Por Marco Villarruel A.
Esta historia comienza quizá hace unos 10 o 15 años cuando las organizaciones de extrema derecha fueron devorando a sus hermanos gemelos o sea los partidos de derecha, en los diferentes procesos electorales en Europa, Estados Unidos y América Latina.
Las posturas políticas de los grupos de derecha tradicional se quedaron obsoletas, y más que todo descoyuntadas, incluso algunas veces debieron alternarse en el poder con los grupos denominados “progresistas”, socialdemócratas, o ´woke´. [1]
La actual extrema derecha mundial es la reencarnación del fascismo que sobrevivió a la segunda guerra mundial. Se sostiene en una fuerte y sumamente sectaria jerarquización, y cuando puede sostiene grupos de paramilitares. También maneja mucho dinero proporcionado por sectas religiosas como los pentecostales o de ONGs internacionales como la Fundación Renacimiento Internacional, financiada por George Soros en Ucrania. En estas últimas horas se conoce que USAID también financiaba movimientos insurreccionales ucranianos y en otros países más. Elon Musk donó de manera pública algunos millones de dólares a la candidatura del neofascista Volodomir Selenzky, actual presidente de Ucrania.
Otra vertiente de este movimiento orgánicamente en extinción es Black Lives Matter (Las viudas negras también importan) que se unió con gran apoyo mediático al grupo feminista Me Too (Yo también), que apareció cuando se hicieron públicas las fechorías sexuales de Jeffrey Epstein, conocido productor cinematográfico de Hollywood, como también para denunciar y compartir experiencias de lucha en casos de acoso y abuso sexual contra las mujeres.
Hay ambigüedad en sus postulados y más que todo el alejamiento con la situación real de las masas populares. Los “woke” manejan un discurso sinuoso que se acomoda al sistema, al cual no le interesa cambiar o demoler. De hecho, abandonaron sus posiciones neomarxistas, renegaron de los trabajadores y optaron por las reivindicaciones de las clases medias, es decir: ocuparse de las contradicciones campo-ciudad, hombres-mujeres, o gays vs. hombres. Los dirigentes de estos grupos se han ido acomodando ya que han terminado sus estudios en las universidades norteamericanas donde iniciaron sus propuestas.
Siempre tuvieron como oponente a la derecha tradicional mundial, que mantenía postulados más bien formales, no tan avezados. Estos grupos universitarios y los “Woke”, son los padres de la ultraderecha mundial. Y además trabajaron en consenso con el partido Demócrta de los Estados Unidos, especialmente durante el gobierno de Joe Biden y la candidatura de Kamala Harris.
Sin embargo, lograron que su pálido discurso prendiera con entusiasmo en los denominados “progresistas”de Venezuela, Brasil, Uruguay, Argentina, España, Ecuador, Bolivia. que adhieren a los principios Woke , Me Too, y Black Lives Matter, y otros, que lo comparten en numerosas acciones sociales, académicas y políticas. En el Ecuador un diario nacional publicaba el 9 de marzo del 2025: “ Luisa González toma partido ante la ideología Woke y rechaza el cambio de sexo en menores de edad. Este pronunciamiento de González también se hace al calor de las nuevas posturas que rigen en EEUU con respecto a la ideología WOKE, tras el triunfo electoral de Donald Trump, que anunció que impulsaría una nueva ley para prohibir que los menores de edad accedan a hormonas y cirugías para cambios de sexo. Los GLBTH+ acusaron a la candidata de ´desinformar´ y promover discursos de odio”.
El fenómeno WOKE-Revolución Ciudadana (¿ciudadana?) debío ser estudiado en el Ecuador desde el momento en que se producían fenómenos políticos como el nacimiento de Alianza País, considerado como una fanesca de posturas socialistas, tercermundistas, ambientalistas rosa, “progresistas”, ultristas en propuestas de género, pero siempre apuntaladas en políticas antiobreras, antindígenas, represivas, orientadas siempre al fortalecimiento del gran capital y del Estado represor, sostenidas a fuego y garrote contra los sectores populares, campesinos, indígenas o urbano marginales.
La ultraderecha se enfurece con las actitudes “progres” y se aleja más de la derecha tradicional, y se pone a gran distancia de ellos, y reitera las posiciones y declaraciones neofascistas, neonazistas, supremacistas blancas, xenófobas, racistas, homófobas, machistas, teocráticas, antivacunas, antiinmigrantes, negadoras del cambio climático, antiglobalicionistas, islamófobos, euroescépticos, antisistema, y no están lejos de cumplir sus propuestas sobre la limpieza étnica o el genocidio. Así lo pregonaron sus antecesores del Partido Nacional Socialista de Alemania, la Falange española, el fascismo del italiano Benito Mussolini, y así lo demuestra también el ejercicio político del ahora presidente Donald Trump.
Esta ultraderecha es la responsable de la Segunda Guerra Mundial y luego de la derrota se quedaron como células vivientes pero escondidas, y cuando comenzaron a salir lo hicieron con un lenguaje populista radical, demoledor, especialmente contra sus primos de la derecha tibia.
¿Dónde se localizan actualmente? El grupo ultraderechista mundial es heterogéneo que va desde los extremistas de derecha hasta los conservadores populistas (Fidesz, húngaro; PIS polaco; Amanecer Dorado de Grecia, y Kotleba de Eslovaquia), hasta Nayib Bukele, de El Salvador.
Hay otros que forman parte de minorías gubernamentales como en Dinamarca, Países Bajos, Bulgaria, Grecia o Italia.
Y en cuanto a personalidades conocidas están Narendra Modi de la India, Jair Bolsonaro de Brasil, Donald Trump de los Estados Unidos, Javier Milei de Argentina, y Elon Musk sudafricano nacionalizado canadiense.
Amigos o aliados de la ultraderecha son: Sam Altam (dueño de Open AI), Víktor Orban (primer ministro de Hungría), Priscila Chang (CEO de META, es decir la que maneja Facebook, Instagram, WhatSapp y Messenger); Jeff Bezos (Amazon), Sundar Pichai (director de Google), Rupert Murdoch (Fox Corp), y Tom Cook (CEO de Apple).
La socialdemocracia, en todas sus variantes, queda así declarada responsable de la resurrección de la derecha fascista. El jugar a ser marxistas o socialistas para luego devenir en peones de brega de la ultraderecha mundial los ha desenmascarado de manera total, pero también ocurre que deberíamos junto con los trabajadores y sus organizaciones revolucionarias trabajar muy duro y durante mucho tiempo hasta dinamizar la lucha popular por la toma del poder político, a través de la limpieza ideológica.
Un paso importante es desatar en todos los campos la ofensiva ideológica, sin dejar de lado la importante tarea de la lucha económica. Están tan perdidos los ultras y los “progres” que creen que Correa es como Fidel y que Trump es como Stalin.