Por Raúl Arias

Isaac J. Barrera, en un estudio sobre Eugenio Espejo, anota: “El escritor, hasta los tiempos de Espejo, es un ornamento, forma parte de un cortejo oficial, escribe para consignar una alabanza y alcanzar una merced. Espejo independiza al escritor y desde ese momento es posible pensar en la emancipación política y administrativa”.

Por su parte, Agustín Cueva señala: “Espejo no escribe ya, como los anteriores literatos, “ramilletes de varias flores poéticas”, ni “sonetos morales”, ni “poemas a una dama imaginaria”, o “a unos ojos hermosos”. Dice, paladinamente: “Hablemos con el idioma de la escritura santa: vivimos en la más grosera ignorancia, y la miseria más deplorable” (Discurso pronunciado en la “Escuela de la Concordia”).

Conozcamos al Espejo crítico, el primer escritor ecuatoriano que va a la cárcel y prácticamente muere en ella:  

La falta de educación es este país (como lo repetiré siempre que se ofrezca), ha hecho desconocer a la mayor parte de las gentes que todos tenemos necesidad de hacer los mayores y más dolorosos sacrificios al bien de la Patria. Por acaso se oye proferir a algunos, como un oráculo misterioso, la siguiente proposición: “El bien común prefiere al particular”. Pero en la práctica, nada se ve tan comúnmente, sino que el interés del público es sacrificado al interés del individuo, Por todas partes no se presenta más que una multitud de insensible de egoístas, cuyo cruel designio es atesorar riquezas, solicitar honores, gozar de los placeres y de todas las comodidades de la vida, a costa del Bien Universal; en una palabra, ser los únicos depositarios de la felicidad, olvidando enteramente la de la República.

 Eugenio Espejo.

Reflexiones acerca de un método para preservar a los pueblos de viruelas. 1785.

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