Por Manuel Salazar* Rep. Dominicana

Una invasión no soluciona la crisis, tampoco lo hizo antes. Las bandas armadas y lo que hay de poder político constituyen un mismo grupo, es la continuidad del gobierno de Jovenel Moise.

El Primer ministro de facto y el régimen ilegítimo se mantienen en el poder por el respaldo de EEUU.

El drama actual en Haití es nuevo episodio de una larga crisis abierta tras el derrocamiento del gobierno de Jean Bertrand Aristy, golpe de estado promovido por EEUU y apoyado por el gobierno de entonces y la oligarquía dominicanos.

Los intereses de las potencias con la aventura de una intervención, jamás coincidirá con los intereses del pueblo y nación haitiana, ni con los intereses de los pueblos y naciones del Caribe.

Es importante recordar que, en el momento en que se produce el asesinato del presidente Moise, el movimiento democrático y popular en Haití protagonizada un amplio proceso de movilización cada vez más sistemático con claros objetivos políticos por una salida institucional y democrática, que acorralaba al gobierno ilegítimo y sus planes continuistas.

No es fortuito que el esclarecimiento del asesinato del presidente se encuentre en un limbo, ese hecho junto al predominio de las bandas armadas y las elecciones fraudulentas desde la elección de Martelly y su reedición con la imposición de Jovenel Moise, son todos ellos escenas de un mismo teatro cuyo control ha estado en manos de las potencias, especialmente del imperialismo norteamericano, siendo ese uno de los principales escollos para una solución nacional a la crisis.

La solución a la crisis tiene dos requisitos indispensables para inducir un ambiente apropiado que al interior de Haití apunte hacia una transición sin exclusiones de los sectores representativos de la sociedad haitiana: 1º que cese el respaldo de factores internacionales al régimen ilegítimo; 2º los sectores que desean ser solidarios con Haití, deben reconocer que paralelo al régimen ilegítimo, amplios sectores organizados representativos de la sociedad tienen propuestas que postula un proceso de transición democrática, y por tanto constituyen interlocutores válidos a ser escuchados si se privilegia una salida nacional desde Haití y con Haití frente a la crisis prevaleciente.

Si las instituciones fueron colapsadas cualquier solución sostenible y democrática pasa por un acuerdo político concertado.

La solución está dentro de Haití y para ello las potencias, gobiernos en la región y especialmente EEUU deben cortar el oxígeno que mantiene a un régimen de facto articulado por demás a la delincuencia del más diverso espectro.

El gobierno dominicano debería rechazar cualquier intervención militar en Haití, y de igual forma tampoco prestar el territorio nacional para tal aventura.

Con las recientes medidas y declaraciones del gobierno dominicano, reedita el expediente de un falso nacionalismo con medidas de política migratoria que afecta a jóvenes estudiantes inmigrantes, pero cuyo eje central garantiza la sobreexplotación de la mano de obra migrante por parte del gran empresariado en los sectores construcción y agropecuario.

*Manuel Salazar, secretario general PCT

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