Por: Jairo Gusqui

Desde principios de marzo, que inició la Pandemia por covid-19, en nuestro país, los ciudadanos de Galápagos, como los del resto del Ecuador, no nos esperábamos que lo peor estuviera por venir.  O que varios meses después, la pesadilla del virus no anticipe un final cercano.

Con el cierre de las fronteras del país, el estado de excepción, la caída del precio del crudo (principal fuente  de ingreso Estatal), los toques de queda y el sistema de salud colapsado por el covi-19 y la campante corrupción, se vislumbraba un paisaje aterrador para un estado donde el presidente de la República estaba decidido a terminar con los sueños de crecimiento y prosperidad de los ciudadanos entregando el futuro del país a los tenedores de la deuda y recortando el presupuesto principalmente para los sectores de la Salud y la Educación.

Con un escenario terrorífico en Ecuador continental, en el Archipiélago, la historia no sería diferente. Puesto que acá, se desplomó el sector turístico, y pasamos de alrededor de doscientos ochenta mil turistas por año a cero visitantes, en un abrir y cerrar de ojos. Y ¡Sin turistas, no hay Plata!  y ¡Sin plata, no tenemos para comer!

Mientras las autoridades se iban preparando para afrontar la pandemia, los ciudadanos estábamos acatando las leyes, medidas y demás disposiciones, impuestas por el Estado. Preocupados de que muchas personas locales pudieran ser afectadas. La lucha se concentró, entonces, en mantener a las personas vulnerables a salvo y alejadas del “virus” que sin duda encontró una entrada a través del flujo migratorio que soportan las islas.

Desde el inicio “esperamos” la reacción acertada y prolija de las autoridades locales, pues, el comienzo de la pandemia nos iba augurando que lo que se venía pecaba de ser peor.

Sin embargo, después de dos meses de pandemia, los ánimos empezaron a caldearse. Porque ni la ayuda gubernamental, ni las autoridades locales mostraban un camino a seguir. Tomando en cuenta que en el Archipiélago vivimos algo más de 30 mil habitantes, lo que no parece muy complicado en términos de administración. Pero ha dejado entrever, la importancia del sentido común en término de toma de decisiones por parte de las autoridades.

Se crearon ordenanzas, videos y “flayers” sobre; El distanciamiento, el virus, los protocolos de bioseguridad, etc. Pero, a pesar de aquello; Los bancos, las tarjetas de crédito, las rentas, las patentes, Los servicios básicos, y todos los que pudieron mostrarse como acreedores, empezaron la “carnicería”. A LLAMAR PARA COBRAR.

Cuando nos dimos cuenta, ya estábamos en las calles, protestando por el abandono del Estado y del Consejo de Gobierno, que en esos días “trabajaba” en un plan de reactivación que, hoy después de 6 meses de pandemia, tiene la fama de aún no empezar. Los planes y programas en la lista se quedaron, todavía, esperando que haya dinero porque la respuesta fue y sigue siendo que ¡El país no tiene plata!

Todavía, por ejemplo, esperamos que se cree la moneda “token”, se ponga en circulación ¡Costó varios miles de dólares esa consultoría! y haya la posibilidad de tener circulante en nuestras manos para poder comprar, lo más básico que es, la comida para nuestros hijos. Si la consultoría propuso el bono (que es lo único que aplicarán, aparentemente) no necesitaban gastarse ¡tanta plata en eso! Cualquiera con un centímetro de frente y un gramo de “seso” pudo haberlo propuesto.

Desde la Junta ciudadana, acompañando a Misael Ortega, su presidente y a todo el directorio, hemos venido protestando y proponiendo soluciones desde junio hasta la presente fecha. Demostrando a las autoridades que los ciudadanos no solo nos quejamos, sino que ¡proponemos! Y allí están los resultados… Hemos propuesto; Un PROYECTO, DE LEY, ECONOMICO URGENTE para que el Ejecutivo lo envíe a la Asamblea. Pero, al parecer, no quiere hacerlo por “su mala relación con el Legislativo”.

Propusimos los temas que se deben tratar vía Decreto Ejecutivo o Acuerdo Ministerial, desde hace más de dos semanas y el presidente del Consejo de Gobierno, Norman Wray, “ingresa por la ventana” y ahora asegura que es su gestión haber conseguido una reunión de 15 minutos con Lenin Moreno. Bueno, si esa es su gestión, (La única que al parecer sustenta el cobro de su sueldo), haber hablado con el presidente para que nos escuchen por 15 minutos, algo que debió haber hecho hace tres meses y, sin duda, no requiere mayor esfuerzo sino mera voluntad para hacer su trabajo, la provincia lo “felicita” por titánica gestión (sarcasmo).

Ahora, hemos pasado ya más de cinco meses y nos dicen hoy que hay 20 millones de dólares para préstamos. Ya nos dijo el exvicepresidente, Otto Sonnenholzner, que había varios millones de dólares para préstamos, pero hasta ahora, la gente sigue sufriendo por la crueldad de la crisis. Muchas personas ya no tienen dinero para comer, sus hijos no tienen internet ni una computadora para estudiar, se avecinan embargos, hay personas que han terminado en la “calle”, pero “Tranquilos que ya viene el cable submarino”.

Sin duda, la mejor estrategia del Estado para Galápagos, ya no es, solamente, el sálvese quien pueda, sino el “amárrense el estómago para no comer mucho” porque cada día los dólares en los bolsillos de la gente se vuelven más escasos. Ahora nos dicen, que debemos volver a sentarnos en “una mesa técnica” para solucionar los problemas. ¿Por qué? ¿De nuevo? ¿Otra vez?

Queda en las manos del presidente y sus ministros la vida y la tranquilidad de los habitantes de Galápagos.

Espero, con mucho escepticismo, que los ministros, gracias a nuestro trabajo; al trabajo de los ciudadanos, de los Gremios, de los Sindicatos y Asociaciones, agrupados y atrincherados en las Juntas Ciudadanas de la provincia de Galápagos, alivien nuestra vida en el Archipiélago.

Les “hicimos la tarea”, gratis. A pesar de que estamos enfermos, soportando el frío, padeciendo hambre, en el campamento apostado en las afueras del Consejo de Gobierno en Santa Cruz. Comimos a veces sí, gracias a la solidaridad de nuestros coterráneos y amigos. Pero estaremos inquebrantables.

Autoridades “Escriban los decretos, pónganse los pantalones, la camisa y los zapatos de la gente de Galápagos y ayuden a que no nos mate el hambre”.

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