Cristina Castro: bióloga ecuatoriana enamorada del mar y de las ballenas

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Por Oswaldo Báez Tobar

Cristina Castro Ayala es doctora en Biología por la Universidad Central del Ecuador, su tesis de grado versó sobre “Demografía de la ballena jorobada Megaptera novaeangliae en el Parque Nacional Machalilla”. Es Master en Gestión Ambiental por la ESPE, con la tesis: “Plan de Manejo del área marina del PNM. Propuestas para turismo y pesca artesanal sostenible”. Su campo de investigación son los Cetáceos: poblaciones, ecología, acústica. Entre el 2000 y 2009 ha publicado varios artículos científicos en revistas especializadas en ballenas, como autora individual y en coautoría. Ha participado en varias reuniones internacionales de expertos en ballenas y en numerosas conferencias y charlas. Es miembro de la Asociación Ecuatoriana de Mastozoología, y de Pacific Whale Fundation; Centro de Investigaciones de Ballenas del Pacífico, Ecuador, desempeña la función de directora de Investigaciones. (1) Desde hace 20 años viene estudiando a las ballenas jorobadas; lo hace ahora con el mismo entusiasmo de los primeros años y con la finalidad de conocer cada vez más sobre los grandes mamíferos marinos y apoyar su conservación. Cristina es miembro de la Operadora Turística Palosanto Travel, cuyo objetivo es dirigir observaciones, difundir conocimientos de la biología de las ballenas, educar y crear conciencia sobre la necesidad de protegerlas.

Cristina Castro Ayala y María Belén Mena Soto son autoras del libro: Huellas del mar. Ballenas jorobadas en las costas del Parque Nacional Machalilla.2009,  104. pp. Contiene interesantes historias y numerosas fotografías. Respecto de las colas de las ballenas – expresa Cristina- “son como las huellas digitales de las ballenas, porque sus pliegues o  bifurcaciones y pintas permiten reconocerlas”.

Le conocí a Cristina Castro cuando hace varios años me entregó el original de su tesis doctoral sobre la Biología  la ballena jorobada. Desde ese momento seguí sus actividades por la defensa de los cetáceos en el ámbito nacional e internacional. Después de su graduación Cristina presentó en la Universidad Central la conferencia: Avances en la investigación y conservación de la ballena jorobada (Megaptera novaeangliae) en las costas ecuatorianas. Luego de esa brillante disertación mantuvimos un interesante diálogo virtual, que ahora tiene un alto valor testimonial. (2)

Le pregunto a Cristina. ¿Cómo surgió su  interés por la biología marina?

Siempre fui una amante del mar. Recuerdo que mis mejores vacaciones eran cuando mis padres decidían ir a la playa.  Soy bióloga, graduada en la Universidad  Central del Ecuador.  Combiné los estudios  con el trabajo,  por necesidad económica pero también intelectual. Empecé a trabajar en el Museo de Zoología de la Politécnica Nacional que dirige el Dr. Luis Albuja que es el mejor mastozoólogo del país.  Mi trabajo específico era dibujar cráneos de para el libro Murciélagos del Ecuador. Vale destacar que primero trabajé con los mamíferos pequeños y ahora con los mamíferos más grandes: las ballenas.

Un día el Dr. Albuja me pregunto si  quería hacer mi tesis en la Costa ecuatoriana y si sentía algún tipo de temor de trabajar en botes o en el mar. Yo le dijo que no, y que me encantaba el mar. En ese tiempo yo era una estudiante universitaria, por lo mismo creyó el Dr. Albuja, que difícilmente podría aventurarme a vivir  sola en la Costa. Luego me indicó que iría a estudiar  las ballenas jorobadas y que podría  hacer mi tesis con una alemana. No lo podía creer, era como un sueño hecho realidad. Siempre quise estudiar biología marina, alguna vez, pensé  irme a vivir a Guayaquil. Con la propuesta del Dr. Albuja, pude al fin trabajar y hacer mis sueños en el mar. Desde la primera vez que visité Puerto López y observé  mi primera ballena -que la tengo siempre en mi mente-, supe que mi dedicación y pasión son los grandes cetáceos.

Por esto les agradezco a mis padres que me mostraron siempre a la naturaleza como parte de mi vida; le agradezco al Dr. Albuja que motivo en mí, no solo a hacer ciencia, sino el seguir los pasos de uno de los mejores  científicos del país, el Dr. Gustavo Orces. Recuerdo la navidad que el Dr. Albuja me lo presentó al profesor  y le dijo que presentaba a la nueva generación de biólogos del país que iban a seguir su misma línea; yo personalmente espero nunca decepcionarlo.

¿Por qué decidió estudiar las ballenas?

Al inicio porque era parte de mi tesis. Junto a Janira González que era mi compañera de la Universidad Central, tratamos por primera vez de conocer la población de ballenas jorobadas que llegaban a Ecuador, a través de la fotoidentificación que consiste en fotografiar e identificar colas de ballenas. Después, porque en 1999, antes de terminar mi tesis, casi perdí mi vida en el mar, entonces entendí que tengo un compromiso de vida con los organismos marinos. Las ballenas fueron cazadas en el siglo pasado hasta casi exterminarlas y actualmente todavía las cazan.  El sentir de cerca a una ballena, ha sido de las cosas más maravillosas que me ha pasado en la vida, siento que ellas y la gente que trabaja con esperanzas de un mejor futuro alrededor de ellas me necesitan.

¿Cómo ha cambiado su vida desde el encuentro con las ballenas?

Cambió radicalmente. Desde el año 2001 trabajo en la Fundación Ballenas del Pacífico. Vivo en Manta y desde el próximo año viviré en Puerto López definitivamente. Dejé mi familia, mis costumbres… lo cuál me ha costado mucho. Extraño a mis padres.  Mis hijas Soledad y Alejandra tuvieron que adaptarse a la vida en la Costa, que es mucho más despierta y alegre que en la Sierra. Pero lo más importante es que somos muy felices juntas.

Si hace 10 años me contaban que yo iba hacer una especialista en ballenas y que iba a recorrer todo el mundo para defenderlas o hablar sobre ellas, no lo hubiera creído. Que yo iba a representar mi país en la Comisión Ballenera Internacional como diplomática, talvez me hubiera reído. Que iba a escribir publicaciones científicas se serían consideradas importantes y decisivas para mucha gente, no pasaba por mi mente. La verdad es que las ballenas me dan de comer, les dan los estudios a mis hijas y me inspiran hacer un mejor ser humano cada día, lo que es lo más importante para mí.

¿Qué resultados positivos de su trabajo puede presentar a la comunidad científica nacional y al país en general?

Lo que estamos viendo ahora es el trabajo de conjunto de las comunidades de Puerto López, Machalilla, Salango, Puerto Cayo… que son  parte del Parque Nacional Machalilla y que aprendieron  a trabajar en conjunto. Yo no soy la importante, lo más importante es el mensaje que traigo. Las ballenas, como muchos otros seres en el mar, pueden cambiar el estilo y la forma de vida de muchos ecuatorianos y darnos oportunidades para salir adelante. Si no sabemos trabajar en conjunto esas  oportunidades que nos brinda la naturaleza se pueden perder. Es el caso del tiburón, si lo vemos desde otro punto de vista, podríamos abrazarnos ambientalistas y pescadores, para luchar juntos y pedir al Gobierno de Rafael Correa, que brinde más alternativas productivas al pescador artesanal y no caer en trampas políticas. Juntos hacemos la fuerza y podemos aprovechar de manera racional lo que nuestra madre naturaleza nos ofrece.

Yo no creo en el desarrollo sustentable, que solo habla de economía y medio ambiente. Yo creo fielmente en el desarrollo humano sustentable, que es la manera como el ambiente, la economía y el hombre interaccionan para ayudarse mutuamente. El buen manejo de la naturaleza puede proporcionar una mejor calidad de vida y mejorar la economía local, conservando estos ecosistemas.

El turismo observador de ballenas apenas está empezando; los frutos los seguiremos  cosechando con los años, de esto estoy segura, como lo está la comunidad del Parque Machalilla. Las ballenas se han convertido en la atracción de la Costa ecuatoriana y brindan una mejor calidad de vida a la gente; que ha aprendido a trabajar en conjunto en torno de las ballenas. No ha sido fácil, pero lo que estoy segura que es más fácil que matarlas.


¿Siendo usted quiteña, le fue difícil acostumbrarse a la vida del mar?

Siempre me gusto el mar, toda mi vida, soñé con estar cerca y vivir con él. A veces me preguntaba como la gente podía verlo todos los días y pasar de lado sin disfrutar sus encantos. Ahora desde mi casa en Puerto López puedo deleitarme de los atardeceres, respirar la brisa marina, observar la isla de la Plata y a veces hasta ver ballenas mientras desayuno. Para un serrano, es muy difícil pensar en vivir en la Costa por muchas razones, el calor, los insectos y hasta las costumbres diferentes. Pero yo me adapté fácilmente desde el inicio, la gente manabita me ayudó mucho en esto, siempre me brindó la mano. Encontré mucho más cariño y respeto, del que yo tenía en la Sierra, entonces se me hizo mucho más fácil adaptarme a la vida en la costa ecuatoriana. Talvez no he ganado  en cantidad, pero sí en calidad en mi vida y la vida de mis hijas.

Cristina Castro en Puerto López – Manabí


¿Qué atributos convierten a las ballenas en seres tan maravillosos?

Siglos y siglos atrás los cetáceos fueron considerados desde monstruos hasta dioses marinos. En los primeros mapas en la conquista de América se los dibuja como animales con colmillos y espinas, seres  algo mitológicos, llenos de poder y  hasta sobrenaturales. Su enorme tamaño, su  historia evolutiva, su condición de mamíferos como nosotros, pero que retornaron al mar, nos hace reconocerlos como seres especiales y por cierto que lo son, pero  además  son una especie bandera de conservación, esto quiere decir, que atrás de las ballenas, hay muchos otros seres del mar, no tan atractivos, pero muy importantes.  Al proteger las ballenas estamos protegiendo muchos otras especies. Biológicamente, son animales cúspides en las cadenas tróficas marinas. Ayudan a controlar las poblaciones de ciertas especies de peces, crustáceos y otros. Además, sus heces aportan con nutrientes a los arrecifes de coral y otros ecosistemas marinos en la costa ecuatoriana.

En el ámbito socioeconómico las ballenas y el turismo desarrollado alrededor de ellas, se ha convertido en uno de los principales productos turísticos del país. Si desaparecieran, no solo desaparecerían estos mamíferos marinos excepcionales, sino que  desaparecerían miles de economías costeras ecuatorianas que dependen del recurso marino llamado «ballenas». Conozco muchas familias que trabajan tres meses, los meses que las ballenas llegan a Ecuador, para sobrevivir un año. He vivido en carne propia como estos cetáceos han cambiado el destino de miles de pobladores de la costa ecuatoriana.


¿Es posible salvar a las ballenas?

Nuestro país, necesita urgente una nueva legislación que proteja las áreas marinas de los depredadores mayores. Al proteger nuestras áreas marinas deberíamos  zonificar las áreas para pesca artesanal, para turismo y para conservación. Además necesitamos control del cumplimiento de las leyes que existen y sobre todo lo que más necesitamos es conciencia y sensibilización respecto del valor de  nuestro medio ambiente y de los recursos naturales. Nosotros no somos dueños de todo lo que existe en la naturaleza y debemos aprender a compartirlo y respetarlo. Las ballenas ofrecen una oportunidad de vida; desarrollo humano sostenible, por lo que es necesario que las protejamos; lo mismo puede suceder con otras especies como el tiburón.


¿Por qué no se detiene la cacería implacable?

El Ecuador tiene que saber que todavía se cazan ballenas en el mundo. Existen tres tipos de cacería: ancestral, de investigación y la cacería comercial. La cacería ancestral esta justificada en Rusia, Noruega, St. Kitts y Nevis y en Alaska (EEUU), ya que desde hace muchos siglos atrás los indígenas cazaban ballenas para alimentarse (lástima que su carne esté tan contaminada que produce una alta tasa de mortalidad por envenenamiento). La cacería para investigación científica lo hace solo Japón a través de su Programa JARPA I y II, el cual  dice «que hay que matar ballenas para saber más de ellas», lo que me pregunto es que talvez cuando sepamos todo, ya no existan más ballenas. Y la tercera iniciada por Islandia fuera de la reglamentación de la Comisión  Ballenera Internacional y es para comercializar su carne.

Corremos el peligro de que las vuelvan a cazar y sobre todo en la Antártica donde las ballenas van a  alimentarse. Ecuador desde el 14 de mayo del 2006, es parte de la Comisión Ballenera Internacional y su posición es de conservar estos animales y no permitir ningún tipo de cacería en el mundo. El Ecuador protege a capa y espada a las ballenas.

No se justifica su cacería, con la tecnología actual muchos de los productos que países asiáticos y otros obtienen de las ballenas podrían ser reemplazados. Además, la carne de ballena es muy contaminada y muy mala para la salud humana. Finalmente los países que impulsan esto, son países industrializados que no las necesitan, mientras que nosotros no tenemos otra oportunidad que las que nos dan las ballenas.


Hablando de la biología de las ballenas ¿Para qué saltan las ballenas?

Saltan por varias  razones: Mirar todo lo  que sucede alrededor, saltan una o dos veces; comunicarse entre sí  a través del sonido (pues el primer sentido de las ballenas no es la vista sino el oído); para saber donde están o llamarse entre sí. Algunas veces cuando viajamos a la isla de La Plata, podemos  observar un animal saltando frente nuestro y,  al momento,  como en forma de llamada muchos otros saltan a su  alrededor, es como que se contestarán entre sí. Finalmente saltan para aparearse, el salto es una parte de la reproducción ya que los machos tratan de mostrar a las hembras lo fuerte y atractivos que son.


¿Cuánto se elevan del nivel del agua?

Las  ballenas jorobadas son consideradas los animales más atractivos del mundo. Pueden sacar todo su cuerpo fuera del agua; es decir unos  15 metros de largo y 30 toneladas de peso. Los músculos del pedúnculo – área anterior a la cola- tiene una serie de músculos que impulsan al animal a sacar todo el cuero fuera del agua.

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