Por Abg. Isaac Avellán Cedeño

Han pasado 4 años desde aquel sábado 16 de abril de 2016, a las 18h57 minutos en un abrir y cerrar de ojos la fuerza de la naturaleza se expresó  een un movimiento telúrico de grandes proporciones cambiando la realidad de os pueblos de las hermanas provincias de Manabí y Esmeraldas.

Días y horas de terror, de angustia y  desolación se vivió al ver edificios caídos, casas destruidas, víctimas y heridos en medio de los escombros. Eran horas “sin dios ni ley”, comercios, viviendas y oficinas saqueadas, teniendo como cómplice la oscuridad de la noche por la suspensión de todo el servicio de electricidad por los daños en el sistema eléctrico; la comunicación y la movilidad era muy limitada, muchas carreteras estaban afectadas, los medios de comunicación no tenían un reporte claro de la magnitud. El poder destructor del terremoto en sus letales consecuencias dejaron a la población indefensa y desorientada.

Los días pasaron y llegaron los rescatistas de los países hermanos con el único fin de buscar sobrevivientes, uno de ellos fue Pablo Córdova Cañizares, rescatado de los escombros de lo que fue el Hotel «El Gato» de Portoviejo al que lo apodaron «milagrito»; este hecho despertó la esperanza de un pueblo que podría encontrar la vida en medio de la destrucción.

El pueblo ecuatoriano desde el primer momento conoció que el terremoto afecto principalmente a las provincias de Manabí y Esmeraldas y levantó una  inigualable campaña de solidaridad, expresada en raciones alimenticias, dinero en efectivo, ataúdes, personal médico, cuerpo de bomberos y miles de voluntarios se trasladaron como pudieron a los principales puntos del desastre levantando con fuerza el espíritu de solidaridad del pueblo.

El gobierno de Correa, aprovechó el sufrimiento de la gente, manipuló la información de las víctimas, heridos y desaparecidos, el número de casas y edificios destruidos, todo para levantar un estado de impunidad y tener bajo su control la contratación pública, usando el estado de emergencia para las obras de reconstrucción. Crearon a su antojo una Ley mal llamada de Solidaridad que permitió recaudar importantes recursos económicos, alrededor de 3.600 millones de dólares por concepto de la ayuda humanitaria internacional y por la recaudación de impuestos,  sobre todo el incremento al 14% del IVA.

Pero nuevamente la corrupción campeó y la injusticia reinó, de los principales implicados algunos de ellos están procesados y otros cumpliendo su condena como el ex vicepresidente Jorge Glas Espinel, pero aún no han vomitado el dinero que se robaron y feriaron en esta «reconstrucción» por lo que el pueblo sigue exigiendo.

Cómo consecuencia, luego de 4 años del terremoto observamos aún las historias de muchas familias que no cuentan con su vivienda, ciudades como Pedernales, Bahía de Caráquez, Chone, Manta no cuentan con sus hospitales; los agricultores y ganaderos no cuentan con la operatividad del sistema Carrizal-Chone hipotecando la productividad del agro, obras como el aeropuerto intercontinental de Manta siguen en espera de su culminación. Prefirieron invertir en grandes parques, en otras obras como la ampliación de la vía Manta-Colisa a un costo de 100 millones de dólares para un tramo superior a los 20 kilómetros,  construyeron puentes a desniveles sobre pomposas urbanizaciones, compraron papel higiénico y alfombras para los funcionarios del correísmo quizás para limpiarse sus traseros y sus pies sin saber que existía un pueblo que no tenía ni el papel higiénico en sus letrinas o peor aún una alfombra para que cubra las cientos de covachas debatiéndose entre la lluvia y el sol inclemente de todos los días.

Y qué paradoja, ahora luego de 4 años nos  encontramos en una emergencia sanitaria por una enfermedad llamada COVID-19, quizás son otras circunstancias, pero con la misma intensidad de indolencia e injusticia contra el pueblo. El morenismo prefiere pagar a los tenedores de la deuda externa y no declara la moratoria para liberar de manera soberana 12 mil millones de dólares para enfrentar la pandemia y dar la estabilidad económica al país, se contentan con los bancos que donan 10 millones de dólares pero se hacen los desatendidos en no cobrar por concepto de evasión tributaria más de 2.000 millones de dólares, allí si se les olvidó la falsa solidaridad.

Es la hora de la Unidad del Pueblo, los trabajadores del campo y la ciudad que están en primera fila enfrentando la pandemia, ponemos el hombro para cumplir con el aislamiento pero los sectores que viven en la pobreza extrema que sobreviven con 2 dólares diarios les tienen más miedo al hambre que al Coronavirus y si no se resuelve la entrega de los Kits de alimentos y medicinas para 1 millón quinientos mil hogares y si no se toman medidas urgentes, las condiciones sanitarias en los próximos días serán peores para enfrentar.

Vamos a vencer está pandemia, con Unidad lucha y disciplina es la hora de masificar nuestra voz, lucharemos para que el pueblo sea quien gobierne y cambiar esta sociedad para transformar la tristeza en alegría.

#LaVidaVencerá