Por Rubén Ocaña 

Los medios de comunicación han desplegado en los dos últimos años una amplia información sobre lo ocurrido durante el gobierno de la autodenominada “revolución ciudadana” –en rigor- la década que gobernó el correísmo.  Fueron frecuentes, en diarios y revistas de circulación nacional, titulares como los siguientes: “Una desbordada corrupción”. “El Presidente habla de fallas en 640 obras”. “Glass tiene dos glosas por USD 80 millones”. “Procurador exige indemnización en cinco juicios”. “La corrupción ha sido galopante en el gobierno anterior”. “Yachay no pasó el examen en diseño y construcción”. “Yachay, crisol del correísmo”. “La magnitud de la corrupción desborda todo cálculo”. El Ecuador fue gobernado durante la década infame por una dictadura cleptocrática (…) en su voluntad de permanecer en el poder, de modo que con gran diligencia se dedicó a construir una estructura propia de la mafia, donde para garantizar plena impunidad se intervino en el nombramiento y designación de un gran porcentaje de autoridades de control, contando previamente con la complicidad de la mayoría de quienes conformaron la Asamblea Legislativa”. (1)

“Tenemos un contralor de lujo” había dicho Rafael Correa en una de sus sabatinas. El contralor  Carlos Pólit  que actuó durante los 10 años habría intervenido diligentemente para emitir informes limpios en muchas auditorías de las obras contratadas por el gobierno de “los corazones ardientes y las manos limpias”. El ex contralor Pólit  huyó presuroso a Miami a disfrutar de los millones que habría recibido por los “relevantes servicios” prestados a Odebretch – millones de dólares que salieron del presupuesto de las obras contratadas-. Muchos afirman que en los 10 años del correísmo, en la práctica, no hubo contralor, no hubo fiscal, ni procurador, tampoco hubo Asamblea que fiscalizara.

“La corrupción fue galopante… Han excedido las obras complementarias  que eran la trampa para ganar licitaciones”. Expresó el Presidente Moreno en varios medios nacionales e internacionales, y la vez anunció que “se necesitará USD 1.000 millones adicionales para finalizar las obras inconclusas y con fallas detectadas en los principales proyectos ejecutados entre 2011 y 2017”.  “Se han registrado incrementos por más de 85% de su valor inicial. Los casos de la Refinería de Esmeraldas, Pascuales-Cuenca, Bajo Alto, Refinería del Pacífico están en investigación de la Fiscalía” conforme han revelado varios medios de comunicación.

Indignado con la magnitud de la corrupción el pueblo ecuatoriano exige sanción para los responsables del  atraco a los fondos públicos. “Juristas de prestigio y asambleístas coinciden en que hay que acelerar la búsqueda de responsabilidad y orientarla al rastreo de los recursos desviados”. “Lo fundamental es recuperar la plata. Que todos los que tienen que estar en la cárcel, vayan a la cárcel. No es posible que, si ha habido un perjuicio al Estado, el Estado sea siempre el perdedor”. “La corrupción ha sido sistemática, no un hecho aislado…” (3) Prueba de ello es que el vicepresidente, ministros y altos funcionarios del gobierno anterior ya están presos, otros se hallan prófugos de la justicia.

El correísmo  habría organizado una estructura de corrupción que operó durante 10 años. Un grupo criminal se tomó un sector estratégico del Estado, según el académico y político César Montúfar, quien fue el único acusador particular en el juicio que un Tribunal Penal siguió a Jorge Glas por  asociación ilícita.

Yachay, radiografía del correísmo

Un estudio contratado por el anterior Gobierno confirmó las fallas en cinco edificios  del campus universitario de Yachay. También reveló la necesidad de refuerzos en vigas, losas y columnas, lo que demandaría más de USD 44.6 millones. En las torres TT1 y TT2, que están casi concluidas hay deformaciones de acero en las columnas de los dos subsuelos. Las fallas constructivas generaron grietas y fisuras en la losa… excesiva deflexión… se requiere reforzamientos para soportar el peso… hay errores constructivos que generan grietas y fisuras… (4)

“Dinero, ignorancia, arrogancia, desconexión de las realidad y ausencia de fiscalización unen en un solo acto todo lo que fue el correísmo, y en pocos sitios se funde con tanta claridad como en esa perla del despilfarro llamado Yachay. En Yachay, como nunca han sabido que la producción es lo más importante en la economía, no les importó destruir la agricultura de unas tierras privilegiadas. Como no tenían conciencia de la plata ajena, no había que preocuparse por arrancar desde cero en la construcción de infraestructura en lugar de usar algo ya existente. Y como nadie les controlaba, ni siquiera era relevante construir bien. Una parte de la desconexión con la realidad consistía en la confianza absoluta de que el gobierno sabe más que los ciudadanos, que los burócratas son infalibles. (5)

Las autoridades han dicho que Yachay “solo” había recibido  algo más de 49 millones de dólares desde 2014, sin contar lo que se ha malgastado en construcciones y otros conceptos. Autoridades que ganan latisueldos  y que vivían y trabajaban en el extranjero.  Yachay ignora la realidad el país. “Es un proyecto caro, inadecuado, inviable, tal como está concebido”. “Yachay es un costoso fiasco y una estafa correísta”. (6) Cuando por contraste se desapareció el Instituto Leopoldo Izquiera Pérez,  prestigiosa institución que contribuyó a la salud pública del país; se despidió a numerosos profesionales de la salud que laboraron por años en hospitales, a los cuales se dejó sin médicos especialistas en algunas ramas de la medicina.

Derrumbe del correísmo

Por todo lo resumido en esta nota, y por mucho más, el correísmo se derrumbó aparatosamente, minado por su política de engaño,  mentira y corrupción en los niveles más altos de gobierno autodenominado revolucionario, que asumió todos los poderes durante una década y que pretendió perennizarse en el poder mediante la relección indefinida de su líder; para eso maquinó  enmiendas constitucionales a través de una Corte Constitucional  que estuvo a su servicio.

El correísmo sufrió una verdadera implosión, sus cimientos y su estructura no soportaron el peso de las denuncias que aparecían todos los días y que  causaron indignación. Pero además, los ecuatorianos conscientes y no contaminados por el Estado de propaganda fascistoide de los últimos 10 años, no quieren que vuelvan las ofensivas sabatinas  “(…) de  mentiras, grosería y violencia que mostraban un rostro de loco jubiloso, con ojos de compasión y comprensión, y un segundo después, una mirada cínica de orate, risas y risotadas de demente”. (7)

Se derrumbó el correísmo; su líder no tiene poder, ni los reflectores  propagandísticos, ni el espacio de  las insultantes sabatinas; no le sirven sus títulos “honoris causa” palanqueados, ni las lisonjas de sus amigos incondicionales. Se enfrentará desnudo al juicio de la historia, como aquel rey  que a la vista de su corte aparecía vestido de los más finos ropajes, pero a la mirada inocente de un niño, el rey estaba desnudo. Sobre el líder de la autodenominada “revolución ciudadana” se han ensayado diagnósticos de su personalidad y su conducta a la luz de la enfermedad del poder; pues, se creyó omnisapiente,  omnipotente,  salvador  del país; al igual que  los Chávez, Maduros, Ortegas, Morales…

La sentencia contra Jorge Glas

El 13 de diciembre de 2017, el Tribunal de Garantías Penales de la Corte Nacional de Justicia dictó la sentencia de seis años  de prisión para el vicepresidente de la República, Jorge Glas por encontrarlo culpable del delito de asociación ilícita con Odebretch. La investigación ha permitido también constatar la configuración de los delitos de peculado, concusión, cohecho, enriquecimiento ilícito, delincuencia organizada, testaferrismo, lavado de activos y tráfico de influencias. La sentencia contra Jorge Glass, su tío Ricardo Rivera  y altos ex funcionarios del gobierno de Rafael Correa,  significa el derrumbe moral  del correísmo. El caso del vicepresidente Glas detenido, despojado de sus funciones juzgado por un Tribunal Penal no se registra en toda la vida republicana; a ello se suma la vergonzosa actuación de la Comisión de Investigación de la Asamblea Nacional de mayoría correísta que  no dio paso al juicio político que le correspondía iniciar por mandato constitución.

En la primera evaluación global sobre el costo de la corrupción en la década de Rafael Correa ha permitido fijar en $ 35.695.874.839 el costo de la corrupción, según el dato suministrado por Jorge Rodríguez, miembro de la Comisión Nacional Anticorrupción CNA, en una charla organizada por Diario El Universo.  Ante lo cual el periodista José Hernández  se pregunta ¿Se robaron más de $35 mil millones en la década ganada? (8)

A partir del 4 de enero de 2018 el Ecuador ya no tiene más la vergüenza de que el vicepresidente  de la República esté sentenciado y preso; pues, éste  fue destituido por ausencia del cargo por más 90 días consecutivos, aunque no fue enjuiciado y destituido por un juicio político en la Asamblea, como debía ser.

El caso Sobornos desnudó al correísmo

El 26 de abril de este años 2020, los medios de comunicación informaron que la Corte Nacional de Justicia notificó la sentencia de ocho años de prisión para Rafael Correa y sus colaboradores más cercanos: Jorge Glas, Alexis Mera, María de los Ángeles Duarte, Walter Solís, Vinicio Alvarado y otros, por el delito de cohecho en el caso Sobornos 2012-2016. Según la Fiscal General, “los procesados configuraron una estructura criminal que recibió millones de dólares en sobornos”. (9) El proceso judicial por el caso Sobornos 2012-2016 permitió a todos los ecuatorianos conocer al correísmo de cuerpo entero.

Referencias

1.- Diario Expreso, Editorial del 27-10-2017.

2.- Arturo Moscoso Mosquera, Diario El Comercio, 08-12-2017.

3.- Diario Expreso, 27-10-2017.

4.- Diario El Comercio, 30-10-2017.

5.- Vicente Albornoz Guarderas, El Comercio, 19-11-2017.

6.- Enrique Ayala Mora, El Comercio, 24-12-2017.

7.- Susana Cordero de Espinosa, El Comercio, 22-08-2017.

8.- José Hernández, Portal 4 pelagatos. www.4pelagatos.com. Publicado en diciembre 22,

2017.

9.- Diario El Comercio, 27 de abril 2020.

Abril 30 2020