Por Francisco Garzón Valarezo

El Che fue estudiante, fue médico, fue ministro,  fue rebelde, fue revolucionario, fue guerrillero, fue diplomático y es leyenda.

Hace 52 años América se estremeció con la noticia del asesinato del Comandante Che Guevara. No le montaron un juicio ni le leyeron sentencia ni se preocuparon por guardar las formas. Lo mataron así nomás, como mata el imperialismo a sus opositores, así como mataron a Jaime Hurtado, a Milton Reyes.

Tanto la fecha de su nacimiento como la de su muerte son inseguras y solo los filáticos encuentran razón para hurgar e investigar. Así  llegan a la conclusión de que el Che no nació el 14 de junio si no  en otra fecha, y que la parentela de beatas en su familia es la causante de haber falseado el día de su natalicio porque les hubiese avergonzado que la gente se entere que su madre se había casado embarazada. Cuando portaba 25 años de edad, en septiembre del 53, en su segundo viaje por América cruzó la frontera por Huaquillas con sus panas, Rojo y Calica y se quedaron en Machala cinco días, allí escribió en su diario el desconcierto que le causó la abundante presencia de niños betuneros en la ciudad. Después, desde Puerto Bolívar se embarcó para Guayaquil donde  estuvo 43 días. Una investigación de José Guerra castillo reúne en su libro “Che 43 días inolvidables en Guayaquil” la estadía de Guevara en esa ciudad.

En cada aniversario de la muerte del Che la esperanza de los pueblos de América Latina se fortalece, nuevos alientos de lucha se vigorizan. El entusiasmo que despertó su paso por la vida alienta a los jóvenes del mundo a utilizar la insurrección violenta, la guerra popular revolucionaria.

Aunque debemos ser sinceros, también alienta a uno que otro burgués sapo, que utilizando la imagen, el nombre y los cantos dedicados al Che, han apilado inmensas fortunas una vez llegados al gobierno, al tiempo que reprimían a las organizaciones de izquierda y beneficiaban a la gran burguesía. Esta labor ha confundido a los simplones que asocian la corrupción y el atraco con la izquierda y la acción del Che.

Hace años el recuerdo del Che era venerable; sin embargo, la nutrida acción desplegada por la derecha ha reducido de manera temporal su símbolo revolucionario, llevando a pensar a la gente que su repercusión histórica es cosa del pasado. Su imagen, sus lemas, su diario fueron comerciados, su contenido ahuecado, pues esa es la misión del capitalismo: sacar plata de todo, -incluso de los símbolos políticos populares-, pero es un evento transitorio, su nombre, su legado resurgirán, como resurgen ahora que los pueblos se levantan contra el paquetazo del gobierno de Moreno.

El Che escribió mucho, pero la mayor parte de su obra permanece inédita. Sus libros, sus cartas, discursos, artículos y proclamas integran su literatura fecunda impresionante testimonio de su personalidad que resume en este párrafo.

“Debido a las circunstancias de mis viajes, conocí de cerca la pobreza, el hambre y la enfermedad; me enfrenté a la imposibilidad de tratar a un niño por la falta de dinero; vi que el hambre produce un aturdimiento tal que un padre puede llegar a aceptar la pérdida de un hijo como algo meramente accidental… y empecé a darme cuenta de que había cuestiones que para mí eran tan importantes como convertirme en un científico de renombre o contribuir al desarrollo de la medicina: quería ayudar a toda esa gente”.