La culpa no es del periodista por ir a un territorio a cubrir la violencia. La culpa no es del comunicador por hacer su trabajo: comunicar desde los lugares más difíciles. ¡La culpa nunca es de la víctima! (Ana Acosta)

Desde que se conoció la noticia del secuestro del equipo periodístico de Diario El Comercio, la preocupación por parte de quienes pertenecen al gremio se hizo presente en distintas acciones de solidaridad y exigiendo al gobierno que se tomen acciones para su liberación, mientras que desde el lado del oficialismo reinaba la intención de mantener un hermetismo respecto a la información de quiénes eran y cuál era el proceso a seguir.

Tras varios días de declaraciones inconsistentes por parte del Ministro del Interior César Navas y de no especificar qué acciones se estaban tomando en cuenta para rescatar con bien a los secuestrados, mientras que familiares, amigos y colegas exigían que se tomen las acciones pertinentes para traerlos de vuelta. Sin embargo, el final lamentablemente fue trágico: en una rueda de prensa el viernes 13 de abril el presidente Lenín Moreno confirmó el fallecimiento de Paul Rivas, Xavier Ortega y Efraín Segarra en manos del grupo de narco paramilitares que los retenían.

Aquel momento lleno de dolor e indignación para todos los periodistas, hizo que a viva voz y frontalmente cuestionen la capacidad del Estado para afrontar este tipo de conflictos; de ahí empezaron la exigencia de claridad en el caso, que la verdad salga a flote en honor a sus colegas. OPCIÓN tuvo la oportunidad de conversar con algunos comunicadores al respecto.

Para Diego Talledo, fotoperiodista de diario El Comercio, esta situación resulta bastante preocupante, puesto que “es un sentimiento que no se puede describir sobre algo que nunca pensamos que iba a pasar, vivíamos en una realidad lejana y que ahora es muy cercana. Me preocupa que esto puede ser el principio de algo mucho más grave, la gente debe tomar conciencia de que esto no es una cuestión solamente del gremio periodístico, ésta es una cuestión de todos, de todo el país”, sostiene.

Por su parte, Mauricio Chiluisa, estudiante de Comunicación Social de la Universidad Técnica de Cotopaxi, considera que este acontecimiento ha demostrado que el oficio de ser periodista conlleva gran responsabilidad y también grandes riesgos. “Considero que este hecho, más allá de asustar, de amedrentar o quitarle valor a la carrera, ha motivado más y ha fomentado dentro de los estudiantes de comunicación social los valores de la solidaridad, de la búsqueda de la verdad”. Además menciona que las autoridades no supieron manejar la información adecuadamente.

Y es que él no es el único que tiene la percepción de que lo hecho no ha sido suficiente, pues Ricardo Rivas, hermano de Paúl, en una entrevista en BLU Radio cuando le preguntaron si lo hecho ha sido insuficiente su respuesta fue: “Por supuesto, toda la comunidad internacional ha visto que ha primado el interés (del presidente Santos), creo yo, por mantener el Premio Nobel de la Paz sobre la situación de tres vidas humanas, lo puedo volver a repetir delante de él”.

Sin duda ha sido un hecho que ha conmocionado a estudiantes, profesionales de la comunicación y al Ecuador entero, pues muchos no se han imaginado que esta situación se podía dar.

Pero ¿cómo parar esta amenaza de violencia contra los periodistas y el pueblo ecuatoriano?

Para Guadalupe Fierro, presidenta de la Unión Nacional de Periodistas: “El Estado tiene la obligación de preservar la seguridad de periodistas cuando concurren a un frente de riesgo, la solución no es evitar que se informe, todo lo contrario. Hemos demandado al ministro Navas y al gobierno que se cumplan los protocolos de seguridad para el periodismo, cuando tiene que cubrir fuentes de riesgo, porque, como ha dicho Naciones Unidas, la información que proporciona el periodista es una información crítica para la democracia”.

Para Alejandro Alvarado, estudiante de Comunicación social de la Universidad Central del Ecuador, “el Estado debe garantizar el ejercicio de la profesión, indicando los riesgos, y si el periodista en búsqueda de la verdad decidiera sobrepasar esa zona de peligro es obligación del Estado resguardar su seguridad y escoltarlos”.

Paul, Xavier y Efraín, contadores de historias reales pasaron a ser parte de nuestra historia nacional y desde nuestras trincheras de comunicación reivindicaremos su legado, siempre en  busca de la verdad.