Por Francisco Caraballo

La situación que se está desarrollando en Colombia es complicada y muy grave debido a la acumulación de problemas de todo tipo que golpean con fuerza a la gran mayoría de la sociedad.

A partir del 28 de abril, amplios sectores populares se han volcado a las calles de las principales ciudades y del campo para protestar en contra de mayores imposiciones tributarias en momentos en que los efectos de la pandemia siguen agravando la crisis económica que azota en primer lugar a las masas empobrecidas.

Más del 40 por ciento de la población en la pobreza, el aumento abrumador del desempleo, los salarios miserables, los servicios de la salud precarios, la juventud con mínimas posibilidades de estudio y de trabajo, medianas y pequeñas empresas en quiebra y amplias capas de la población bajo el temor por la pandemia…

Esos dos factores: el azote de los problemas derivados de la imposición de las políticas neoliberales y la arremetida de la pandemia, sirvieron como detonante para el estallido social que se está desarrollando.

Las protestas y las movilizaciones populares se extienden frente a un gobierno incapaz – ya lo sabemos – de atender una situación tan compleja; por el contrario, se ha encerrado en su caparazón y ha preferido emplear la violencia militar y policial como respuesta. Cabe resaltar que este gobierno no tiene algún vestigio  de democracia (democracia liberal quiero decir),  ya que maneja las tres ramas del poder público, los llamados organismos de control y la fuerza pública. Claro que los verdaderos dueños del poder real están detrás del escenario.

La predilección por la violencia orientada desde el Estado, se cuenta en decenas de muertos, heridos, desaparecidos, perseguidos, amenazados, torturados.  Llama la atención que en esta ocasión debido a la gravedad de los hechos, diversos organismos internacionales como la ONU, la Comunidad Europea, el Congreso de los Estados Unidos, el Departamento de Estado y varios Estados han protestado por la respuesta violenta del gobierno de Colombia contra los manifestantes.

Por supuesto la posición del gobierno y de su partido, el  «Centro Democrático”, pretenden desgastar el movimiento tardando las respuestas o buscando dividirlo como de costumbre, mientras agudizan la represión. Los partidos de  «oposición» carecen de influencia y de prestigio como para aportar en algo. Y los llamados grupos de «izquierda» se encuentran divididos cómo siempre sin posibilidad de aportar en ideas positivas. Para complicar la situación, se acercan las elecciones presidenciales del 2022 y esto se convierte en una carga negativa por los distintos sectores políticos que quieren derivar ventajas del movimiento social.

En los sectores políticos «alternativos» se pueden observar distintas posiciones:

1) conciliar con el gobierno sobre la base de algunas reivindicaciones menores;

2) darle continuidad a la movilización, levantando los reclamos más sensibles;

3) algunos plantean la elevación de la lucha con la valoración de que éste puede ser un momento pre-insurreccional.

Lo importante y lo más valioso en las actuales circunstancias es garantizar la continuidad de la movilización, consultar con los diversos sectores políticos y sociales organizados para concretar los puntos centrales que motiven la unidad de acción.

Y avanzar en las exigencias al gobierno sin caer en trampas y dilaciones. Es oportuno destacar  los aportes valiosos los jóvenes  que están contribuyendo con su audacia, su compromiso y sus esfuerzos en la movilización y en las luchas que están en desarrollo.

Fuente: Periódico Octubre /España. PCE M-L