Alejandra Santillana Ortiz[1]

Hace 162 años, un 8 de marzo, 120 mujeres trabajadoras de una fábrica de textiles en Nueva York, murieron en manos de la Policía, luego de una brutal represión cuando marchaban en contra de los bajos salarios que percibían y que constituían menos de la mitad de lo que los hombres recibían por realizar el mismo trabajo[2]. En los siguientes años, las mujeres de aquellos países en donde la industria empezaba a desarrollarse, fueron las protagonistas de varias protestas, movilizaciones y llamados a la huelga en el corazón del movimiento obrero. Lo hicieron en condiciones de pobreza extrema, de interminables jornadas de trabajo, y de vidas marcadas por la humillación, el desprecio, la violencia y el maltrato propios de una sociedad patriarcal donde convivían las relaciones de servidumbre y el capitalismo que se desarrollaba agresivamente. A lo largo de estos casi dos siglos, serán contados y momentáneos los procesos revolucionarios que cambiarán radicalmente las condiciones de subordinación, opresión, explotación y dominación de las mujeres en el mundo. A pesar de eso, en esta historia del capital, el patriarcado y la colonialidad, nosotras no hemos dejado de construir distintos caminos del qué hacer para emanciparnos, y emancipar de esta manera al mundo.

Uno de esos senderos, han sido sin duda los feminismos forjados en estos últimos años, y que son resultado de las distintas luchas democráticas y populares, pero fundamentalmente de la expresa lucha feminista de las últimas seis décadas. Sin desconocer las distintas reflexiones y apuestas de las feministas que pelearon por nuestra incorporación a la participación política, a la igualdad o al empoderamiento; los feminismos de esta época, que alcanzan masivas convocatorias simultáneas en más de 100 países del mundo[3], se sitúan en una crítica profunda a las raíces del actual proyecto de muerte y violencia desplegado por el capital y que ha desatado una guerra sobre las mujeres, los cuerpos feminizados, lxs migrantes, lxs jóvenes y lxs pueblos que se oponen al extractivismo. Las feministas organizadas hemos colocado varios elementos en las calles: la dimensión de la vida cotidiana en las demandas y formas de comprender la política; la intersección entre capitalismo, patriarcado y colonialidad sin jerarquizar las contradicciones ni los fenómenos históricos; y la importancia de construir juntas, otras formas de hacer política, ya no en la manera tradicional y masculina, sino desde una política en femenino. El resultado ha sido contundente: los feminismos se han convertido en referentes políticos y en posibilidades de construcción masiva y plural de una sociedad distinta.

 

Asistimos a un momento del capitalismo caracterizado por guerras, militarización y destrucción de los tejidos de la vida; de éxodos forzados; de saqueo y despojo en territorios indígenas y de enorme riqueza natural; una fase de generalización cada vez mayor de extensas jornadas de trabajo y al mismo tiempo precarización e incertidumbre laboral; por salarios devaluados que no alcanzan para nada; por una alta concentración de riqueza, renta, tierra, en manos de un reducido grupo de capitalistas; que se asemeja al periodo de acumulación originaria de capital y que combina formas de dueñidad y servidumbre en mundo de refeudalización.

El aumento agresivo de la violencia contra las mujeres: feminicidios, crueldad, trata, violencias de todo tipo, es un signo de esta etapa del capitalismo. Esta guerra contra la vida, y contra nosotras, devela así mismo que el proyecto histórico del capital y del patriarcado, es nuestro sometimiento al rol de cuidadoras, que permite no solo reproducir materialmente la fuerza de trabajo, si no que gracias a nuestro trabajo emocional, llamado “amor”, evitamos y aminoramos la locura que el capitalismo imprime a la clase obrera. Cualquier intento por no cumplir con ese mandato obligatorio de la reproducción en nuestros cuerpos, cualquier mínimo aire de liberación, cualquier posibilidad que tengamos nosotras para no ser controladas, se paga con violencia, control sobre nuestros cuerpos, control sobre nuestras decisiones, control sobre nuestro derecho a vivir.

Es precisamente en ese contexto, en donde los feminismos desplegados se abren paso en la lucha de clases, la transformación y las posibilidades civilizatorias. El reflejo de esta crisis, en donde el nuevo pacto entre las élites globales tiene como objetivo incrementar la tasa de ganancia de los capitalistas del mundo, nos lleva a superar los límites y las fronteras físicas y simbólicas de los movimientos revolucionarios. En este sentido, el internacionalismo del nuevo milenio lleva el signo que la huelga feminista global le ha impuesto: «la revolución será feminista o no será». Es así que hace cuatro años, se convocó por primera vez a un paro de cuidados, que tenía como consigna “Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras”, logrando sintetizar la exigencia por permanecer vivas y al mismo tiempo por visibilizar nuestro trabajo productivo y reproductivo en el capital. En estos cuatro años, miles de mujeres y más países nos hemos sumado a esta huelga, que como bien dicen las compañeras españolas, “no es general hasta que no estemos todxs”. Nuevas expresiones del feminismo nos han mostrado la necesidad de construir formas no jerárquicas de pluralidad, y de comprensión de la vida, que ponen en el centro la insistencia de caminar y tejer juntas.

En Ecuador, este 8 de marzo, apostamos por construir un espacio amplio de articulación que convoque a la huelga feminista y que se proponga un levantamiento de las mujeres, de esta manera juntamos el llamado internacionalista que muestra nuestro fundamental trabajo reproductivo y las condiciones de violencia a las que estamos sometidas. En efecto, las distintas movilizaciones, plantones y reflexiones de este año estuvieron marcadas por las violencias machistas: 642 mujeres han sido asesinadas en Ecuador desde 2014, solo por el hecho de ser mujeres; la penalización del aborto aún en casos de violación sigue generando muertes y encarcelamiento de mujeres empobrecidas y jóvenes; 20 mil niñas han sido obligadas a dar a luz producto de violaciones; 7 de cada 10 mujeres en Ecuador hemos vivido violencia machista…esto lejos de ser un elemento prioritario en los dos gobiernos de la Revolución Ciudadana[4], se agrava por el dramático recorte presupuestario del 92% para la prevención y erradicación de la violencia contra las mujeres (de 8 676 624 en 2018 se redujo a 657 646 dólares en 2019). A esto se suma el ajuste neoliberal, los tratados de libre comercio y las privatizaciones, despidos y regresión en los derechos laborales iniciadas en el correísmo, reforzadas por el actual gobierno de Moreno, y que constituyen un factor de clase que condiciona la dignidad de las mujeres de sectores populares y medios; y finalmente, por los proyectos extractivos que amenazan con los tejidos comunitarios y la naturaleza en territorios indígenas y afroecuatorianos. La participación de mujeres jóvenes, así como la masividad alcanzada por las distintas convocatorias a movilizarnos desde el movimiento feminista de los últimos años (despenalización del aborto; contra las violencias machistas y los feminicidios; contra la xenofobia) marcan un elemento central en la dinámica de movilización del campo popular ecuatoriano. Luego de 12 años de Revolución Ciudadana, y de una política sistemática de criminalización de la protesta y destrucción de las organizaciones, el movimiento feminista constituye una oportunidad de renovación de la lucha en las calles, y una posibilidad radical, profunda y creativa de politización desde la experiencia y la vida cotidiana, en un contexto de tensión y debilidad de las organizaciones históricas del país.

Nuestra tarea como movimiento, es ardua y simultánea, por un lado los feminismos están en un momento de construcción propia, de ensayar lenguajes y formas de articulación entre mujeres y cuerpos feminizadas (disidencias sexuales e identidades sexo genéricas); a la par que se hace urgente un proceso de crítica, autocrítica y cambio radical de las organizaciones y movimientos del campo popular, que siguen siendo patriarcales, machistas y que nos ven como expresión de “luchas pequeño burgueses”, “ecos de la posmodernidad”, “formas de destruir a la clase obrera”, “contradicción secundaria”, “violentas e indialogantes”, etc. Estamos convencidas de que no vamos a abandonar las calles para que sea la derecha fundamentalista y “progre-populista” la que ocupe ese lugar; y sabemos que se vuelve necesaria un perspectiva de la totalidad que junte pluralmente lo que el capitalismo, el patriarcado y la colonialidad separan. Necesitamos pensar en procesos creativos de movilización amplias, que tejan con más mujeres en situación de explotación, precarización, violencias…como dice Nancy Fraser “no podemos dejar que el miedo a la ultraderecha,  nos lleve al feminismo liberal”[5] y que se configure en una fuente de esperanza para la humanidad entera. Requerimos aportar de manera contundente a la reactivación de la lucha en las calles contra el ajuste y el Fondo Monetario Internacional, desde una perspectiva internacionalista y feminista; contribuir a que el siguiente escenario en el Ecuador, no esté definido por el triunfo de la derecha, si no por un proyecto popular, plurinacional, feminista y democrático que supere las formas tradicionales de hacer política, y que no coloque en el centro la competencia y el ego, el pragmatismo y el marco de lo posible, el Estado como único lugar de lo público, las dirigencias masculinas y la subordinación de nuestras voces, problemáticas, demandas y propuestas a un segundo plano. El feminismo llegó a nuestras vidas y no hay marcha atrás.

Las condiciones históricas que aquí se presentan, así como el contexto latinoamericano y mundial, son un escenario irremplazable para construir feminismos que desborden y transformen todo, incluso nuestras organizaciones de izquierda, sindicales, estudiantiles, ecologistas, indígenas, nuestros espacios de investigación, arte, cultura, nuestras relaciones cotidianas y personales.

En estos últimos años, miles hemos salido a las calles…y nos hemos convertido en noticia mundial, pero sólo juntas haremos historia!

Participemos activamente de la movilización de este 1ero de Mayo!!!

Contra el ajuste y las violencias machistas!!!

Notas:
[1] Es feminista de izquierda, forma parte de Ruda Colectiva Feminista, de la Coalición interuniversitaria contra el Acoso Sexual y de la Campaña Aborto Libre Ecuador; del Foro Feminista contra el G20; la Cátedra Libre Virginia Bolten y de la Red de Feministas del Sur Global, DAWN. Así mismo es investigadora del Instituto de Estudios Ecuatorianos y del Observatorio de Cambio Rural.
[2] Es en 1910 durante la II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas celebrada en Dinamarca, que las mujeres de distintos países del mundo harán un llamado a conmemorar la lucha de las trabajadoras, constituyendo un paso fundamental para su celebración luego del estallido revolucionario en 1917. Seis décadas después, la asamblea General de Naciones Unidas invita a los estados a establecer el 8 de Marzo como fecha para los derechos de las mujeres y la paz internacional.
[3] En Argentina, las movilizaciones del 2018 por la Ley de Despenalización del Aborto discutida en el Congreso y el Senado alcanzaron a dos millones de personas en las calles de Buenos Aires; en España la huelga feminista llegó a 5,6 millones de personas; en Verona, la convocatoria feminista contra la decimotercera edición de uno de los eventos más reaccionarios, que promueven el odio a las identidades sexo genéricas y ubican a la mujer como sierva de sus maridos, el World Congress of Families (Congreso Mundial de las Familias), tuvo 150 mil feministas en las calles.
[4] En ambos periodos el Estado no desarrolló políticas de género y lo que poco que existió estuvo marcado por el conservadurismo y la improvisación, incumpliendo el carácter laico aprobado en la Constitución.
[5] En la misma entrevista Fraser considera que “Hasta hace muy poco en estos países el feminismo liberal ha sido la forma más dominante y se ha centrado principalmente en las preocupaciones de las mujeres de clase media alta o las mujeres del top 10%. Son ellas las que se han beneficiado de este feminismo y han encontrado su camino para prosperar en jerarquía empresarial”. El manifiesto por un feminismo anticapitalista para el 99% propone que no se puede sacrificar “el bienestar de una mayoría para proteger la libertad de unas pocas”, y de esta manera “defiende las necesidades y los derechos de las muchas: de las mujeres pobres y de clase trabajadora, de las racializadas y migrantes, de las mujeres queer, las trans, las discapacitadas, las alentadas a verse como «clase media», aun cuando el capital no pare de explotarlas”.
Bibliografía
Arruzza, Cinzia; Bhattacharya, Tithi; Fraser, Nancy  2019. Manifiesto de un feminismo para el 99%, Barcelona: Editorial Herder.
Federicci, Silvia 2016 https://www.lahaine.org/mundo.php/silvia-federici-acumulacion-originaria-y
Kohan, Marissa 2019. “Entrevista a Nancy Fraser” Disponible en https://www.publico.es/sociedad/entrevista-nancy-fraser-no-dejar-temor-ultraderecha-lleve-feminismo-liberal.html?fbclid=IwAR3GTHdhHmbPXOkh9d49OpwWCvThMaSzWy1AXwoFJGUZmkiAlgW6dUdAKfU
Segato, Rita Laura 2016. La guerra contra las mujeres, Madrid: Traficantes de Sueños. Disponible en: https://www.traficantes.net/sites/default/files/pdfs/map45_segato_web.pdf