Por: Sandra Peñaherrera

Para el año 2020 se viven en la mayoría de los países atrasados y dependientes las políticas del neoliberalismo, que como sabemos es una estrategia del capital financiero frente a la crisis; como puede verse es una mayor acumulación de la riqueza en las manos de pocas familias dueñas de los grandes medios de producción, mientras que para las clases trabajadoras y grandes sectores de la población los efectos de los “ajustes neoliberales” han sido devastadores.

Johan Galtung, sociólogo y matemático noruego ha teorizado sobre nuevos conceptos referidos a la violencia y la paz; entre ellos la definición del triángulo de la violencia determinada sobre la base de tres tipos de violencia: la Violencia Directa, aquella violencia que es visible: violencia verbal, física, sexual y amoldada a comportamientos violentos; la Violencia Estructural, no visible pero que a su vez son la base de la violencia directa y responde a la estructura de la sociedad que limita e impide el pleno goce de la satisfacción de las necesidades y la calidad de vida a través de prácticas represivas, de opresión y explotación y la Violencia Cultural, que legitima la violencia directa y estructural a través de patrones culturales reproducidos de generación en generación.

Basta analizar los indicadores oficiales publicados por la ONU que determina las condiciones de pobreza como máxima expresión de violencia hacia las personas y en especial hacia las mujeres, pues están detrás de los hombres en todos los indicadores de desarrollo sostenible:

A nivel mundial, hay 122 mujeres de entre 25 y 34 años viviendo en condiciones de pobreza extrema por cada 100 hombres del mismo rango de edad, las mujeres tienen hasta 11 puntos porcentuales más de probabilidad de no disponer de alimentos, a nivel mundial, 303.000 mujeres murieron en 2015 por causas relacionadas con el embarazo, unos 15 millones de niñas en edad escolar nunca tendrán la oportunidad de aprender a leer o escribir en la escuela primaria, en comparación con 10 millones de niños, en 18 países, los esposos pueden impedir legalmente que sus esposas trabajen; en 39 países, las hijas y los hijos no tienen los mismos derechos hereditarios y 49 países carecen de leyes que protejan a las mujeres de la violencia en el hogar, el 19% de las mujeres y niñas de entre 15 y 49 años de edad ha experimentado violencia física o sexual por parte de su pareja en los últimos 12 meses, a nivel mundial, 750 millones de mujeres y niñas se han casado antes de cumplir los 18 años de edad y al menos 200 millones de mujeres y niñas de 30 países distintos han sufrido mutilación genital femenina, las mujeres y las niñas son las responsables de recolectar el agua en el 80 % de los hogares que no cuentan con acceso a agua corriente, la contaminación del aire en el interior de las viviendas debido al uso de materias combustibles como energía doméstica provocó 4,3 millones de muertes en 2012. 6 de cada 10 personas afectadas fueron mujeres o niñas, la brecha salarial de género a nivel mundial es del 23 %. La tasa de actividad de las mujeres es del 63 %, mientras que la de los hombres es del 94 %, a nivel mundial, las mujeres representan el 28,8 % de quienes se dedican a la investigación. Solo uno de cada cinco países ha logrado la paridad de género en este ámbito, hasta un 30 % de la desigualdad salarial se debe a la disparidad dentro del hogar, incluida aquella entre mujeres y hombres. También es mucho más probable que las mujeres vivan por debajo del 50% de la renta mediana, las mujeres que viven en barrios desfavorecidos padecen numerosas dificultades, entre ellas, la falta de cobertura de necesidades básicas; como el acceso a agua limpia o servicios de saneamiento mejorados, la inversión en transporte público ofrece grandes beneficios para las mujeres, ya que tienden a depender de él en mayor medida que los hombres, el cambio climático tiene un impacto desproporcionado en las mujeres, las niñas y niños, dado que es 14 veces más probable que fallezcan durante un desastre que los hombre, la contaminación del agua dulce y de los ecosistemas marinos tiene consecuencias negativas en los medios de vida de las mujeres y de los hombres, su salud y la de sus hijas e hijos, entre 2010 y 2015, el mundo perdió 3,3 millones de hectáreas de superficie forestal. Las mujeres pobres de medios rurales que dependen de los recursos de uso común resultan especialmente afectadas cuando éstos disminuyen, durante los conflictos, las tasas de homicidio y otros crímenes violentos aumentan de manera significativa. Si bien es más probable que los hombres mueran en el campo de batalla, las mujeres están sujetas a la violencia sexual, el secuestro, la tortura y la necesidad de abandonar sus hogares, en 2012, los fondos procedentes de los países en vías de desarrollo eran 2,5 veces mayores que la cantidad de ayuda que recibían y las asignaciones en función del género eran comparativamente insignificantes” (ONU, 2019).

Con los datos señalados es imposible desconocer que son los factores estructurales legitimados por factores culturales y sociales los que han producido en el mundo altos índices de pobreza, de exclusión y de discriminación; son precisamente los más pobres, quienes por sus condiciones de explotación enfrentan pobreza extrema y adversas condiciones de vida, además es notable la forma sistemática con la que se les impide el libre ejercicio de sus derechos humanos; los estados  han creado patrones socioculturales y económicos que se han aplicado a lo largo de la vida, y que han provocado relaciones de inequidad constante como resultado del abuso de poder sutilmente justificado con discursos para admitir y permitir la violencia contra las mayorías de explotados.

Actualmente:

“Seis de cada diez mujeres latinoamericanas participan en el mercado de trabajo y el 41% de las trabajadoras tienen empleos con cobertura de seguridad social. Sin embargo, según el análisis del PNUD, este progreso de los últimos 15 años no se ha distribuido por igual y las brechas existentes entre distintos segmentos de mujeres están, también, muy lejos de cerrarse, la tasa de participación de las mujeres del tercil de mayores ingresos supera en un 27% a las de menores ingresos. Los hallazgos del PNUD asimismo resaltan que los porcentajes de informalidad de empleo se ha mantenido entre las mujeres más pobres, que trabajan fundamentalmente en empleos relacionados con el cuentapropismo y el servicio doméstico, más del 80% de las trabajadoras se encuentran empleadas en sectores de baja productividad – agricultura, comercio, y servicio -, esta proporción no ha cambiado en los últimos 15 años, el PNUD afirma que el 70% del total de pobres en el mundo, son mujeres. En las zonas rurales del mundo hay un crecimiento del 25% de mujeres pobres en los últimos 15 años, dos millones de mujeres entre los 5 y 15 años son lanzadas anualmente a la prostitución; las NN.UU. ha establecido una comisión especial que discute el tema y que al ser considerada un trabajo, se estaría planteando su libre tráfico, se busca eliminar el protocolo que considera como víctimas de la explotación sexual a quienes son manipuladas por una tercera persona” (OIT, 2019).

La pobreza es un hecho real,  no un estado mental, como muchos  defensores del capitalismo lo afirman; existe en el mundo hambre, miseria, enfermedades y muerte, pero la pobreza también se refleja en la injusticia, pocos se enriquecen, mientras muchos se empobrecen día a día, esta injusticia desencadena violencia, la violencia estructural que pretende impedir la trasformación social.

Frente a esta realidad es importante el reconocimiento de la relación intrínseca existente entre violencia y pobreza, dependiente de las dimensiones directa e indirecta de cómo surge la violencia; es decir, sea  visible o invisible y que generalmente devienen de las consecuencias de la política económica del capitalismo y de la injusta distribución de los recursos; que precisamente ubica al capital por encima del ser humano, para lo que es indispensable la unidad de los de abajo, de los pobres, de los oprimidos, de hombres y mujeres, todos y todas para luchar juntos en unidad de acciones por una mejor vida, justa, solidaria y equitativa.