Por Gustavo Báez Tobar

 

“Tu verdad, no: LA VERDAD. Y  ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”, sentenció Antonio Machado. Pues, así de complejo es el encuentro de ese enorme valor del espíritu y el pensamiento. Todas las corrientes filosóficas, en todas las instancias de la historia universal han perseguido  este esencial principio, por eso, no se ha escatimado  método alguno hasta lograr el tesoro  ineludible de LA VERDAD. Se dice, con mucha razón, que la poesía de la ciencia es la verdad.

Los días que vivimos son de permanente incertidumbre y desazón. Un escándalo ha sucedido a otro, cual más asombroso. La fatídica década que hubo de sobrellevar el pueblo ecuatoriana al soportar a un melómano en el poder, que tenía la osadía de considerarse dueño de la verdad, fue tremendamente negativa, por el espantoso atraco al erario nacional y por la desinstitucionalización del país. Alrededor de tan malhadado déspota se acumularon en un apretado enjambre de  funcionarios ambiciosos y deshonestos, algunos privados de la libertad, otros prófugos; y para el ex presidente Rafael Correa y sus oportunistas adláteres, parece que comienza copiosa avalancha  de llamamientos a juicio.

La gran pregunta es: ¿Qué de bueno podrán aprender los jóvenes y las nuevas generaciones de tan aberrantes lecciones  dejadas por políticos que se auto tildaron de patriotas y salvadores de la Patria? ¿De revolucionarios? ¿De ideólogos del socialismo del Siglo XXI?

Nos espera una tarea dura para reaprender los fundamentos  deontológicos de la democracia, para aplicarla con solvencia…con credibilidad, en todos los estamentos del convivir nacional, principalmente en la política comprendida ésta como ciencia de servicio a los demás: no  para servirse de ella. Tarea dura digo, como durísima es la de descorreizar al país de los elementos enquistas en las propias esferas gubernamentales, que tanto interfieren para la aplicación de la justicia y  el esclarecimiento de tanto delito cometido por la soberbia, el egotismo de aquel que algún día le endilgaron un  “alias”: “una mentira por minuto”, según lo revela el periodista e investigador argentino Nicolás Márquez, en su obra “El Cuentero de Carondelet”, publicada en 2013.

De “cataclismo” ha calificado el Presidente Lenín Moreno  en un foro internacional a la situación económica que nos legó el anterior  gobierno. Palabra atroz y desesperanzadora. Una postal terrorífica, que se acerca a la realidad de los hechos desgraciadamente consumados. Los perjuicios son incuantificables en sentido monetario, ético y moral, así como  de desprestigio internacional.

Ante todo esto es imposible bajar la guardia; bajar los brazos. Nuestra posición debe ser firme  y exigente para  la develación de la verdad en todos los crímenes y defraudaciones, no por odio  ni ánimo revanchista, sino para la aplicación de la justicia; para anular la impunidad. Tenemos que salir del pantano, “Volar sobre el pantano”, como aconsejaría Cuactémoc Sánchez.

Por la dignidad de la Patria, la consecución  de la  verdad es un imperativo inaplazable. Empero, si importante es la búsqueda de la verdad, es urgente la lucha contra la mentira. Así lo aconseja el prestigioso Académico de la Lengua y de Historia, Jorge Isaac Cazorla: “El engaño no puede reinar por largo tiempo en el seno de una sociedad civilizada, porque el amor a la verdad y el deseo de combatir la mentira son inclinaciones naturales en todos los hombres”.