Por  Jairo Abelardo Terán

Hace un año, el 20 de abril, un sábado de gloria, falleció en  Quito el apreciado amigo y poeta RAFAEL ARIAS MICHELENA. Fue un gran maestro. Tuvo una severa preparación académica en la PUCE de la Capital y en Bogotá estudio Filología en el Centro Andrés Bello del Instituto Caro y Cuervo. Fue profesor de español en el Instituto de Lengua y Lingüística de Georgetow University. Con muchos méritos llegó a ser Director de la Facultad de Ciencias de la Educación en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. Fue miembro del grupo “Caminos” y  por su obra literaria su nombre brilla en la importante Antología  de la Literatura Ecuatoriana escrita por Hernán Rodríguez Castelo. Entre los poemarios de su autoría están: “Occidentalmente tristes”, 1969; “Columpios de la noche”, 1973; “Es difícil volver al paraíso”, 1982; “El otro yo de nosotros”, 1987; y su obra póstuma: “De la tierra, la sangre y los olvidos”, 2003. Todas la obras publicadas por la Casa de la Cultura Ecuatoriana. Lamentablemente una severa afección de su salud hizo que su pluma callara para siempre, cuando los estamentos culturales mucho esperaban de su gran talento y creatividad.

En este Primer Aniversario de su sensible partida, a nombre del Centro Cultural “Antonio Ante”, me permito renovar nuestros sentimientos de dolor por tan irreparable pérdida a todos sus familiares,  principalmente a sus hijos: Tatiana, Deyanira, Rodolfo y Renata Arias Recalde. La Patria y particularmente, su tierra natal,  Atuntaqui , perdíó a uno de sus preclaros hijos.

Con sus propios versos de corte contemporáneo tenemos que decirle adiós al vate. Versos que caen muy bien para los momentos que estamos sufriendo:

“Cómo se te ocurre morirte/ahora/cuando tenemos la obligación de vivir/con esta vida que huele a raíces/cómo se desborda la vida alrededor de tus/huesos/en la esquina más transitada de la vida/ no ves como estorba tu cadáver?/.  No obstante aún respiras hondo dentro de nosotros/en nuestro corazón”.

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