuación de sus estudios por correspondencia, de lo que aprovechó Mandela para doctorarse en derecho en una Universidad británica. Por lo general no se les permitía la lectura de ningún periódico. Las noticias las llegaban subrepticiamente, a través de algún familiar que hablaba en clave o por la llegada de un nuevo preso que les contaba de los avances en la lucha: una huelga más de los trabajadores, un nuevo atentado contra los estamentos del gobierno, etc. que les alentaba  a mantener incólume su ánimo libertario.

CAMBIO DE RECINTO CARCELARIO

El nuevo “hogar carcelario” fue Pollsmoor, cerca de la Ciudad de El Cabo,  donde permaneció casi 10 años. En ese lapso tuvo que ser intervenido quirúrgicamente en dos ocasiones, la más grave  la del pulmón, pues había contraído una afección, debido a la celda húmeda. La presión internacional había ejercido gran influencia, lo mismo que la Prensa, para que al fin consiguiera la amnistía por parte del Gobierno Sudafricano, a los 10.000 días de haber estado encarcelado. La excarcelación fue todo un acontecimiento. Multitudinarias manifestaciones celebraron la libertad de Nelson Mandela, y, en todas partes querían tenerlo para rendirle homenajes y escuchar su palabra.

Pese a estar libre, no se pudo firmar un acuerdo para que se den las elecciones de un gobierno democrático. Pero tenía la venia del CNA para entrar en conversaciones directas con el presidente Frederik  de Klerk; lo que se dio  luego muchos meses  de cabildeos, con gran  persistencia y tenacidad. Nunca desmayó en la lucha hasta conseguir el Acuerdo para poner término a las  hostilidades, por lo cual tanto Nelson Mandela como Klerk recibieron el Premio Nobel de la Paz en 1993.

LAS ELECCIONES Y EL PRIMER VOTO DE SU VIDA

Las elecciones se realizaron en abril de 1994. Nelson Mandela votó por primera vez en su vida, así como cientos de miles de sudafricanos. Ejercitó su derecho a elegir y ser elegido, después de casi 70 años de lucha. Una lucha que mereció la pena para acceder a la Asamblea que lo escogió como el primer Presidente negro y demócrata.

La posesión oficial se efectuó en mayo, lo acompañaron muchísimos representantes de los principales  países del Mundo libre. Ejerció su mandato desde  el 9 de mayo de 1994 hasta  el l6 de junio de 1999.  Le pidieron ser reelecto, pero él, como filósofo de la democracia, no aceptó. Se retiró de la política con todos los honores, hablando la verdad a los suyos y con las manos limpias, como ejemplo de honestidad permanente, digna de imitarse, para salvar al Mundo de sátrapas y dictadores.  Había recibido como recompensa más de 250 reconocimientos nacionales e internacionales, pero eso le volvió más humilde y más grande, porque había cumplido la sublime función de su existencia: SERVIR.

Se retiró a la vida privada que la dedicó a las obras de beneficencia. Organizó la “Fundación NELSON MANDELA”, que se preocupó principalmente de combatir la pandemia del SIDA, que asolaba peligrosamente la región. En 2013 dejó de existir este apóstol de la humanidad, a los 95 años de edad, después de dejar una estela de servicio y entrega total a la grandiosa causa libertaria de su pueblo. Con su vida dio testimonio de lealtad a sus principios de igualdad entre todos los seres humanos, democracia, honestidad.

Nelson Mandela  seguirá viviendo como un dechado de libertad,  junto a extraordinarios patricios como: Simón Bolívar, Martin Luther King, Mahatma Gandhi, Santa Teresa de Calcuta, que seguirán iluminando la conciencia del Mundo.

*Miembro de la Casa de la Cultura Ecuatoriana, Núcleo de Imbabura y del Centro Cultural “Antonio Ante”

Notas.

  1. EL  LARGO CAMINO HACIA LA LIBERTAD. Nelson Mandela. Editorial Aguilar, Bogotá Colombia. Edición 11ª. 2019. 661 pp.  (La primera edición se había dado en 2010  y hasta antes de su muerte, acaecida el 5 de diciembre de 2013, la obra había alcanzado la octava edición).

Mayo, 14 de 2020.