Redacción Opción
El 17 de febrero de 1999, Pablo Tapia cayó asesinado junto a Jaime Hurtado, su compañero de Partido, en un acto de violencia política que pretendió acallar voces, pero que solo sembró más semillas de lucha. Su corazón dejó de latir, pero las ideas, el ejemplo y el compromiso de Pablo germinan hoy al sol, en cada joven, en cada trabajador, en cada comunidad organizada.
Pablo Vicente Tapia Farinango (Joel), nació el 13 de julio de 1963 en Otavalo. Fue el séptimo de diez hermanos: Carlos, Susana, Carmen, Laura, Miguel, Amparito, Martha, Esperanza, Jorge y Karina. Sus padres, Miguel Ángel Tapia Pazos y María Carmen Farinango Peralta. Fue padre de tres hijos: Paúl Fernando, Vladimir Andrés y Renata Estefanía.
Realizó sus estudios primarios en la Escuela Ulpiano de la Torre en Otavalo y la secundaria en el Colegio Juan Montalvo de Quito. Allí comenzaron a florecer sus inquietudes organizativas: dirigió su primera campaña estudiantil, logrando el triunfo de la lista que promovía. Este paso inicial despertó en él la necesidad de profundizar en la educación política, que le permitió comprender la importancia de organizar, unir y participar junto a sus compañeros.
Su militancia comenzó en las filas estudiantiles, vinculándose a la Federación de Estudiantes Secundarios del Ecuador (FESE), donde amplió sus horizontes políticos y organizativos. Comprendió la urgencia de construir una organización política de los explotados y oprimidos, capaz de luchar por los intereses y derechos de los trabajadores y los pueblos del Ecuador. Su compromiso lo llevó a fortalecer organizaciones gremiales, estudiantiles, de maestros y trabajadores informales. Fue uno de los fundadores del Movimiento Popular Democrático (MPD) y, desde entonces, un combatiente de primera línea: valiente, decidido, leal y profundamente solidario.
En el seno de su familia, Pablo aplicó los mismos valores y principios revolucionarios que marcaron su vida política. Fue un hermano, hijo y compañero ejemplar, comprometido con el bienestar colectivo.
Su entrega lo llevó a participar activamente en múltiples frentes de lucha:
En los barrios populares y cooperativas como Luchador Eloy Alfaro, el Comité del Pueblo y en otra cooperativa de Guápulo, exigiendo soluciones para los problemas de vivienda. Entre los campesinos de Cayambe, organizando la lucha por la tierra y mejores condiciones de vida. Con los trabajadores, en la formación del Sindicato del Hotel Tambo Real, donde enfrentó represalias y fue despedido por su actividad sindical.
Por sus méritos y liderazgo, fue electo diputado alterno de Jaime Hurtado González, con quien compartió sueños y trincheras.
Pablo Vicente Tapia fraguó su militancia en la práctica cotidiana: de férrea disciplina, inquebrantable convicción ideológica y enorme capacidad de liderazgo. Era un jefe revolucionario respetado y querido: sencillo, responsable, alegre, optimista y profundamente consecuente.
Fuente: libro “Vidas comunistas” Ediciones ERE
