Por: Rodrigo Cevallos

“El primer paso para solucionar las crisis económicas y finacieras es abolir el Premio Nobel de Economía”

Nassim Nicholas Taleb

 “Los pobres diablos a quienes esa ramera caprichosa que se llama fortuna, saca de la nada y pone arriba, sin comunicarles talento ni virtud, de las mejores ocasiones no se sirven sino en daño propio”

                                                                      Juan Montalvo Fiallos

La economía y el premio Nobel                                 

La controversia sobre la Economía como ciencia va en aumento, más aún, cuando desde el año 2013 la Real Academia Sueca, concedió el supuesto “Premio Nobel en Economía”, a la trilogía de economistas norteamericanos: Eugene F. Fama*, Lars Peter Hansen** y Robert J. Shiller***, por sus análisis empíricos sobre:-“los precios de los activos financieros y el funcionamiento de dichos mercados con la respuesta de los inversionistas racionales a la incertidumbre, la psicología y su impacto sobre los precios de los productos financieros”-; trabajos en los que dichos autores argumentan que: “la economía, está determinada, no solo por motivos puramente racionales, sino que también intervienen motivaciones no económicas e irracionales”; que: “hay que entender las finanzas, no solo como la manipulación del dinero o la gestión de riesgo, sino como la administración de los activos de la sociedad”; que: “la democratización de las finanzas, significa, incorporar a las instituciones financieras a más personas que estén involucradas en las decisiones financieras, con ayuda de asesores, con información adecuada que ayude a los ciudadanos a gestionar los riesgos y aprovechar mejor las oportunidades”. Como podemos deducir, estos conceptos corresponden (los mismos autores lo definen): a las finanzas, los negocios, la administración, la crematística que no corresponden a la economía como ciencia; y/o, a disciplinas como la Psicología, antes que a la Economía, por lo que,  la concesión del supuesto “Premio Nobel” a estos economistas; y, a otros que han elaborado temas similares y relacionados con estas elucubraciones, han provocado reacciones adversas hasta de la propia familia de Alfred Nobel y, en circulos académicos afines con la economía.

Robert J. Shiller, uno de los galardonados con dicho premio, ante las críticas demoledoras sobre la concesión de dicho premio, las mismas que se centraban en cuestionar a la economía como ciencia, el carácter superficial de las propuestas ganadoras y el sesgo ideológico de las mimas, se apresuró a escribir un artículo titulado: ¿Es la economía una ciencia? , en el que, con una superfiacildad asombrosa y con un desconocimiento total sobre lo que realmente es la ciencia, trata desesperadamente de explicar, sin lograrlo, que: “la economía es una ciencia”, expresa: “el problema es que una vez que nos centramos en la política económica, entra en juego mucho de lo que no es ciencia”, dice Shiller, tratando de justificar el carácter de ciencia de la economía y, culpando a la política el carácter no científico de la misma; luego, pasa a definir lo que para él consiste la “ciencia”; para nosotros, dichas apreciaciones, tienen un  carácter insignificante e insustancial, describe: “Los campos de acción que usan <ciencia>…tienden a ser aquellos que logran que las masas se involucren emocionalmente y en los cuales los lúnaticos suelen tener cierta influencia sobre la opinión pública. Estos campos, dice el autor, iconcluyen la <ciencia> en sus nombres para distinguirlos de sus primos de dudosa reputación”. Continúa: “¿Por qué se lo llama entonces premio de <ciencias económicas> y no de <economía>? Los otros premios no se entregan a las <ciencias químicas> y a las <ciencias físicas>”. En efecto, su denominación es Premio Nobel de Química o de Física simplemete, no necesitan el agregado de ciencia para saber que las son, por lo que, la denominación de  “Ciencias Económicas”, está por demás y pretende ocultar su verdadero contenido.

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 Shiller, sostiene que en el pasado una serie de disciplinas como: “la política,   la astronomía, la hipnótica anteponían el nombre de ciencia para marcar diferencias con los propósitos partidistas de la política, los mitos antiguos de la astronomía, el hipnotismo la brujería y el fundamentalismo religioso, incluso la química, utilizó la expresión ciencia para distinguirse de la alquimia hasta que paulatinamente se fue extinguiendo la denominación de ciencia que distinguían a sus nombres”. Concluye su alegato, refugiándose en la utilidad de las matemáticas para fortalecer su carácter de “ciencia”; pero, a pesar de enunciar el criterio de algunos críticos de las “ciencias económicas” que, se refieren a la economía como una <seudociencia>, “para lo cual, dice Shiller…se usa la ceremonia de la ciencia, como una profusión de matemática, pero solo a manera de espectáculo… (y que) <se puede disfrazar el charlatanerismo bajo el peso de las ecuaciones y nadie se dará cuenta, ya que no existe tal cosa como un experimento controlado”; a pesar de que, este autor, reconoce la  vulnerabilidad de la economía en cuanto a la validez de sus modelos que, nunca seran claros por las necesides de aproximaciones y, por que, dichos modelos describen personas que pueden cambiar de ideas y comportarse en forma completamente distinta, tienen neurosis, problemas de identidad, fenómenos complejos que no son suceptibles de medir y cuantificarlos, pero que, sostiene el autor, en ciertas ramas de la economía (la economía conductual, por ejemplo), <en contra de la ciencia>, se consideran relevantes para entender los resultados económicos.

Shiller termina consolándose cuando sugiere que: “no toda matemática es charlatanería, que tiene un lado cuantativo importante” y, que: “El desafio ha sido combinar su perspicacia matemática con el tipo de ajustes necesarios para que sus medelos se adecuen al irredutible elemento humano de la economía”; es decir, la matemática y los modelos economicos no son malos, los que lo estropean son los humanos. Remata su declaración haciendo un llamado para que continúen en más de lo mismo, es decir, en la anticiencia (la ignorancia, el desconocimiento de la verdad), expresa: “A medida que la economía se desarrolle, ampliará su repertorio de métodos y fuentes de evidencia, aumentará la solidez de su ciencia y los charlatanes seran desenmascarados”; no se da cuenta que las críticas y cuestionamientos al “Premio Nobel de economía”, son un desenmascaramiento a los charlatanes y farsantes, a los teóricos que con sus métodos pretenden darle una connotación científica a lo que ellos llaman economía, entre los que se encuentra él. Ver:https://www.project-syndicate.org.

*Eugene F. Fama, es famoso por sus trabajos empíricos sobre la valoración de activos financieros y la composición del portafolio. Obtuvo su Ph.D en economía y finanzas en Booth School of Business (University of Chicago) en la que ha desarrollado su carrera docente. Fama ha sido citado también como el “padre” de la hipótesis de la eficiencia de los mercados.

**Lars Peter Hansen, se ha destacado por sus análisis empíricos de los precios de los activos como acciones, bonos soberanos y bienes inmobiliarios. Es Doctor en Economía por la Universidad de Minnesota. Profesor de por Economía en la Universidad de Chicago.

***Robert James Miller, es apreciado por sus aportes a las finazas conductuales o del comportamiento en temas como la volatilidad de los mercados financieros, el riesgo compartido, las burbujas y las crisis económico-financieras. Graduado en la Universidad de Michigan, obtuvo Ph.D en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Profesor de la Universidad de Yale