Por Remo Cornejo Luque

Recordemos que las elecciones presidenciales de la primera vuelta tuvieron un sesgo de mañosería y fraude que dejaron fuera del balotaje a Yaku, el candidato del campo popular y de izquierda. Y la segunda vuelta estuvo signada por un estrecho margen de diferencia entre el candidato del jefe de la mafia correísta y el representante de la derecha neoliberal. 

El triunfo de Guillermo Lasso, en asocio CREO-PSC, fue fruto del descontento de la población por los últimos 14 años de gobierno de Alianza País, y porque sus propuestas de campaña calaron en la retina de los diversos sectores sociales que aspiraban un cambio social y a mejorar sus condiciones de vida.

Es decir, el 52,36% del electorado (4 656 426 de votos) que catapultaron a Lasso hacia el sillón de Carondelet, fueron cautivados por las ofertas de empleo, vivienda, seguridad social, libre ingreso a las universidades, mayor presupuesto para la educación y lasalud, créditos y precios justos para los agricultores, alza salarial, etc. ¡Por esto votaron!

Los trabajadores en general, hombres y mujeres, no votaron por la creación de un Segundo Código Laboral que busca cercenar sus derechos laborales: estabilidad, seguridad social, indemnizaciones, utilidades, organización, alza salarial, contratación colectiva, etc. ¡Los trabajadores saben que los derechos son progresivos y no regresivos!

La juventud estudiosa no votó para cambiar el examen de admisión a las universidades sino para tener acceso a las mismas y que puedan escoger la carrera de su preferencia. No votó para que se recorte el presupuesto para la educación superior y no votó por el incremento del precio de los pasajes de buses.

Los productores del campo, principalmente los pequeños y medianos, no votaron por el incremento del precio de los combustibles que encarecen los productos de primera necesidad y eleva el costo de vida. Votaron porque se otorgue créditos blandos, a bajo interés y a largo plazo, porque se condonen sus deudas, porque haya precios justos al arroz, maíz, banano, etc. Votaron por la atención al campo y por su reactivación económica, por una adecuada soberanía alimentaria.

Los maestros no votaron por las privatizaciones ni para ser despedidos ni irrespetados en sus derechos. Votaron por mayor presupuesto para la educación, para que mejoren sus ingresos salariales, su escalafón, su jubilación.

Es innegable, entonces, que la naturaleza de clase del gobierno neoliberal, de a poco, se ha ido mostrando en su real dimensión y prepara sus garras para asestar zarpazos en contra de la economía popular. Lasso, no ha cumplido ninguna oferta de campaña que beneficie a los trabajadores y pueblos, más, por el contrario, viene manteniendo la elevación del precio de los combustibles, encareciendo el costo de vida; dialogando y encontrándose solo con sus símiles; promoviendo proyectos de ley que buscan favorecer a los grandes empresarios y a las transnacionales, cercenando derechos laborales; recortando presupuesto para la educación en general, despidiendo trabajadores, a la luz de los acuerdos fondomonetaristas.

Esta conducta en desmedro de los intereses de los trabajadores, pueblos y nacionalidades indígenas, viene motivando la reanimación del movimiento social que levantan sus voces y banderas para frenar la arremetida privatizadora y atentatoria a la vida de la población ecuatoriana. Una demostración de aquello es la valerosa Huelga de Hambre de la UNE que, tras 32 días de lucha, consiguió la constitucionalidad de la LOEI, resistencia que sirve de ejemplo para continuar en la lucha por mejores días. ¡Octubre será un escenario de alta resistencia popular!

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