Por Francisco Garzón Valarezo

Hace cinco años, el sábado del 27 de septiembre del 2014 arribamos temprano a Cuenca cerca de cuatro mil personas. Hacía frío. Llegamos con el fin de dar vida a un nuevo movimiento político que se llamaría Unidad Popular por cuanto el gerente propietario del Ecuador de ese entonces había dispuesto a sus esbirros instalados en el CNE la eliminación jurídica del MPD.

Después de 36 años de vida íbamos a realizar la última convención, la décimo octava. Fue allí cuando al finalizar la actividad cantamos el himno al MPD. Nos emocionamos tanto, unos más que otros, que esa emoción me llevó a mí a la raya de las lágrimas. Era difícil precisar los sentimientos que se mezclaban: indignación, rabia, repulsión. Llegué a pensar que Correa nos había derrotado. No por negarnos el derecho a participar en política, -estaba seguro que íbamos a seguir con el mismo afán de siempre-,  sino por robarnos la alegría de cantar el himno del MPD, la creación, el ingenio del vate Rafael Larrea conocido con el seudónimo de “El Poeta”.

Pocas veces se me presentó la ocasión de platicar con Rafael Larrea. Fue un erudito de la izquierda. Hablaba de la guerra del Vietnam, de los problemas de Albania. “A Jaime Hurtado lo quieren volver blanquito” decía, criticando a los diseñadores de la publicidad de Jaime. Era un catálogo de conocimientos en propaganda. Esos conocimientos y su sensibilidad lo llevaron a componer el himno al MPD, que es en resumen una breve lección poética de materialismo histórico y marxismo.

Al abrir el himno con el verso, “Ya golpean las puertas del futuro, nuestros puños cansados de esperar”, nos revela El Poeta que las puertas de la patria están cerradas para el pueblo, que dentro de ella están los potentados nadando en la opulencia y nos alienta a derribar esas puertas, porque “los que al pueblo trajeron miseria no nos pueden del hambre salvar”.

Más que nunca se hace necesario cantar a todo pecho y emprender la acción de “empujar con fuerza la historia”, porque en Ecuador colapsa la educación, colapsa la salud, se derrumba la economía, regresa la desnutrición infantil, se arrasa la naturaleza con la locura de la minería a gran escala, se desploma la seguridad social y solamente “los que no hemos traicionado a la patria, nuestra patria debemos gobernar” en propio interés de los ecuatorianos.

Con el alma gangrenada por el odio, los recaderos criollos del imperialismo naufragaron en su pretensión de silenciar la voz del MPD. Se estrellaron en su cojudo afán de eliminar a la izquierda revolucionaria, “privatizarla,” para quedar solo ellos como referentes del socialismo.

Después de casi cinco años de la eliminación del registro electoral del MPD el CNE volvió a reinscribirnos y el 27 de julio del 2019 nos fusionamos con Unidad Popular, y volveremos cantar el himno porque heredamos esa canción del MPD. El imperialismo debe estar frustrado, más, porque saben que en el último proceso electoral Unidad Popular superó con creces los requisitos para mantenernos en el registro electoral.