Por Juan Bajaña Granja

“La delincuencia sigue imparable”, es una expresión que sique siendo casi permanente; desde luego que esta afirmación se sustenta, de forma cierta, en los diferentes actos delictivos que se cometen a diario en todo el Ecuador, pero con particularidades en ciertas provincias como Guayas, Manabí, Los Ríos, Pichincha entre las principales.

Y es que suena hasta anecdótico el saber que a pocas horas y hasta minutos de la expedición de decretos de excepción, las noticias sobre robos, asesinatos, extorsiones se suceden de prisa en los diferentes medios de información.

Un análisis serio, nos dice que  si se sigue manteniendo una política que no apunta a resolver los problemas estructurales de la sociedad, ni a presentar alternativas efectivas a los problemas delincuenciales.

Ya se ha afirmado que la existencia de un Estado violento por naturaleza, no puede generar otro efecto que el desarrollo de la violencia; es justamente que, con el uso de la violencia se somete a la gente trabajadora a los intereses de los grupos oligárquicos; es de forma violenta que se vulnera derechos y se despoja hasta de las posibilidades elementales de sobrevivir de forma honrada.

No puede entenderse el crecimiento de la delincuencia al margen del desempleo, la pobreza, la falta de educación, pero también de la difusión de una serie de programas televisivos que exalta la violencia, que incentivan una serie de anti valores; así como la ausencia de políticas dirigidas a recuperar a los seres humanos de las taras y dificultades que provienen del mismo sistema capitalista.

Hasta ahora la solución propuesta por el gobierno de Lasso, es cambio de nombres en las instituciones, ofertas de nuevas leyes y la entrega de recursos. Hace un mea culpa que evidencia que el control carcelario no está en manos del Estado al que le corresponde garantizar la seguridad de la persona privadas de la libertad.

Los comentarios en relación a los beneficios que recibirán los correístas, en especial los encarcelados y enjuiciados por actos de corrupción, evidencian una vez más que los delincuentes de cuello blanco tienen la protección del Estado y en particular de los gobiernos de las oligarquías. Mientras siguen miles de seres humanos injusta e ilegalmente detenidos en las cárceles del Ecuador, al tiempo que luchadores populares son agredidos, enjuiciados y están hasta en prisión. Es indignante conocer del asesinato de gente valiosa como el defensor del agua Víctor Guayllas.

Repugna ser testigo del apersonamiento de gente como Pablo Arosemena, gobernador del Guayas, para demandar la prisión de campesinos y profesores, al tiempo que una lenta justicia se vuelve rápida para dejar en libertad a la familia Bucaram.

De forma correcta distintas organizaciones han rechazado los horrendos actos criminales que se cometen dentro y fuera de las cárceles; lo que es más han denunciado una serie de irregularidades que involucra a pájaros de alto vuelo en acontecimientos delictivos.

Resolver los problemas de la delincuencia es plenamente factible con políticas que ataquen los problemas de fondo, claro eso significa afectar intereses de grupos que se enriquecen mediante actos ilícitos. A corto plazo se debe poner en libertad gente que cometió delitos menores o que hasta ahora no ha sido sentenciada; es necesaria la entrega de recursos suficientes para dar condiciones dignas de vida en los centros carcelarios, en los que se deben implementar verdaderos programas de rehabilitación.

Indiscutiblemente que combatir el desempleo es una medida de suma importancia, lo que al parecer poco interesa al gobierno que ya pone en lista nuevos y masivos despidos al igual que los empresarios. Y que decir con planes y programas de estudios en los que las oligarquías ya se pronunciaron por la eliminación de materias que permiten la formación integral del niño y el joven.

La historia ya demostró que en la sociedad dirigida por los trabajadores, la delincuencia no sólo que fue combatida, sino eliminada, claro que ello fue posible por la existencia de un Estado que lejos de marginar y ser represivo, aseguró condiciones de vida, en lo material y espiritual, de grandes beneficios para los trabajadores y los pueblos en general. Esa sociedad tiene nombre EL SOCIALISMO, nombre que aterra justamente a los principales responsables y beneficiarios de las graves condiciones a la que se somete a los pueblos.

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