Por: Sandra Peñaherrera

A las puertas de un nuevo 8 de marzo

El Parlamento Plurinacional y Popular de Mujeres y Organizaciones Feministas del Ecuador han anunciado la Marcha Popular de Mujeres a propósito de la conmemoración del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer Trabajadora, la movilización se desarrollará en medio de una sociedad de clases en dónde además de las inequidades económicas y sociales se ponen de manifiesto inequidades étnicas y de género; la mujer ha sido degradada y convertida en servidora; es decir, en un simple instrumento de reproducción, más no de producción, desde esta óptica, la mujer es relegada a los quehaceres domésticos, a atender las actividades de la casa y de los cuidados, actividades consideradas como no productivas y que por lo tanto no deben ser remuneradas; ésta situación origina dependencia, desvaloriza el trabajo doméstico como motor de desarrollo de la fuerza de trabajo y en especial invisibiliza el aporte sustancial de la mujer en la sociedad.

Según la lógica de diversos “modelos económicos de desarrollo” las mujeres son excluidas como participantes activas del desarrollo, esto se debe a concepciones de explotación, e incluso discriminatorias sobre sus capacidades conceptuadas desde el punto de vista de los roles y estereotipos de género en donde se ponen de manifiesto las actividades que tanto mujeres como hombres deben cumplir en una sociedad y que en la mayoría de los casos son asignadas en función del sexo para los propósitos del capitalismo.

Por otro lado, se debe mencionar que la inserción de las mujeres al ámbito laboral se encuentra relacionada en la integración del mercado de trabajo, en la ampliación de empleos públicos con algunas restricciones ya que estos son básicamente en la industrial textil, de confecciones, de alimentos, de educación, de salud y de servicios sociales.  La participación de las mujeres al ámbito laboral trae consigo ciertas desigualdades; por ejemplo, brechas salariales entre hombres y mujeres, dificultad de acceso a trabajos remunerados, inestabilidad laboral, limites en la participación ejecutiva y dirigencial, jornadas laborales intensas que complican el estado de salud de las mujeres por cuanto el hecho de participar en la producción no exime de su “responsabilidad doméstica”, lo que le que conlleva a una doble y hasta tripe carga laboral entre el trabajo remunerado y el no remunerado sin disponer de tiempo para su recreación.

Pensaría que uno de los escenarios más complicados que las mujeres deben enfrentar; es lo que se conoce como el derecho natural de las mujeres en la maternidad o reproducción de los seres humanos que han convertido a las mujeres en víctimas de todo tipo de maltrato; a través, de condiciones absolutamente reprochables como la suscripción de compromisos de no concepción durante el contrato laboral, despidos o renuncias forzadas frente al incumplimiento efectivo de derechos constitucionales como permisos para atención médica por embarazo, permisos de maternidad de parto y posparto, horas de lactancia, permisos para atención médica de hijos; entre otros, este contexto genera un inadecuado ambiente laboral y agudiza la precarización laboral femenina.

De acuerdo con los indicadores del INEC, al cierre del año 2019 la tasa de participación de las mujeres en el mercado laboral es del 47% frente al 70% de los hombres. No obstante, el desempleo de las mujeres sigue siendo más alto que el de los hombres, ubicándose en 6% de mujeres frente a 4.3% de  hombres desempleados, de las plazas de empleo en el Ecuador el 60.3% fueron para hombres y el 39.7% para mujeres, de la cantidad de dólares corrientes para pagos de sueldos y salarios el 60% es asignado a hombres y el 40% a mujeres.  Las actividades laborales que emplean más mujeres son: servicios sociales y de salud del 88%, en hoteles y restaurantes es de 65%, enseñanza el 61%, el 46% de mujeres del área urbana se encuentran ubicadas en el sector informal, actividades en servicio doméstico el 94%, las mujeres dedican en promedio 31:49 horas semanales al trabajo doméstico frente a las 09:09 que los hombres dedican a la misma actividad.

De acuerdo a estos indicadores la situación de las mujeres en el ámbito laboral va en continuo decrecimiento; es menester entonces, plantear algunas alternativas que permita posicionar la plena validez y reconocimiento al trabajo doméstico como factor sustancial de desarrollo de la producción, de la fuerza de trabajo y de la vida, debería existir incentivos por parte del Estado que articule el trabajo remunerado con el no remunerado; así como también, sancionar la precarización laboral, no debe existir discriminaciones reflejadas en salarios desiguales, horarios inflexibles, incumplimiento de derechos constitucionales y demás.

Es urgente la transversalización del enfoque de género en la planificación de las políticas económicas y laborales que faciliten visibilizar los aportes reales brindados por las mujeres en la producción nacional, el acceso de las mujeres a las esferas económicas tanto públicas como privadas debe contar con  un respaldo que dinamice la creación de puestos de empleo y de dirección a ser ocupados por mujeres pero con pleno respeto a sus derechos laborales que garantice el derecho a la vida, el derecho al buen vivir verdadero y que elimine de raíz prácticas violentas psicológica, verbal, física, acoso sexual  o prácticas ilegítimas  como la implantación de contrato y renuncia a  la vez, de amedrentamiento, de pruebas de embarazo, de VIH, de incumplimiento de seguridad social que lesionan el pleno desenvolvimiento de las mujeres en el trabajo  y en su desarrollo.