Por Paúl Jácome S.

La pandemia del COVID-19, es una realidad en buena parte del planeta, aun la incertidumbre pesa sobre una posible solución desde el campo de la medicina, los efectos en la economía mundial se sienten, muchos expertos en la materia señalan que estaríamos al borde de una recesión mundial, que bordearía los 2,7 billones de dólares; la cifra suena alarmante, pero sin embargo se tratan de índices macroeconómicos que generalmente grafican los impactos que los monopolios y transnacionales pueden sufrir, estos indicadores generalmente omiten el estado real de las economía populares.

El Ecuador es uno de los países de los 114 donde el brote del COVID-19 está presente, los casos confirmados denotan un ascenso sostenido y a puesto a prueba la capacidad de respuesta por parte del Estado, el liderazgo de sus gobernantes y de la  sociedad en conjunto; varias de las medidas que el gobierno ha adoptado para evitar una propagación mayor, van por el lado de la cuarentena y del aislamiento de sus habitantes, para operar esta medida se ha decretado: Emergencia Sanitaria, Estado de Excepción y Toque de Queda en el territorio nacional. Acompañado de una campaña mediática #YoMeQuedoEnCasa.

Evidentemente que esta serie de medidas puede contribuir significativamente a poner un freno al avance del virus, pero surgen algunas interrogantes sobre la factibilidad de la medida, si tomamos en consideración la crítica situación económica que vive el Ecuador, principalmente los sectores populares. 

Pongamos bajo la lupa como se desarrolla el proceso de cuarentena en el sector alimenticio y de salud, las ocho  principales empresas de alimentos en el Ecuador (La Favorita, PRONACA, El Rosado, TIA, Nestlé, La Fabril, Santa María, Ales) en el año 2019 registraron ingresos anuales de alrededor de 6 100 millones de dólares, a razón de algo más de 500 millones de dólares al mes; mientras que,  los tres monopolios farmacéuticos alcanzaron ingresos que superaron los 1 200 millones de dólares al año, con una recaudación mensual superior los 100 millones mensuales. Y son  precisamente estos sectores que en plena etapa de cuarentena se encuentran en plena actividad comercial, sus cadenas de supermercados y de farmacias en las etapas de más alarma y pánico social registraron ventas que en algunos casos provocaron el desabastecimiento, generando una espiral especulativa, que implicó que sus arcas se llenen de más dinero de lo habitual.

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Tabla de ingresos de los principales grupos monopólicos de alimentos;
Fuente: Superintendencia de Compañía
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Tabla de ingresos de los principales grupos farmacéuticos;
Fuente: Superintendencia de Compañías.

En el otro lado de la orilla, hay una realidad lacerante que pone en riesgo la vida de algo más de cinco millones de ecuatorianos que no cuentan con un salario mensual fijo, son subempleados y desempleados, de los cuales,  cerca de tres millones son comerciantes autónomos, mal llamados “informales”,  cuyas actividades las desarrollan  en las plazas, mercados  y calles del Ecuador, por la fuerza de la medida preventiva han sido obligados al ejercicio de la cuarentena y con ellos la economía popular,  son mujeres y hombres que deben trabajar para lograr alcanzar un sustento diario, cuyos ingresos obviamente ni si quiera representan el uno porciento de lo que amasan los monopolios alimenticios, esta situación en cuestión de un abrir y cerrar de ojos provocará la quiebra de la economía popular, para quienes no existe ningún tipo de medidas alternativas que garanticen su sobrevivencia durante el periodo de la emergencia, este sector se convertiría así en uno de los más vulnerables de esta pandemia.

Al desaparecer del “mercado” tres millones de comerciantes autónomos, minoristas, entre otros, las posibilidades de acumular más ingresos la tienen los grandes monopolios, frente a esta realidad que una vez más demuestra las profundas brechas de desigualdad, el Gobierno debería adoptar  algunas medidas urgentes:

Que el Gobierno  regule los precios de los productos de primera necesidad y los congele durante el lapso de la emergencia y que sean acatados obligatoriamente por las cadenas de supermercados.

Los monopolios de los supermercados y farmacias al ser uno de los sectores que se están beneficiando de los impactos dolorosos de esta pandemia, deben contribuir de sus ganancias registradas durante el lapso de la emergencia sanitaria con canastas de alimentos  básicos y medicinas para abastecer  a quienes no cuentan con ingreso mensual fijo.

Defender la vida de los ecuatorianos se lo puede hacer con la unidad y solidaridad de quienes habitamos en este País, por largos años los sectores populares siempre  hemos sido los sacrificados en los momentos de las crisis económicas más severas, ahora les corresponde entrar a la labor de un pequeño sacrificio a los grupos monopólicos que en medio de esta crisis sanitaria y económica con los que gozan de buena salud.