Por Jaime Chuchuca Serrano

Emmanuel Macron (58%) venció a Marine Le Pen (41,8%) en las presidenciales de Francia con un giro estratégico.  Las fuerzas políticas de derecha y algunas de izquierda comprendieron que era difícil vencer a la ultraderecha de Le Pen sin alianzas, por eso incluso la izquierda de Jean-Luc Melenchon llamó a votar por Macron. Aunque la victoria de Macron parecería un mero continuismo, en la problemática internacional es un distanciamiento de un posible cambio geopolítico global de la tendencia de la guerra Rusia-Ucrania, si Le Pen triunfaba su posicionamiento a favor de Zelenski hubiera sido más directo que el actual gobierno. Europa lo que menos necesita en este y cualquier momento es un viraje hacia la ultraderecha.

Aunque parezca paradójico, Macron ganó, pero también la ultraderecha avanzó, Marie Le Pen alcanzó el porcentaje más alto de sus postulaciones. La diferencia de porcentaje entre Macron y Le Pen fue de 16%, frente al 30% alcanzado en 2017. En todo caso, el fascismo continúa siendo un peligro para la democracia francesa que se ufana de ser la creadora de la democracia liberal. En definitiva, las fuerzas sociales de Europa mantendrán probablemente la actual ruta de la guerra.

Macron es el tercer presidente que se reelige en la historia política de Francia, se suma a François Mitterrand y Jacques Chirac, el primero socialdemócrata y el segundo de derecha. Chirac le ganó al padre de Marine Le Pen, Jean-Marie Le Pen. La ultraderecha fascista viene amenazando por dos décadas a Francia. El elevado abstencionismo (28%) y 3 millones de blancos y nulos, no jugaron el papel que muchos alertaban a favor de Le Pen.

Macron se convierte en el primer presidente europeo en reelegirse en el contexto de la pandemia, contradiciendo la tesis del desgaste político generalizado de esta época. El presidente reelecto se comprometió a bloquear a la extrema derecha en los próximos 5 años; aunque los Chalecos Amarillos no olvidan la política autoritaria del propio Macron y decenas de activistas que perdieron ojos y manos en las protestas. Macron se convirtió en un mal necesario, como dirían las fuerzas de Melenchon.