Engels, el revolucionario infatigable II

Por Edgar Isch L.

Marx y Engels, que se conocieron en Paris en 1842 (Marx con 24 años de edad y Engels con 22), tempranamente ganaban importancia por sus escritos filosóficos, políticos y económicos.  Para 1845, se encuentran juntos en Bruselas, donde fundan el Comité Comunista de Correspondencia que buscaba la unión internacionalista y la formación de comités en distintos países.

Poco más tarde, establecen sus primeros contactos con la Liga de los Justos, organización internacionalista de carácter clandestino que cambiará su nombre a Liga de los Comunistas. Allí intervienen también en la conformación de la Asociación Obrera Alemana, compuesta por trabajadores migrantes de ese y otros países, que los miércoles estudia los intereses del proletariado y los domingos la situación política. Como en la mayor parte de organizaciones, fueron regulares también las reuniones dedicadas al canto, baile, declamación, con lo que se impulsaba la cultura obrera.

Las organizaciones existentes tenían la vigorosa participación de los camaradas Marx y Engels, que serían llamados a puestos claves de dirección. A la divisa de “todos los hombres son iguales”, se irían añadiendo posiciones teóricas y prácticas. Se resalta la lucha contra posiciones de “mescolanza” de socialismo con la democracia burguesa, y contra el socialismo utópico pequeño-burgués. Engels viaja a París y mantiene contacto con Bruselas, reforzando las posiciones comunistas en este debate fundamental. En ese ambiente, se realiza el congreso fundacional de la Liga de los Comunistas en julio de 1847, “nombre que dice en verdad qué somos” y al que Engels asiste por el comité de París. Allí se adopta la consigna: “Proletarios de todos los países uníos”.

En medio de anuncios de una etapa de revoluciones y cambios en Europa, Engels, con aportes posibles de otros miembros del Congreso, prepara un folleto divulgativo titulado “Principios del comunismo”, que sería uno de los materiales de trabajo previo al genial “Manifiesto del Partido Comunista”, documento solicitado para el II Congreso de la Liga (noviembre de 1847), dedicado a establecer los estatutos y principios definitivos de la organización. El Manifiesto será impreso a inicios de febrero de 1848, convirtiéndose rápidamente en una obra de interés popular. Solo años más tarde, se publica con los nombres de Marx y Engels como autores bajo solicitud de la Liga.

Así van estableciendo las bases del socialismo científico y de la necesidad del partido específico del proletariado, “un partido de clase consciente de sí mismo” (Engels a Gerson Trier, 1889). Ese partido tendrá lugar importante en las revoluciones de Francia y Alemania de 1848, que dejan grandes lecciones históricas. Marx y Engels se plantean la necesidad de publicar un diario del partido, a la vez como una vía de dirección política y teórica, tarea que la asume Engels de manera central. El 1 de junio, con recursos muy inferiores a los planificados, inició la publicación del Neue Rheinische Zeitung, primer diario obrero del cual lograron publicar 301 números, con Marx como director en la mayor parte de ejemplares y con fuertes combates por su línea editorial.

La persecución, incluyendo el intento de arresto, obligaron a Engels y varios de sus compañeros a salir de Prusia. Pero su accionar no se detendrá. Son años, además, en los que se prepara las condiciones hacia la Primera Internacional, unificando distintas corrientes con las que se mantenía el debate permanente. “Para la victoria definitiva de los principios enunciados en el Manifiesto, Marx se apega al desarrollo intelectual de la clase obrera, que debía resultar de la acción unida y de la discusión” (Engels en su Prefacio de 1890 a la edición alemana del Manifiesto). Nunca aceptaron que la supuesta falta de educación de los obreros les impidiera cumplir su rol dirigente.

La Primera Internacional nace con el nombre de Asociación Internacional de los Trabajadores el 24 de septiembre de 1864. Marx y Engels fueron parte de su comité de dirección. La creciente disputa con las posiciones anarquista y la derrota de la Comuna de París crearon las condiciones para la muerte de la AIT. El marxismo, por el contrario, fortaleció su comprensión de la historia y de la realidad, sacando lecciones sobre la obligación de destruir la maquinaria del Estado burgués y reemplazarlo con la dictadura del proletariado. Las respetuosas y continuas cartas con marxistas y obreros de los más diversos países fue un proceso de mutuo aprendizaje. En carta a Eduard Berstein de octubre de 1881, señala al debate como una obligación: «[…] cada intento de influir a la gente contra su voluntad sólo sería en perjuicio nuestro, destruiría la vieja confianza de los tiempos de la Internacional».

El 14 de julio de 1889, con 407 delegados de 22 países, se realiza un nuevo congreso internacional en París. Engels sale entusiasmado y destaca más tarde que, aunque no hay una declaración formal, nace allí la II Internacional.

Su papel dirigente es indiscutible y la independencia de clase será uno de los aspectos que más firmemente defendería. Por ello, ocupa mucho trabajo en la victoria de los marxistas sobre otras concepciones al interior del Partido en Alemania, promueve la formación del Partido en Inglaterra, apoya a los grupos obreros en Francia, Bélgica y otros países, escribe sobre Rusia e insiste en la importancia de un partido obrero en Estados Unidos. Resalta además que la burguesía no dejará pacíficamente su poder y que los hechos demostraron que la violencia revolucionaria debía ser preparada. Sus escritos sobre la cuestión militar se convierten por ello en una necesidad.

Mientras más países y organizaciones se encontraban representados, mayor era el trabajo del maestro del proletariado internacional. Así será hasta su muerte en 1895.