¡VIVA EL KITU MILENARIO!

 

Por Ricardo Naranjo.

 

Según dicen las malas lenguas, los primeros pobladores del norte de los Andes, se asentaron al oriente de lo que, hoy, es Quito, el análisis de los restos arqueológicos del Ilaló, hablan de cazadores y recolectores que vivieron ahí, al menos hace 10300 años.

De ahí, dicen que, durante siglos, el territorio estuvo ocupado siempre, aunque no de manera permanente, dada la geografía y las erupciones volcánicas.

Del periodo formativo, se preservan los asentamientos Cotocollao (en el barrio del mismo nombre) y Rumipamba (entre la Av. Occidental, América y Mariana de Jesús), dónde había intensa actividad agrícola, ritos ceremoniales y complejos arquitectónicos importantes, lastimosamente, Cotocollao desapareció por la erupción del Pululahua, Rumipamba, en cambio, se mantuvo y se desarrolló, probablemente, hasta después de la llegada de los Incas.

Pese a que se dicen que no ha sido del todo cierto que hubo el Reino de Quito (Juan de Velasco, s. XVIII), existen fuertes indicios de la existencia de la Confederación de los Kitus, que reinó en las laderas del Pichincha durante varios siglos.

Para los Incas, era considerada tierra sagrada, ocuparon el actual centro histórico y le dieron forma de jaguar, sus límites se extendían desde el Yavirac (actual Panecillo), hasta la loma de Huanakaury (actual barrio de San Juan) y, desde el Pichincha, hasta el Itchimbia, allí, en las que, después, se convertirían en las principales plazas y templos de la ciudad colonial, erigieron sus principales templos, centros ceremoniales y de comercio; cuando cayó Tomebamba, pasó a ser la segunda ciudad más importante del Tahuantinsuyo, después del Cuzco.

En medio de las disputas y apuros de los conquistadores, Diego de Almagro fundó la villa de Santiago de Quito en la actual Riobamba (agosto de 1534), ahí mismo, días después, le cambiaron el nombre a San Francisco, pero, luego de la tercera batalla del Tiocajas, y de la quema de la ciudad que hizo Rumiñahui, tras la muerte de Atahualpa, fue, Sebastián de Benalcázar, quien, pese a que encontró la ciudad sagrada en cenizas, fundó española y definitivamente la ciudad, un domingo 6 de diciembre de 1534.

Lo demás, ya se conoce: en 1545 el Papa Pablo II creó la Diócesis, en 1563 el rey Felipe II le hizo Real Audiencia, en 1809 dio el primer grito de independencia de Sudamérica, al año siguiente se dio la masacre de los próceres y se volvió un hervidero de ideas independentistas, en 1822 se independizó de España, hasta 1830 fue el Departamento del sur de la Gran Colombia, luego de eso, pasó a ser la capital del Ecuador y, ahora, tiene un alcalde “cabeza de canguil”.

Así que, tome canelazos o guanchaca, baile pasacalles o reggaeton, juegue cuarenta (pero que no le caigan “dos por shunsho”), participe en las carreras de coches de madera (pero verá que no le toque pico y placa), súbase a las chivas (pero a los carros, cuidado con las del colegio 24 de mayo), disfrute las fiestas, pero no ande creyendo que, recién hace cuatrocientos y pico de años, recién, se fundó Quito, porque KITU ya había hace rato, somos un pueblo milenario y nuestra tradición es de lucha…