Por: Mateo Rodríguez

Las elecciones del pasado 11 de abril del 2021, se convirtieron en una gran derrota del correísmo. El proyecto autoritario y corrupto que encarna las fuerzas lideradas por Rafael Correa recibió un duro fracaso, pues, su candidato Andrés Araúz alcanzó el 47,49% de la votación en el balotaje que lo ganó el candidato de CREO, Guillermo Lasso, incluso en provincias de la Sierra-centro como Cotopaxi, Tungurahua, Chimborazo, la votación por el nulo superó a la de Araúz.

Existen 13 millones 107 mil 457 personas empadronadas de las cuales sufragaron 10 millones 816 mil 130, es decir, un ausentismo del 17,29%; los nulos fueron 1 millón 757 mil 329 votos (16,25%) y los blancos 174 mil 061 (el 1.61%). El conteo final estableció el triunfo de Lasso con el 35,4%  frente Andrés Arauz con el 32,2% de los electores.

Para esta segunda vuelta, las organizaciones populares y partidos políticos de izquierda llamaron a votar nulo como forma de rechazo a las dos opciones electorales de la burguesía. El promedio de esta votación ha sido el 7%, hoy supero por creces ese porcentaje. En nueve provincias, la tendencia superó el 20%; de ellas, en Cotopaxi, Bolívar, Cañar y Azuay, el nulo bordea el 30%. Hoy, el reto es darle una agenda política legislativa y de gobierno que permita establecer un norte a este sector que cuestionó tanto al candidato correísta como el candidato de la banca.

El correísmo busco las formas de impedir esta decisión autónoma e independiente de las organizaciones populares, en campaña intentó dividir a las organizaciones indígenas; utilizó le informe de la Comisión de la Verdad para autoproclamarse vocero de Octubre de 2019; descalificó a las organizaciones políticas de izquierda; desarrollaron reuniones con seudo organizaciones de docentes, para de este modo desinflar el movimiento popular. Todas estas maniobras fueron derrotadas. En territorios que en otrora se creían plazas inexpugnables de la “revolución ciudadana” perdieron de manera apabulladora como el caso del Azuay y Pichincha.

El factor principal para esta derrota es el hartazgo de los pueblos del Ecuador con un proyecto autoritario y corrupto que por 14 años ha dirigido el país; los intentos de desmarcarse de Moreno o la seudo “autocrítica” no pudieron engañar a los electores, entre la primera y la segunda vuelta electoral apenas lograron crecer un 14%. La imagen de Correa en lugar de ser un acelerador de apoyos se convirtió en un lastre del cual no pudieron deshacerse.  

Por otra parte, el candidato ganador, Guillermo Lasso, representa los intereses del gran capital y se identifica con los sectores conservadores de la sociedad ecuatoriana, tuvo que cambiar de estrategia, mesurar su discurso, ceder en pretensiones y asumir compromisos con varios sectores sociales para poder crecer en casi 32 puntos. La situación económica,  la pandemia, los ofrecimientos de campaña y la correlación de fuerzas en la Asamblea Nacional hace muy difícil que la receta neoliberal y ultra conservadora pueda ser impulsada de un solo porrazo, como vaticinan varios de los propagandistas del correato.

Los resultados electorales no demuestran una derechización de la sociedad ecuatoriana ni una identificación con el proyecto neoliberal, son una coyuntura en la que los pueblos derrotaron al correísmo, y a su vez arrinconaron a la derecha representada por Lasso. Hoy, las organizaciones populares y de izquierda, que encabezamos la opción del nulo, debemos avanzar en exigir la concreción de las ofertas realizadas, debemos luchar por que el salario básico sea elevado a 500 dólares, porque se elimine el examen de ingreso, por que se cumpla con el alza salarial a los docentes, se vacune a los nueve millones de ecuatorianos y ecuatorianas en los primeros seis meses de gobierno entre otros temas.