Los efectos.

La guerra interna que enfrenta Siria desde hace 7 años ha causado cerca de 500 mil muertos y ha desplazado del país a más de 5 millones de sirios, que huyen en defensa de su vida a países  cercanos y a Europa, mientras otros 500 mil siguen en situación de peligro dentro del país.

A los cientos de miles de muertos y desplazados se suma la destrucción de miles de viviendas, de infraestructura, de escuelas, fábricas y hospitales. Cerca de 70% de la población no tiene acceso a agua potable, una de cada tres personas no puede satisfacer sus necesidades alimentarias básicas, más de dos millones de niños no van a la escuela y una de cada cinco personas vive en la pobreza.

El desamparo en que quedan las familias, sobre todo los niños y las mujeres, es enorme. Según la ONU se necesitan US$ 3.200 millones de ayuda para los 13,5 millones de personas, incluidos seis millones de niños, que requieren asistencia humanitaria dentro del país. Situación que se complica porque las partes en conflicto rechazan el acceso y asistencia de las agencias humanitarias.

Un nuevo ataque de EEUU, Gran Bretaña y Francia.

Usando falsos argumentos y una gran propaganda, Donald Trump ordenó el ataque a Siria la madrugada del sábado 14 de abril, en contubernio con las fuerzas británicas y francesas.  El argumento falaz es que lo hacían en represalia por el al supuesto uso de armas químicas por parte del gobierno sirio. En esta ocasión Alemania e Italia no participaron en esta acción.

Según analistas, la acción norteamericana y sus aliados europeos, responde a la necesidad de sostener su presencia en la zona, desplazada en los últimos tiempos por el protagonismo ruso.  Por su lado, China, que ha mantenido una acción soterrada en el conflicto, ha rechazado los ataques estadounidenses a Siria, calificados como una provocación, un atentado a la paz mundial y un “serio desprecio por las capacidades militares y la dignidad política de Rusia”, según refiere el portal Aporrea, citando al periódico Global Times.

Siria es el escenario de las disputas de las potencias imperialistas, que a su turno bombardean y desangran al pueblo sirio. EEUU, Europa, Rusia, China, Irán, Turquía, Arabia Saudita y otras potencias, buscan un pedazo del Medio Oriente y de Siria, país ubicado en la estratégica zona del mar Mediterráneo.

¿Por qué?

Siria cuenta con petróleo, gas natural, fosfato, asfalto y la sal, además de carbón, mineral de hierro, cobre, plomo y oro; está ubicada estratégicamente a orillas del Mediterráneo, de modo que tanto su riqueza natural como su ubicación hacen de su territorio un espacio en disputa por parte de las potencias. Tiene fronteras con Irán, Turquía, Irak, Jordania. En su territorio, Rusia posee su única base militar en el Mediterráneo.

Sin embargo, las riquezas del suelo sirio no han favorecido a las mayorías populares, por lo que  estas se levantaron en contra del régimen autoritario de Bashar Al Asad, el año 2011, quien respondió con persecución y represión, que se sostuvo y extendió por varios meses hasta convertirse en una guerra civil. Esta circunstancia fue aprovechada por las potencias imperialistas para intervenir. Manipularon a la oposición interna, estimularon el sectarismo religioso, incorporaron  al conflicto sirio a sus engendros, los grupos terroristas ISIS y Al Nusra.

El tira y afloja por el control regional.

Desde 2012 el Consejo de Seguridad de la ONU, organismo al servicio de las grandes potencias, ha buscado la dimisión del gobierno de Bashar Al Asad, planteando la formación de un organismo de transición con amplios poderes ejecutivos, lo que fue rechazado. Las conversaciones de paz de 2014, conocidas como Ginebra II, se volvieron a interrumpir porque el gobierno sirio no aceptó las demandas de la “oposición” y las pretensiones imperialistas.

En enero de 2016, Estados Unidos y Rusia plantearon a los representantes de las partes en guerra que asistieran a «conversaciones de acercamiento» en Ginebra para discutir una ruta de paz del Consejo de Seguridad, que incluía un cese del fuego y un período de transición que llevara a elecciones. Sin embargo, nuevas acciones bélicas interrumpieron esa iniciativa. Para finales de 2016, las treguas parciales comenzaron a ser negociadas entre Rusia y Turquía. En enero de 2017, Rusia, Irán y Turquía anunciaron un acuerdo para un cese al fuego parcial. En abril de ese año, EEUU atacó a Siria con los mismos argumentos del ataque de abril de este año.

Esta es una guerra localizada, donde las más importantes potencias del mundo buscan hacerse con un pedazo de esa región en una disputa que se agudiza cada día y amenaza con extenderse aún más, mientras el pueblo sirio sigue siendo desangrado.