Por Oswaldo Báez Tobar
El presente artículo se refiere a la vida y la muerte de dos tortugas gigantes de Galápagos; la más reciente ocurrió en el zoológico de San Diego, California. El “solitario George” murió en el Centro de reproducción y crianza, del Servicio Parque Nacional Galápagos, SPNG, en la isla Santa Cruz.
Iniciamos con una breve nota sobre lo acaecido en el zoológico de San Diego, a fines del 2025, y continuamos con la relación de lo que ocurrió en la isla Santa Cruz el año 2012; para ello procedimos a actualizar el artículo El “solitario George” de Galápagos, que fue publicado en la sección de Ciencia del Periódico Opción.
La muerte de los dos quelonios es una ocasión para hacer algunas consideraciones en el marco de la biología teórica y la biología de la conservación; a la vez que destacar los logros del programa de conservación de las tortugas gigantes, que ejecutan el Servicio del Parque Nacional Galápagos, la Estación Científica Charles Darwin y otras organizaciones de conservación.
Gramma: “la reina del zoológico” de San Diego
El 20 de noviembre del 2025 pasado murió la tortuga Gramma en el zoológico de San Diego, California. Se le practicó la eutanasia por los problemas óseos que presentaba por su avanzada edad (141 años). Era considerada el símbolo de la conservación de las tortugas gigantes de Galápagos.
Los medios de comunicación publicaron notas informativas como las siguientes: “Adios a Gramma: la tortuga centenaria de Galápagos”. La “reina del zoológico” estuvo ahí por 100 años. “El legendario de Gramma abarca casi toda la historia del zoológico”. La tortuga Gramma de la especie Chelonoidis niger fue endémica de la isla Floreana, entre 1840 y 1850 habrían existido unos 8000 individuos. Floreana fue la primera isla en ser colonizada por seres humanos, quienes introdujeron animales domésticos, como chivos, cerdos, burros y gatos. La sobreexplotación con fines de obtener alimento y la destrucción del hábitat terminaron por acabar con la población de tortugas. Numerosos individuos fueron llevados a zoológicos de varios países. Se estima que Gramma fue parte del primer grupo de tortugas de Galápagos que fueron llevadas a San Diego entre 1928 y 1931, cuando tenía alrededor de 40 años.
Gramma no fue la tortuga de mayor longevidad, Harriet vivió 175 años en un zoológico de Australia. Goliat, residente del zoológico de Miami, se convirtió en padre a los 135 años; cuatro crías del padre centenario nacieron en el zoológico de Filadelfia. Estas y otras noticias han difundido los medios de comunicación.
Las tortugas gigantes de Galápagos son especies extraordinarias y emblemáticas de la conservación de la fauna del archipiélago, lo que es conocido en el mundo entero. La singularidad de su biología les permite vivir muchos años: son capaces de sobrevivir períodos de escasez de agua y alimentos debido a su metabolismo lento, son resistentes a los cambios de temperatura y a las enfermedades. Las tortugas son especies clave en los ecosistemas terrestres de Galápagos porque contribuyen a controlar el crecimiento de la vegetación, dispersan semillas en sus excrementos que además fertilizan el suelo y contribuyen a la conservación de los ecosistemas.
El “solitario George”
Vivió en cautividad desde 1970, murió el 24 de junio de 2012. El solitario George, como se le llamaba, fue el último sobreviviente de la especie Chelonoidis abingdoni, sin dejar descendencia. El solitario Jorge – este es el nombre en español-, fue el un macho adulto de tortuga gigante de Galápagos de aproximadamente 125 años, fue encontrado en la isla Pinta al norte del archipiélago. El quelonio vivió cuatro décadas sin compañera; pues no fue posible encontrar en la isla de origen ni en ningún zoológico del mundo una hembra de su misma especie con la cual hubiese podido reproducirse y así dar continuidad a su especie.

Varios intentos por conservar la especie
Frente a esta realidad se intentó el acoplamiento con hembras procedentes de diferentes islas del archipiélago, pero no se tuvo éxito. Sin embargo, se conoció que Jorge – el solitario-, había aceptado en su corral a dos tortugas hembras procedentes del volcán Wolf ubicado al norte de isla Isabela, que pertenecen a la especie Chelonoidis becky, según la clasificación taxonómica actual, es decir, son de una especie distinta a la que pertenece el quelonio de esta historia. Luego de varios intentos de agresión a las visitantes, Jorge les permitió comer junto a él, y luego ocurrió lo que se esperaba: que las aceptara como compañeras, se produjera cópula, fecundación y puesta de huevos fértiles.
En efecto ocurrió lo esperado. Los huevos puestos por las dos hembras de Chelonoidis becky fueron llevados a las incubadoras del Centro de reproducción y crianza de tortugas del Servicio del Parque Nacional Galápagos; empero, después de 130 días de incubación los huevos dieron muestras de infertilidad, pues tenían bajo peso y presencia de hongos, con lo que se comprobó que nunca estuvieron fertilizados. Los últimos cuatro huevos obtenidos del tercer nido e incubados, al ser abiertos demostraron que no hubo indicios de desarrollo embrionario. A pesar de estos resultados, el equipo de científicos que trabajan en la conservación de las tortugas intentó nuevas opciones:
La primera fue esperar la próxima temporada de reproducción cuando los quelonios gigantes empiezan a copular; se esperó que las hembras anidaran, para luego verificar la posibilidad reproductiva de Jorge con las hembras de la especie Chelonoidis becky.
La segunda fue ubicar en el corral de Jorge varias hembras de la isla Española, que según se conoce, son las más cercanas genéticamente con el quelonio Jorge.
La tercera fue buscar en la población de tortugas del volcán Wolf de Isabela, individuos “híbridos” – es decir con genes de las especies de isla Pinta e Isabela -, lo que era muy poco probable por la distancia geográfica entre las dos islas. Se realizaron pruebas de sangre para identificar afinidades genéticas que den soporte a las decisiones de conservación del solitario quelonio, y con esos resultados intentar nuevos cruzamientos en la perspectiva de alcanzar el éxito reproductivo deseado. En ese esfuerzo participaron genetistas de la universidad de Yale, junto a científicos de la Estación Charles Darwin y de la Dirección del Parque Nacional Galápagos.
Aparte del encomiable esfuerzo del personal de científicos y técnicos en crianza de tortugas, el hecho confirmó la infertilidad de los híbridos; ya que, los huevos puestos por la hembras -compañeras ocasionales de Jorge- son el resultado del cruzamiento entre dos individuos de especies distintas: C. abingdoni y C. becky. El cruzamiento forzado en cautiverio no dio resultado y no podía dar resultado, esto lo sabían los científicos de la Estación Charles Darwin y del Centro de reproducción y crianza; sin embargo, intentaron y probaron el cruzamiento con la esperanza de que, al ser especies afines, pudieran dar descendencia fértil. El resultado de este último intento resultó fallido, porque en la generalidad de los casos los híbridos son inviables o estériles.
Análisis desde la genética, biología reproductiva y evolución
Este hecho reedita la discusión teórica referente a la especie: Una especie biológica es una población o grupo de poblaciones de individuos semejantes en su morfología y anatomía, en sus cromosomas, genes y ADN, similares en su comportamiento y fértiles o fecundos entre sí, en condiciones naturales.
La especie biológica, por lo tanto, está aislada reproductivamente de otras especies, hasta de las más cercanas. Existe entre los miembros de especies diferentes mecanismos de aislamiento reproductivo tanto precigóticos como poscigítcos. Los primeros son mecanismos naturales que actúan antes de la formación de la célula huevo o cigoto, como barreras reproductivas y son de orden espacial, temporal, comportamental, por incompatibilidad mecánica para la cópula, o rechazo al espermatozoide. Las barreras reproductivas poscigóticas son la inviabilidad y la esterilidad de los híbridos.
El caso de la descendencia esperada del solitario Jorge, con las hembras del distante volcán Wolf, no podía ser factible por la infertilidad de los huevos, pues, si bien hubo cópula y ovoposición, no se produjo fecundación de los óvulos, ni desarrollo embrionario.
Según la clasificación taxonómica actual las tortugas gigantes de Galápagos son especies diferentes en cada una de las islas; una de esas especies fue Chelonoidis abingdoni de la isla Pinta a la que perteneció el solitario Jorge. En las islas grandes como Isabela y Santa Cruz habitan varias especies; lo cual se explica por la selección natural que – al operar en poblaciones aisladas – da origen a especies diferentes, lo que se conoce como especiación por aislamiento geográfico o especiación alopátrica.
Los intentos por la conservación la especie del último macho de la isla Pinta fueron esfuerzos muy encomiables, pero que contrariaban las leyes de la biología, ya que no es viable la reproducción entre individuos de especies diferentes, salvo casos excepcionales.
Reproducción en cautiverio y repoblación
Los esfuerzos por conservar la estirpe de Chelonoidis niger llevó a los biólogos y conservacionistas que trabajan en Galápagos a obtener “híbridos” entre individuos de la especie C. niger con individuos del volcán Wolf del norte de Isabela, donde podrían haber sido reubicadas por piratas. Los “híbridos” obtenidos de esta cruza sobrevivieron en cautiverio; de ellos 67 tortugas fueron reintroducidas en isla Floreana, con la finalidad de restaurar la población de quelonios; lo que no significa “resucitar” a la especie nativa ya extinta.
Mediante el programa de repoblación de tortugas en la isla Pinta se logró llevar tortugas “híbridas” que fueron criadas en cautiverio por más de 40 años, y luego esterilizadas, para que no se reproduzcan y evitar que se alteren los procesos evolutivos en el archipiélago. La repoblación fue un hito en la historia de la conservación, pues, con la liberación de las tortugas, la isla Pinta tiene una población de quelonios, con lo cual se inició restauración ecológica de la isla.
Cabe destacar que el programa de conservación de tortugas gigantes ha logrado repoblar varias islas con sus especies nativas: Española, con individuos de la especie Chelonoidis hoodensis; Santiago con Chelonoidis darwini; Isabela con C. guntheri y C. vicina; y, la zona este de Santa Cruz con C. donfaustoi.
El programa cuenta con centros de reproducción y crianza en San Cristóbal, Isabela y Santa Cruz, donde ha sido posible obtener tortuguitas para la restauración de las poblaciones de quelonios nativos de las diferentes islas del archipiélago de Galápagos, lo que es un logro reconocido en el ámbito científico y conservacionista de todo el mundo.
Referencias
- https://www.telemundo20.com 25-11-2025.
- Arteaga, A. et al. Reptiles of the Galapagos. 2019. Tropical Herping. Quito, Ecuador.
- Tui De Roy, editora. 2009. Galápagos cincuenta años de ciencia y conservación. Parque Nacional Galápagos, Ecuador.
Quito, febrero 2026.
